Destacado

Museo Municipal de Bellas Artes “Profesor Jorge A. Mendoza”: su historia.

En San Salvador de Jujuy, el Museo Municipal de Bellas Artes lleva el nombre de mi padre. Detrás de esa decisión hubo una historia que merece ser contada.

Las fotos y cuadros que verás aquí son preciosos, si decidís usarlas por favor mencioná sus autores. Si no figura un claro autor mencioná al Taller de Niños pintores de Chucalezna (Jujuy, 1959) o a este blog. GRACIAS.

Los Niños Pintores de Chucalezna

Taller en plena acción Lorenzo Kelly 1959

Taller de Niños Pintores de Chucalezna, año 1959 (Foto: Lorenzo Kelly).

En 1959, Chucalezna era apenas un paraje con pocas casas de adobe diseminadas entre montañas de vibrantes colores, en la Quebrada de Humahuaca. Allí funcionaba la Escuela Nacional 112, cuya directora y maestra era  Nicolasa Nelson de Mendoza, mi abuela. A través de los años, Doña Nicolasa fue notando que sus alumnos, todos de familias muy humildes, tenían un don para la pintura, mediante el cual expresaban sus vivencias. Y compartió esta observación con su hijo, Jorge Mendoza quien, en ese entonces, trabajaba como profesor de artes plásticas en San Salvador de Jujuy. Así mi padre se entusiasmó con una idea que puso enseguida en práctica con su amigo y colega Claudio Samos: desarrollar un taller libre que les brindara a los niños del lugar la posibilidad de pintar.

Dado que los alumnos de la escuela además debían ayudar en las tareas del hogar, cuidar de sus hermanos pequeños o participar activamente en el trabajo familiar, el taller comenzó a funcionar solo los viernes después de clases y los sábados. Era entonces, cuando Jorge y Claudio se acercaban desde San Salvador y San Pedro para orientarlos en los primeros fundamentos de la pintura. Pero, principalmente, eran quienes les proveían los materiales para pintar que, por mucho tiempo, compraron ellos mismos. Más adelante, cuando en 1963 Samos se trasladó a la provincia de La Rioja por temas de salud, mi padre quedó él solo a cargo del Taller.

Taller en los '70 chucaleznawordpress

El taller de Chucalezna a principio de los ’70 (Foto: Jorge A. Mendoza).

Recién en 1970 y tras interminables trámites, el Taller fue oficializado por las autoridades educativas y mi padre, nombrado como su Director y profesor de pintura. Lo acompañaron don Takashi Takahashi (高橋さん) como profesor de Cerámica y el joven ex-alumno Germán Machaca, como ordenanza. La inesperada muerte de mi padre en 1973 no impidió, sin embargo, que el Taller siguiera funcionando, aunque ahora bajo la dirección del profesor Takahashi. Con el tiempo, la afluencia de alumnos se fue reduciendo y en 1985 el Taller de los Niños Pintores de Chucalezna fue cerrado y su personal derivado a escuelas de Humahuaca y Uquía.

.

Las pinturas de Chucalezna

En 1986, mi abuela –ya jubilada– se radicó en San Salvador de Jujuy. Al poco tiempo, supo que el municipio crearía un Museo de Bellas Artes. ¿Qué mejor lugar, entonces, para donar la veintena de obras de los Niños Pintores de Chucalezna que había resguardado durante años? Pero tenía una condición: que la sala en la que fueran expuestas llevara el nombre de su hijo, mi padre, Jorge A. Mendoza.

Así fue que el 4 de junio de 1986, mediante el Decreto Nº 686, la intendencia encabezada por David Jorge Casas aceptó la donación. Y como los trabajos necesitaban cierta restauración (algunos habían estado guardados por más de diez años), esta labor quedó a cargo del reconocido artista Raúl Chirimonti.
La entrega de las obras de los Niños Pintores de Chucalezna se efectivizó el 18 de agosto de 1986, en un acto que tuvo lugar en el Salón de la Unión de Empresarios de Jujuy. Y, sorprendentemente, fue allí cuando el Intendente Casas anunció que el Museo Municipal de Bellas Artes de San Salvador de Jujuy, llevaría el nombre de Jorge A. Mendoza, al considerar esta decisión como “un justo reconocimiento y homenaje póstumo que el profesor Mendoza merece de las autoridades y pueblo de Jujuy”.

Donacion1 chucalezna-wordpress-com

Donación de las obras de los Niños Pintores de Chucalezna. En el centro el Intendente David Casas. A su izquierda: Nicolasa Nelson, la Prof. Delia Gómez Rubio, gran amiga de mi padre y Rolando Mendoza, hermano de Jorge (1986,  colección Verónica Mendoza).

Las obras donadas al Museo fueron veinte, todas realizadas en témpera o tinta témpera. Infortunadamente, el nombre de varios de los autores no pudo ser datado debido a que esa información se fue perdiendo en el tiempo.Mi escuela - Andrea Garnica chucalezna-wordpress-com

1- Cerros norteños (60 x 45 cm), de Lidia Ríos (11 años).
2- Cochinoca (108 x 79 cm)
3- Paisaje (105 x 69 cm)
4- Paisaje (110 x 70 cm)
5- Montañas (109 x 74 cm), de Zoilo Gaspar.
6- Paisaje (99 x 63 cm)
7- Cochinoca, Abra Pampa (105 x 69 cm), de Cástulo Vilte.Cochinoca Cástulo Vilte chucalezna-wordpress-com
8- Rumi Cruz, Abra Pampa (103 x 67 cm)
9- Noche de luna (110 x 73 cm), de Miguel Martínez.
10- Mi escuela (96 x 71 cm), de Andrea Garnica (13 años).
11- Coquena (157 x 93 cm)
12- Yacoraite (100 x 64 cm)
13- Punta Corral (98 x 63 cm)
14- Burritos salineros (158 x 97 cm)
15- Ruta 9 (138 x 96 cm), de Roberto Martínez (14 años).
16- La víbora (110 x 74 cm), de María Chorolque (15 años).
17- Paisaje (101 x 65 cm)La víbora María Chorolque chucalezna-wordpress-com
18- Paisaje (105 x 68 cm)
19- Paisaje (105 x 69 cm)
20- La quinta de Don Aparicio (105 x 78 cm)

.

img006 chucalezna-wordpress-comSegún lo detallado en el acta de donación y aceptación de cargo, estas obras “constituyen un conjunto unificado que por ningún motivo podrá dejar de exponerse en el Museo Municipal de Bellas Artes (…) Profesor Jorge A. Mendoza, ni cederse parcialmente o totalmente a otra entidad u organismo oficial o particular, constituyendo esta condición un cargo de la donación que deberán cumplir los funcionarios que en adelante se desempeñen en los cargos de Intendente Municipal y Secretario de Noche de luna chucalezna-wordpress-comCultura o el funcionario que reemplace en competencia dicho cargo.” Además, quedó explicitado que si se incumpliera con los requisitos planteados en esta donación, “la misma quedará automáticamente revocada, es decir de pleno derecho, sin necesidad de interpelación judicial o extrajudicial alguna, pudiendo retirar la colección del lugar que se encuentre, en forma total o parcial, hasta recuperar la totalidad de los cuadros que integran dicha colección.” Asimismo, los funcionarios firmantes se comprometieron a “velar Ruta 9 Roberto Martinez chucalezna-wordpress-compor su conservación, mantenimiento y exposición permanente en el Museo Municipal de Bellas Artes (…), cualquiera sea el lugar donde éste funcione en el futuro”. Dicho acta se firmó ante escribano público unos momentos previos al acto de inauguración del Museo. El Intendente Municipal de San Salvador de Jujuy, David J. Casas y el Secretario de Cultura, Jorge D. Calvetti, firmaron en representación de la Municipalidad.

Los destinos del museo

Inauguracion 3 chucalezna-wordpress-com

Mi abuela Nicolasa, mi madre y yo durante la inauguración del Museo. En el fondo el trabajo “Burritos salineros”, que pertenece a la colección de obras donadas (1987)

La inauguración oficial del Museo tuvo lugar casi un año después, el 25 de julio de 1987, en el edificio de calle Güemes 956. Allí estuve junto a mi abuela Nicolasa y mi madre, Ofelia Bertolotto. Como adolescente que recién había cumplido quince años, me recuerdo muy emocionada, aunque algo abstraída de lo que significaba el acto en sí. Creo que lo más importante para mí, fue sentir el reconocimiento hacia mi padre por parte de la comunidad. No sólo como una figura pública, por lo que él brindó sino, sobre todo, por escucharlos referirse a él como “una gran persona”, halagando su personalidad, sus valores. Más allá de que todos los que lo habían conocido, no dejaron de reconocer nuestro parecido físico.

Un lugar para esta historia

Puesto que siempre se alojó en propiedades alquiladas por la Municipalidad, el Museo fue cambiando de sede con los sucesivos cambios de gestión. Inclusive, por un período durante la década del 2000 el Museo no contó con un espacio físico para funcionar, por lo que las obras permanecieron expuestas (aunque no todas) en un salón de actos del propio edificio de la Municipalidad de Jujuy.
Desde 2003, el Museo Municipal de Bellas Artes “Profesor Jorge A. Mendoza forma parte del Centro Cultural “Dr. Manuel Belgrano”, en la “Vieja Estación” del Ferrocarril Belgrano y las obras de los Niños Pintores de Chucalezna se exponen en sus salas.

El museo está ubicado en Av. Urquiza 410, San Salvador de Jujuy y su teléfono es: (+54) 388- 4020149.

***© veromendo

Jorge Mendoza e hija, en el entorno de obras de arte de los Niños Pintores de Chucalezna, en el Museo actual (2012, Alberto Ronzoni).

370081_620

Fachada de la “Vieja Estación”, donde funciona el Museo “Jorge A. Mendoza (2014, El Tribuno de Jujuy).

Fotos y agradecimientos

Las fotos de los trabajos de los Niños Pintores de Chucalezna corresponden a “Mi escuela” (Andrea Garnica), “Cochinoca” (Cástulo Vilte), “La víbora” (María Chorolque), “Paisaje” y “Ruta 9” (Roberto Martínez), “Noche de luna” (Miguel Martínez) y fueron tomadas por Ofelia Bertolotto.

Foto de El Tribuno de Jujuy (15-02-2014): http://www.eltribuno.info/jujuy/374041-Museo-de-Bellas-Artes-Jorge-Mendoza-una-opcion-para-visitar.note.aspx

Agradezco muy especialmente a Alberto Ronzoni por sus correcciones y sugerencias hechas con tanta paciencia y cariño.

 Links relacionados:

 

 Por favor, en caso de tomar información de esta página, tenga a bien citar la fuente original, nombre de los niños autores de las obras y toda información relevante. Esta información se publica para hacer una difusión sincera, sin fines de lucro, del patrimonio cultural de Jujuy. Gracias.   V.M.

___

English abstract

Jorge Augusto Mendoza, my father, was an art, painting and sculpture professor who created and directed the novel Chucalezna’s painting workshop (known as Taller de Chucalezna) during the ’60. Chucalezna was a humble spot placed in the middle of the Quebrada de Humahuaca, surrounded by a unique landscape. Children all over the place attended his lessons, creating marvellous paintings and small sculptures which were considered pieces of art. Professor Mendoza prematurely died in 1973, while he was making efforts to expand his initiative in other cultural areas, with the aim of bringing together the local inhabitants and developing a source of income for the community as well. Taller de Chucalezna continued under the direction of japanese professor Takashi Takahashi, 高橋さん, who formerly contributed by teaching in the area of ceramic crafts.
In 1987, when Jujuy’s Museum of Art was created, Nicolasa Nelson, professor Mendoza’s mother, donated twenty of the paintings performed by the former students of the Taller de Chucalezna, under his direction.
The donation was made on condition that the paintings were kept together as a single collection and permanently exhibited. The museum was named “Jorge A. Mendoza”, as tribute to his contribution to the cultural development of Jujuy province.
Nowadays the “Jorge A. Mendoza” Art Museum is placed at the former FCGB railway station, taking part of the Centro Cultural Manuel Belgrano (410 Urquiza street) and it opens from 8 am to 1pm and from 3pm to 7pm daily, except weekends and public holidays (information updated to 2016-02). I regret to inform that the Museum did not show an indicative sign of its time schedule. You can ask for information at (+54) 388- 4020149.
Take your chance and visit the Museum and enjoy the most wonderful collection of naïve paintings made by children of Chucalezna (Quebrada de Humahuaca), and other distinctive local artists as well.

                                                                                                                                        (c) veromendo

_____

日本語で

フフイ の美術館の名前は「メンドサž•žžžホルヘ」。メンドサ·ホルヘは私の父でした。

1969年頃,前述した メンドーサ•ホルヘの母 親がフフイ 市の北約百キロ (標高 約3000 メートル) の所に位置する チュカレスサ という,ボリビア へ 通じる 国道 9 号線治いの小さな部落に小学校を造り,息子の ホルヘ はその 学校から国道を隔てた向かいに周辺の子供たちが民芸を学べる学校を造った。

日本語の Reference: アルビンチン日本人移民史。 第二巻 戦後編。Historia del Inmigrante Japonés en la Argentina. Tomo II – Período de Posguerra. Versión en japonés. Federación de Asociaciones Nikkei en la Argentina (F.A.N.A), Buenos Aires, 2006. 日本文化 日本語孝育,第二世代の成長。 第5章, 第1節  日本文化 普及。374-375ページ。Capítulo 5: Cultura japonesa, educación en japonés, crecimiento de la segunda generación. Sección 1: Difusión de la cultura japonesa, pag. 374-375.

Anuncios

Qhapac ñan: majestuosa calzada de los Incas.

El texto que aquí se comparte fue obtenido de la revista El Correo de la UNESCO. Publicación del mes de Junio. Año XII. 1959. Pags. 22-26.

Su autor, Jorge Carrera Andrade, nació en Quito (Ecuador). Se ha dedicado al estudio de las antiguas civilizaciones de América del Sur. Sobre los Incas y el Reino de Quito ha publicado “‘La Tierra Siempre Verde” (1955) y “El Camino del Sol” (1959). Desde 1954 dirigió la edición española de “El Correo de la Unesco” (y hasta el momento de la aquí citada edición).

Una de las paradojas más sorprendentes en la historia de las antiguas civilizaciones es el hecho de que un pueblo que no conocía aún el vehículo de ruedas construyó la mayor carretera del mundo. Ese pueblo era el de los Incas que había llegado a su apogeo en el siglo XV y que ocupaba un inmenso territorio de la América del Sur, desde el Angasmayo o Río Azul en Colombia, hasta el río Maule en Chile, y desde las costas del Océano Pacífico hasta las selvas amazónicas, las altas mesetas de Tiahuanaco y la región de Tucumán. O sea, que abarcaba casi enteramente los países que forman hoy las repúblicas del Ecuador y del Perú así como grandes regiones de Bolivia y Chile, y además el norte de la Argentina y el sur de Colombia.

Imágenes y subtítulos tomados de la misma publicación (Correo de la UNESCO, junio 1959).

El Imperio de los Incas, nacido como un pequeño reino hacia el año 1.000 en las orillas del Lago Titicaca, se había desarrollado en el curso de cinco siglos gracias a una organización social cuidadosamente reglamentada en que el Estado poseía todas las riquezas del suelo y del subsuelo y no existía la propiedad privada de la tierra. Después de la conquista del Reino de Quito, el Imperio de los Incas adoptó el nombre de Tahuantinsuyo, o sea «Imperio de las cuatro partes del mundo». Esas partes del mundo eran en realidad los cuatro puntos cardinales que correspondían a regiones perfectamente diferenciadas: la Cordillera, la Costa, las llanuras del sur y las tierras por donde pasa la línea equinoccial. Para mantener la unidad y la vida económica del Imperio, los Incas construyeron una red de caminos que constituía un desafío a la geografía y una obra asombrosa del ingenio y del esfuerzo humanos ya que se extendía a lo largo de 18.000 kilómetros, venciendo los obstáculos de una naturaleza más accidentada que en cualquier otra parte del planeta. La espina dorsal de esa red de comunicaciones era una gran calzada que atravesaba el territorio incaico en toda su extensión, de norte a sur, entre los dos ramales de la Cordillera de los Andes, trepando en algunos lugares hasta cerca de 5.000 metros de altura, por breñas y roquedales, o bajando por desfiladeros y precipicios a los valles profundos y recorriendo las tierras fértiles o los páramos desérticos. De esa calzada principal —la más larga del mundo— partían ramificaciones en diversos sentidos, en particular hacia el oeste para enlazarse con otra vía de gran longitud llamada «Camino de los Llanos» que corría paralelamente por los arenales y las selvas de la costa, desde Túmbez hasta el norte de Chile, en donde se juntaba con el camino de las alturas.

Sombra y agua para el viajero a todo  lo largo del  camino

La arteria primordial, conocida con el nombre de «Gran Calzada Real del Inca» medía más de 5.000 kilómetros, o sea una longitud mayor que la distancia de Gibraltar a Moscú. Estaba empedrada en su mayor parte y su trazado era en línea recta sin desviaciones ni rodeos. Atravesaba sólo las grandes ciudades como el Cuzco o Quito, mientras las otras se enlazaban con la gran calzada por medio de caminos secundarios. La anchura de la calzada era de ocho metros. A ambos lados se levantaban muros de piedra o de tierra apisonada, a la altura de un hombre, e hileras de ágaves americanos y de árboles para dar sombra a los viajeros. La legislación incaica era muy severa en lo referente a la conservación de los árboles y el corte de uno de estos se castigaba con la pena de muerte. A lo largo de la calzada, junto a los muros, corría una acequia de agua fresca donde podían abrevarse los hombres y los animales de carga.

En la Gran Calzada Real del Inca se habían construido, de trecho en trecho, a una distancia de veinte kilómetros uno de otro, ciertos edificios llamados Tambos para alojar a los viajeros, así como depósitos de granos y «aposentos reales» que contenían toda clase de suministros para el ejército, en especial ropas y calzado que consistía en sandalias de cuero. Tanto los cereales como los productos manufacturados se guardaban en grandes cántaros de barro. Los extranjeros eran recibidos con la mayor hospitalidad en edificios llamados Corpahuasis, donde se les servían gratuitamente los alimentos.

Cada dos o tres kilómetros, sobre la Gran Calzada, se levantaba la vivienda de unos funcionarios especiales del Imperio: los Chasquis o empleados de correo, veloces corredores a pie, que se transmitían de palabra los mensajes. En algunas regiones llevaban las noticias dibujadas en bastoncillos —como en el Azuay— o en porotos pin­tados, cuyas diversas combinaciones de colores poseían su propio significado. Este servicio de postas era tan eficaz que cubría en una veintena de días los cinco mil kilómetros de la Gran Calzada Real, o sea que empleaba un tiempo cuatro veces menor que el de los caballos puestos en uso por los españoles después de la conquista. En la mejor época del año, los chasquis recorrían los 2.000 kilómetros de distancia de Quito al Cuzco en cinco días, proeza que siguieron realizando clandestinamente en los tiempos de la colonia, en que los españoles, admirados de esta forma rápida de difundir las noticias, la dieron el nombre de «correo de brujas».

¿Quiénes fueron los constructores de este asombroso sistema de comunicaciones? La historia ha dado ya una respuesta categórica a esta pregunta : los emperadores Pachacútec, Túpac Yupanqui y Huayna Cápac con la mano de obra proporcionada por los pueblo reducidos a la obediencia. Pachacútec «el Reformador» tenía verdadera predilección por las obras de piedra, como se puede comprobar en la fortaleza de Sacsahuamán y en la Gran Calzada, para las que hizo traer inmensas piedras de varios lugares y particularmente del Reino de Quito con ayuda de los indios de este país y de los Chancas, que se rebelaron contra los Orejones o guardias imperiales y pusieron en peligro el trono del Inca. Las piedras para la Gran Calzada Real viajaron, en ocasiones, centenares de kilómetros. Los primeros cronistas cuentan la forma en que esos bloques monolíticos eran trasladados a grandes distancias y relatan la leyenda de uno de estos que aplastó en su caída más de mil indios y recibió el nombre de «la piedra que llora sangre».

El misionero español José de Acosta, que visito el Nuevo Mundo medio siglo después de la conquista, escribió acerca de los indios que ejecutaron esas obras públicas: «no usaban de mezcla ni tenían hierro ni acero para cortar y labrar las piedras, ni máquina ni instrumentos para transportarlas, y con todo eso están tan pulidamente labradas que en muchas partes apenas se ve la juntura de unas con otras».

El Emperador Túpac Yupanqui continuó la obra de su padre y extendió la Gran Calzada Real hasta Chile por el sur y hasta Quito por el norte. En las proximidades de la Calzada, en diferentes lugares, hizo construir fortalezas. De esta manera, llevaba a las nuevas tierras los instrumentos de la dominación incaica: el camino, o sea el comercio y la economía, y la fortaleza, o sea la potencia militar. Túpac Yupanqui implantó, para llevar a cabo sus planes, el sistema del «canje de poblaciones», que consistía en transportar al Perú los habitantes de un país conquistado, que se poblaba luego con millares de indios leales al Inca.

Huayna Cápac superó a su progenitor en la ejecución de obras públicas. Hizo levantar Templos del Sol y «miradores del Inca» junto a la Gran Calzada Real, mandó reparar los caminos antiguos, abrir otros nuevos y construyó por todas partes andenes y terrazas que impidieran la erosión de las tierras. Sobre todo, hizo restaurar y consolidar los puentes suspendidos, que servían como eslabones para enlazar los caminos, por encima de los ríos. Estos puentes suspendidos, aun sobre las corrientes más anchas y torrentosas, y sobre las cascadas de las montañas causaban admiración por su resistencia y por su audaz ingeniera. Estaban fabricados de bejucos de seis pulgadas de espesor y de cables de guadúa o bambú gigante atados sólidamente en pilares de piedra, y su piso se hallaba formado de planchas de madera amarradas con cuerdas de fibra para resistir a los vientos y otros fuerzas elementales. El célebre sabio alemán Alejandro de Humboldt recorrió algunos de esos puentes y no ocultó su admiración por el sistema de comunicaciones incaicas, al que encontró superior a las calzadas romanas de Italia, Francia y España y calificó de «la más estupenda y útil de las obras ejecutadas por el hombre». La descripción que Humboldt hizo del Puente de San Luis Bey ha servido de inspiración a novelistas modernos como Mermé y Thornton Wilder.

El  Camino de las Llamas fue el Camino del Oro

Pero los Incas no sólo se distinguieron como ingenieros y constructores sino que también organizaron con gran eficacia el mantenimiento de los caminos con personal especializado. En primer lugar, un alto funcionario era responsable del buen estado de las vías de comunicación y llevaba el título de «Gobernador de los Puentes y Calzadas del Inca». Este funcionario contaba con un personal de Tucuyricoc o «visitadores de caminos» que recorrían el país para ver con sus propios ojos el estado de conservación de los mismos. Los visitadores transmitían las órdenes a los oficiales de portillo que observaban el paso de los peatones y de las recuas de llamas y cobraban un impuesto en productos de la tierra. El Gobernador de los Puentes y Calzadas disponía de cuadrillas de Yanaconas, encargados de limpiar y barrer la cateada de piedra con escobas de fibras vegetales. Tiene razón Yvar Lissner, en su libro « Como Vivían nuestros antepasados», al afirmar que «en la época en que las carreteras europeas eran verdaderos barrancos, las calzadas incaicas eran las mejores del mundo».

En el segundo cuarto del siglo XVI, la Gran Calzada Real del Inca iba a convertirse en la arteria mayor por donde circularía con violencia la sangre de la historia. Los españoles que desembarcaron en el Ecuador, con el fin de emprender la conquista de la América del Sur, utilizaron el sistema de comunicaciones de los Incas para adueñarse de su vasto imperio. El capitán Pedro Cieza de León fue el primer europeo que escribió de 1533 a 1545 una minuciosa descripción de las calzadas incaicas «que superaban a las romanas y a la que Aníbal hizo construir sobre los Alpes». Años más tarde, el cronista mestizo Guamán Poma de Ayala recogió en su códice algunos dibujos de puentes suspendidos y de Tambos Reales, que forman algo como una guía ilustrada de las calzadas incaicas en el siglo XVII.

El cuadro que se presentó a los ojos de los conquistadores parecía una escena de un país de Utopía: por el anchísimo camino empedrado transitaban grupos de Indios que conducían a los personajes de calidad en hamacas o parihuelas, mientras otros Indios arriaban recuas de llamas cargadas de vituallas, de sacos con hojas de coca o mazorcas de maíz. La abundancia de los frutos de la tierra armonizaba con la minuciosa organización social que se extendía hasta los menores detalles. Así, por ejemplo, cada llama conducía sobre sus lomos tan solo tres arrobas de carga. La presencia de estos animales —mitad oveja y mitad jumento— causo gran sorpresa a los españoles. La buena conservación de las calzadas se explicaba: sobre el empedrado transitaban únicamente viajeros calzados de sandalias, y animales cuyas finas patas se apoyaban con suavidad en el suelo. Las herraduras de los caballos de los conquistadores y las ruedas de los pesados carros de bueyes de los colonos o «encomenderos» iban a causar con el tiempo graves destrozos en la Gran Calzada Real del Inca y en el Camino de los Llanos.

Terminada la conquista, los españoles comprendieron las ventajas de la organización vial incaica y trataron de mantenerla adoptando en parte los usos del pueblo con­quistado. Durante largo tiempo se valieron de las recuas de llamas para transportar los cargamentos de oro, producto del botín, de los tributos o del trabajo de las minas. Por la Gran Calzada de la Cordillera de los Andes viajaron las caravanas de indios, soldados españoles y llamas conduciendo el codiciado metal amarillo hasta la costa, desde donde la Flota de las Indias la llevaba a España. El sistema de comunicaciones incaico ya no era solo el aparato circulatorio de la sangre sino del oro de la América del Sur, que iba a elevar el nivel de vida de Europa y a hacer más suntuoso aún su Renacimiento. De esta manera, fueron a dar en las arcas de España inmensos caudales que el cronista oficial León Pinelo calcula en tres mil doscientos cuarenta millones de onzas de oro. No exageraba Fray Antonio de la Calancha cuando escribía: «Deje de ir un año la Flota de las indias y es un valle de lágrimas Europa…»

La Gran Calzada Real del Inca —que formaba un conjunto orgánico indisoluble con la llama, con el sistema de postas, con los graneros y posadas, y con el personal del servicio vial, como un instrumento de expansión económica de un Estado socialista— fue desapareciendo por trechos debido a la incuria de los gobernantes españoles, a la mala organización colonial, a la acción destructora del tiempo y, sobre todo, a la codicia de los «encomenderos» que hicieron de la calzada incaica una cantera de donde extraían las piedras sillares para sus construcciones. Sin embargo, en algunos lugares quedan vestigios de esa maravilla del mundo antiguo. Durante mis viajes por el Ecuador recorrí varias veces el camino del Inca en las provincias de Imbabura y Pichincha, por donde viajó en el siglo XVIII el geógrafo español Antonio de Ulloa, quien dejó una descripción de la Calzada, de los observatorios y fortalezas o Pucaras de los Indios.

Llevaban pescado fresco, sal  y coca  para  el  Inca

 En la región de los lagos de Imbabura, los Incas complementaron su red de caminos con un sistema de embarcaciones de junco que se ven hasta ahora y que los Indios llaman por su forma caballitos de totora. En la región del Azuay existe una prueba sorprendente de la solidez de la construcción de la Calzada incaica y de la perfecta ensambladura de las piedras que forman un solo bloque. Las aguas de lluvia, en aluvión continuo y torren­cial, no han logrado filtrarse a través de las junturas de las piedras y han cavado un cauce, corriendo por debajo de estas como un río por el arco de un puente.

La sagacidad, la previsión y el sentido práctico de los Incas se revelan en la construcción de sus caminos secundarios que enlazaban las Calzadas principales con las regiones ricas en productos indispensables para la vida del Imperio. Así, por ejemplo, Huayna Cápac hizo construir un camino desde Quito al valle de la Coca en la parte oriental de la Cordillera de los Andes —con el fin de cultivar en gran escala esta planta cuyas hojas poseen virtudes contra la fatiga— y otro hacia la costa para proveerse de los frutos del mar. El camino de la costa le daba asimismo el dominio de las tierras de los Huancavilcas, forjadores del platino, y le acercaba a la Isla Amortajada, de donde se extraía la sal. Mayor aún era el camino de Contisuyo que comunicaba el Cuzco imperial con la costa y por donde se transportaba en dos días el pescado fresco para regalo del Inca. La previsión de los ingenieros Indios está palpable en los alrededores de Macuspana —en el «país del oro de Carabaya», al noroeste del Lago Titicaca— en donde la Calzada Real pasa bajo un glaciar, a 5.000 metros de altura. En su libro Highway of the Sun, Víctor von Hagen cuenta su viaje por esa Calzada y dice que los constructores «anticipándose al movimiento de los glaciares habían construido allí un muro de contención para recoger las rocas que se desprendían de lo alto y desviar la nieve antes de que se precipitara sobre la Calzada».

Los caminos de los Incas han constituido durante siglos un motivo de curiosidad y controversia de los historia­dores, geógrafos y otros hombres de ciencia. Los reyes de España confiaron su estudio en diversas ocasiones a espe­cialistas entendidos en cosas del Nuevo Mundo, como fue el caso del cosmógrafo Juan López de Velasco, secretario de Felipe II, quien se valió por primera vez de un cuestionario para recoger todos los detalles necesarios para su obra. Durante los tres siglos de la colonia española, el sistema de comunicaciones de los Incas siguió siendo la admiración de los viajeros europeos que contemplaban ya solo sus ruinas. En el siglo XIX, varios hombres de ciencia, siguiendo las huellas de Humboldt entraron en la Gran Calzada Real de los Incas por su extremo septentrional situado en la población de Pasto —ahora perteneciente a la República de Colombia— y recogieron nuevos datos sobre esa obra que merece grabarse en la memoria de los hombres. Pero, las investigaciones no han terminado y, aun hoy, son un enigma ciertos detalles como el de las apachetas, pequeños montículos o pirámides levan­tados a orillas de los caminos. Esos montículos formados de piedras arrojadas por los Indios que transitaban por esos lugares, se han considerado como el fruto de una superstición extraña e incomprensible o como un tributo destinado a facilitar el acarreo de material necesario para la restauración de los caminos. En realidad, hasta hoy no se sabe si la apacheta era una ofrenda a algún dios de los viajeros o una contribución popular a las obras públicas del Inca.

Los nuevos estudios han levantado el velo de niebla que cubría el país de los Chimús o “‘Reino de la Luna“, situado en la costa del Perú. Los chimús eran herederos de los Mochicas —dignos de recordación por sus extraordinarias figurillas de cerámica— de los Nazcas, artistas de las telas pintadas y de otros pueblos que practicaban el culto de la Luna. En esa región los Incas construyeron su Camino de los Llanos para llevar por él los instrumentos de la “Civilización del Sol“. Todavía hay restos de ese camino que comenzaba en Túmbez, la legendaria Ciudad de Oro que el astrólogo y conquistador Pedro de Candía fue el primero en visitar por orden de Pizarro, a quien informó de sus fabulosas riquezas. Cuando Pizarro desembarcó más tarde, el oro había desaparecido y Túmbez era solo una ciudad desierta, ahora convertida en un arrozal por cuyas cercanías pasa la Carretera Panamericana.

Hay un aspecto de la red de comunicaciones incaicas que invita a reflexionar: la duración de las obras reali­zadas por los ingenieros de esa época remota. A pesar de los siglos transcurridos, de las inclemencias de la naturaleza y de la prodigiosa fertilidad de algunas regiones o de la extrema aridez de otras, todavía subsiste en general el trazado de la Gran Calzada y, en algunos tramos, la obra está intacta. En especial, los puentes suspendidos de bejucos se encuentran aún hoy diseminados por el Ecuador, Perú y Bolivia y son utilizados por los viajeros en las regiones en donde no ha penetrado la rueda hasta estos días en que el hombre dispara sus primeros cohetes a la Luna.

Pisando las huellas de los antiguos…

El Qhapaq ñan en la Quebrada de Sapagua, Jujuy , Argentina (veromendo 2016).

Tapa y contratapa de la revista El Correo de la UNESCO. Publicación del mes de Junio. Año XII. 1959. Pags. 22-26.

RETRATO DEL CANÓNIGO GORRITI

“Alto, grueso, robusto, lujoso, mostraba una figura imponente, rodeada de un aire de majestad y grandeza, que atraía con simpatía y veneración, la mirada aún de sus propio adversarios,
hacia su nobilísima persona.”     

Dr. Bernardo Frías, Biografías Históricas Jujeñas.
Monumento que homenajea al canónigo Gorriti, emplazado en la plazoleta delimitada por las avenidas José Martiarena e Italia en San Salvador de Jujuy (veromendo, 2016)
Muhana, Ilda S. Dr. Juan Ignacio Gorriti (1766-1842). Biografía de Próceres Jujeños. Centro de Estudiantes del Instituto de Profesorado Secundario, Subcomisión de Prensa y Cultura. San Salvador de Jujuy (1959).

Nació en Jujuy el 10 de junio de 1766, donde fue bautizado el 10 de abril de 1767 en la Iglesia Matriz, siendo sus padres D. José Ignacio Gorriti, natural de Azcoitía en Guipúzcoa (España) y Da. Feliciana Cueto, jujeña, los que contrajeron enlace en Jujuy el 6 de marzo de 1758. Fue hermano del general Dr. José Ignacio y del coronel José Francisco de Gorriti.

Estudió gramática latina y filosofía en el claustro franciscano de Jujuy. Recibió una esmerada educación que completó de 1781 a 1789 en el Colegio de Monserrat en la ciudad de Córdoba, bajo la dirección de la Orden Franciscana. Allí cursó los estudios adecuados a la carrera eclesiástica. El 20 de junio de 1789 se graduó de bachiller, licenciado y doctor en cánones, y al año siguiente obtuvo en la Universidad de San Carlos el título en teología, recibiendo las órdenes sagradas de manos del Ilustrísimo señor Dr. Ángel Mariano de Moscoso. Después de ordenado fue destinado al curato de Cochinoca y posteriormente al de Casabindo, de donde pasó a ejercer el ministerio pastoral en su ciudad natal, Jujuy, destacándose por su celo ejemplar y fervorosa piedad cristiana.

“Era un clérigo obeso y gigantesco, que tanta la frente pequeña, los carrillos rechonchos y pendientes, la nariz aplastada, las cejas canosas y gruesas, los ojos pequeñitos e intermitentes como la luz de las luciérnagas; la boca estirada pero enérgica, el rostro destrozado por la viruela, y debajo de todo esto, un “coto” o papera enorme que le duplicaba la faz cayéndole sobre el pecho, de hombro a hombro, como si la cara se compusiera de dos globos carnudos y sobrepuestos.”

Vicente Fidel López, Historia de la República Argentina, T. IX.

El movimiento emancipador de Mayo encontró en Gorriti un sostenedor entusiasta en el pueblo de su nacimiento. El 5 de septiembre de 1810 fue nombrado diputado por Jujuy a la Junta Provisional de Buenos Aires, presidida por Saavedra, donde prestó eminentes servicios a la causa emancipadora. Redactó un manifiesto dirigido a los pueblos orientales el 7 de febrero de 1811, con el objeto de conseguir el apoyo del pueblo uruguayo a la causa de Mayo, que alcanzó su propósito y dio origen a la declaración de guerra de Elío contra el gobierno de Buenos Aires. (Papeles de Gorriti, pág. 26).

Fue opositor de Saavedra y Funes y, por su iniciativa e influjo personal, fue alejado de la Junta D. Joaquín Campana, elemento perturbador (Id., pág. 31). Consiguió también la abolición del Tribunal de Vigilancia, que amenazaba convertirse en instrumento de despotismo y de terror (Id., pág. 33). Tomó parte asimismo en muchas iniciativas y medidas en servicio de la nación naciente, regresando a Jujuy el 17 de diciembre de 1811.

Poco después, el Cabildo suspendió al Vicario de Jujuy y nombró a Gorriti en su reemplazo. Ejerciendo este cargo, el 25 de Mayo de 1812, bendijo en la iglesia Catedral la bandera creada por Belgrano, la cual, en tan magna ceremonia, fue sostenida por el propio general.

Bajorrelieve de uno de los laterales del monumento a Gorriti, en el cual se representa el momento en que bendice la bandera del general Manuel Belgrano (veromendo, 2016)

El 1° de mayo de 1813 fue nombrado canónigo de merced de la catedral de Salta, “saliendo de Jujuy casi como un desterrado, por llenar la suprema disposición“, dice en sus Memorias. Fue posteriormente, consejero del gobierno de Jujuy; en mayo de 1815, miembro del cabildo salteño y el 1° de agosto de ese mismo año, fue designado teniente vicario general y subdelegado castrense del Ejército del Norte. “Seis años pasé contraído a desempeñar mis funciones cerca del ejército” –dice en sus Memorias– pues fue vicario castrense hasta 1821.

En marzo de 1816, actuó como comisionado para llevar un arreglo amistoso al general Rondeau y al gobernador Güemes, el cuál se logró.

Dice el Dr. Gorriti: “Mi vida fue retirada a pesar del aprecio que merecí de los jefes; jamás procuré internarme a conocer la menor causa de sus secretos por no comprometer mi reputación. Una ocasión el general Belgrano me hizo una confianza y me recomendó el secreto, cuando por otro conducto lo sabía ya tres o cuatro días antes y así se lo advertí“.

El 22 de setiembre de 1821, se produjo en Salta la revolución de los antiguos partidarios de Güemes dirigidos por D. Pablo de la Torre contra el gobernador D. Antonino Cornejo, al que depusieron. Gorriti asumió una actitud que D. Bernardo Frías califica de heroica y que salvó la autoridad de la junta legislativa y de las instituciones provinciales recién creadas. Él la ha narrado en sus Memorias (Papeles de Gorriti, págs. 54 y sgts.). En medio de los desórdenes, salió a la calle, buscó a los diputados en sus refugios, los animó a reunirse y la junta eligió, sin el voto del canónigo, gobernador provisorio a D. José Ignacio Gorriti, que no era el candidato de los revolucionarios y que hizo un gobierno intermedio reprimiendo a los más exaltados revoltosos. Con este motivo, el cabildo de Jujuy le dirigió una nota al canónigo en que le decía: “Los señores diputados D. Manuel Alvarado, Manuel Tezanos Pinto y D. Francisco de Borja Fernández, han manifestado a este ayuntamiento a presencia de la junta electoral, el esmero con que su diputación representativa desempeñó los deberes de la alta comisión conferida. En su atención, manifestó esta corporación, su gratitud en los términos más insinuantes, para eterna memoria de la delicadeza y candor con que ha obrado la diputación de esta ciudad en la H. Junta Provisional, dirigiendo en especial a V. S. este testimonio de su reconocimiento.” (Muy ilustre Cabildo de Jujuy, enero 11 de 1822. Arch. de la Prov.).

Bajorrelieve nativista en el otro lateral del monumento a Gorriti (veromendo, 2016)

Diputado por la provincia de Salta ante el Congreso Nacional de 1824 (hasta agosto de 1827), tuvo descollante actuación en el mismo, la cual ha sido comentada por historiadores de la nación y de aquel congreso.

Votó Gorriti contra la ley que creaba la Presidencia de la República y la de la capitalización de Buenos Aires, lo cual era perfectamente lógico, desde que todo eso debió hacerse después de sancionada la constitución. En cuanto a esta última, opinaba que debía sancionarse la que adoptase la mayoría del congreso; pero que debía reunirse otro congreso, con representantes de todas las provincias, que sería el que sancionara la constitución definitiva.

A pesar de esta actitud independiente durante el Congreso de 1826, pasados varios años, en sus amargas memorias del destierro, hace Gorriti un elogio de Rivadavia: “soy uno de sus mayores apasionados, y consideraría como una bendición del cielo que la República fuese presidida por sujetos tan dignos de gobernar como el señor Rivadavia.” (Memorias, pág. 63).

Monumento al canónigo Gorriti. Detalle de bajorrelieve lateral (veromendo, 2016)

En 1828 llegó a Salta desde Buenos Aires, el coronel Heredia para solicitar la incorporación de Jujuy y Salta a las provincias ligadas por el pacto federal, y que se nombrase a Dorrego encargado de las relaciones exteriores de la República. La provincia, por iniciativa del canónigo, contestó que no conocía las bases de la asociación federal, pero que entraría en ella, si se aceptaba lo que propondría: “se reducía a proyectar una constitución bajo el sistema federal; que eso y la sancionada por el Congreso de 1826 se propusieran a los pueblos, para que hiciesen un examen comparativo de ambas y así eligiesen la que mejor les pareciese.” (Papeles de Gorriti, pág. 70).

Jujuy y Salta –dice Gorriti– favorecidas por su posición geográfica, podían dejar que las demás provincias se arreglen a su modo, sin mezclarse en ello“; pero sugirieron ese plan de organización de la Nación, porque ambas provincias se conformarían con la federación, a pesar de su opinión contraria.”

El 27 de febrero de 1829, fue elegido gobernador de Salta y Jujuy. Durante su gobierno, Gorriti hizo traer de Tucumán el Archivo de Jujuy que se encontraba allí desde el éxodo de 1812. Gorriti gobernó hasta la terminación de su mandato, el 27 de febrero de 1831.

Monumento al canónigo Gorriti. Detalle de bajorrelieve lateral (veromendo, 2016)

La legislatura de Salta y Jujuy, por ley que comunicó al canónigo el nuevo gobernador general Rudecindo Alvarado, le expresa “su mayor gratitud y aprecio por los heroicos sacrificios en favor de la provincia y de la República, durante su honrosa administración, que declaraba gloriosa y legal en todo sentido.

La caída de la “Liga del Interior” a consecuencia de la prisión del general Paz, el 10 de mayo de 1831, y la ulterior derrota sufrida en los campos de Ciudadela por el ejército de Lamadrid, impuso al Dr. Gorriti la emigración a Bolivia. Encontró asilo y protección y fue destinado a servir en los curatos; primero en Quillacollo, después en el de San Sebastián (Chuquisaca) luego en Potosí y finalmente en el de Pomabamba.

También fue primer rector del Colegio de Junín (Sucre), en donde publicó un opúsculo en 1834, titulado “Reflexiones sobre las causas de las convulsiones de los estados americanos“. Escribió sus memorias y autobiografía que se han publicado incompletas; dejó una obra que lamentablemente se ha perdido en sus originales; cultivó el periodismo; ejerció la docencia pública y privada. Vencido por los años y entregado al estudio y a su ministerio, falleció anciano y pobre en la ciudad de Sucre, rodeado de general respeto el 25 de mayo de 1842, despidiendo sus restos el Dr. Facundo Zuviría en una brillante oración fúnebre.

El canónigo Gorriti pasaba por ser el más fuerte dialéctico del Congreso. Hombre sumamente respetado en toda la República por sus antecedentes, por su noble familia y por sus virtudes.

V. F. López, Historia de la República Argentina, T. IX.

Era un razonador impertérrito, que una vez que había hechado mano de su tema, sabía desenvolverlo, probando y demostrando sus premisas con un rigor vigoroso y aristotélico. Toda su instrucción reposaba en la lectura de los legistas españoles, y de la famosa “Historia Eclesiástica” del abate Fleury (Claudio) que el canónigo miraba, con razón, como uno de los libros políticos más fecundos y más discretamente liberales que se hayan escrito. Su espíritu, sus maneras y sus formas de locución, revelaban escasa aptitud para apropiarse aquellas condiciones esenciales del arte literario que introducen las bellezas del estilo en la marcha del razonamiento. En su dialéctica prefería seguir con pertinacia, la parte convencional de los términos y las cláusulas, más bien que presentar los hechos con amplitud a luz de los principios científicos, como Moreno; sus ideas jamás tomaban vuelo arrebatadas por las emociones del espíritu. A pesar de todo y quizás por los accidentes mismos de aquella rara fisonomía, el canónigo Gorriti era un personaje majestuoso que inspiraba respeto y curiosidad. Tenía la voz poderosa y tranquila, al hablar erguía el cuello y tomando en las manos los cordones del manto, hacía girar las borlas alrededor del coto, y balanceaba la cabeza con un movimiento acompañado eminentemente magistral“.

Vicente F. López.

El interés de la República – decía Gorriti , exige imperiosamente que cada provincia tenga medios de gobierno y de justicia propios.

El Dr. Ricardo Rojas ha estudiado magistralmente la génesis del federalismo argentino, que nace ya definido, como idea, en el pensamiento del prócer: “Se ve, pues, que el Dr. Gorriti fue el primero en defender la doctrina de la igualdad de todas las ciudades y de sus autonomías.”

Era en el mismo pueblo de Jujuy, donde Juan Ignacio de Gorriti, por sí solo, tan clarividente en la doctrina, hallaba fuerza y entusiasmo cívico para las bregas de la acción.

Arch. Cap. de Jujuy, T. III.
Detalle de la parte posterior del monumento al canónigo Gorriti (veromendo, 2016)

El Dr. Ricardo Levene al estudiar los conatos federalistas de Gorriti y del Cabildo de Jujuy en 1811, ha producido esta afirmación: “Jujuy señala una dirección fundamental en la historia argentina; la representación del diputado Gorriti, es el documento de más significación política del año 1811.

El estudio de la personalidad de Gorriti, considerada en todos sus aspectos, será sin duda, vasto y difícil. Porque sencillamente ha sido el patricio que ha influído en todos los órdenes de la génesis de la nación.

Gorriti pertenece a la asamblea augusta de los progenitores de la patria, cargada con todo el caudal de su vitalidad asombrosa que surge imponente de todas las regiones que la integran. Porque en hondo pensamiento escudriñó el destino nacional y vio los resultados maravillosos de la coalición de los estados independientes.

M. A. Vergara: Notas preliminares, Papeles de Gorriti.

En ningún momento hemos dudado de que Gorriti fue un gran predicador. Es verdad que las piezas que publicamos de oratoria sagrada, demuestran un visible desinterés de la forma literaria y aun gramatical. No obstante, la robustez del pensamiento, la seriedad de la expresión, la armonía admirable en la trama del discurso, la abundantísima erudición que en los sermones derrama, nos dan derecho a considerarle como uno de los mejores oradores sagrados de su tiempo.

Id., pág. 13.

Quizás el tiempo pueda poner a disposición de la crítica histórica, elementos olvidados y perdidos en los viejos archivos argentinos y extranjeros, mediante los cuales se ganará para Gorriti el honor de ser considerado el mejor cerebro de la revolución argentina“.

M. A. Vergara, Documentos para la Historia Argentina.

Ilda S. Muhana

Himno a Gorriti

Era un recio algarrobo argentino 
Altas ansias de patria y martirio
Cuya sombra amparaba tenaz
que alentaba su voz patriarcal.
La provincia de Jujuy al canónigo Gorriti” (veromendo, 2016)
Al reclamo fraterno de Mayo 
Fue encendido a cumplir un deber,
En su acento gigante y cristiano
"Libertad" fue su eterno quehacer,
Con la tierna Bandera en las manos 
Desafiando al destino español
Se hizo emblema de amor en Belgrano
Se hizo signo en Gorriti, la unción.
Por su ejemplo -clarín y campana- ,
Por su mano, que a Dios nos unió,
Ha sellado la Patria su alma
Y es Jujuy fiel custodia de honor.
Ma. Margarita Oyuela de Tezanos Pinto  
Francisco Ragussa

Bibliografía

  • Archivo Capitular de Jujuy – Diputación de Gorriti – T. III
  • Gorriti, Juan I. – Reflexiones – Valparaíso- 1836.
  • Levene, Ricardo. Historia de la Nación Argentina • Vol. III – Bs. As. • 1942
  • López, Vicente Fidel. Historia de la República Argentina – T. IX Bs. As. 1890.
  • Sánchez de Bustamante, Teófilo. Biografías  Históricas de Jujuy. Universidad Nacional de Tucumán • 1958.
  • Vergara, Miguel Ángel. Documentos para la Historia Argentina. Jujuy, 1936.
  • Vergara, Miguel Ángel. Papeles de Gorriti – Bs. As. – 1956 – págs. 13-26-31-33-54.
  • Yaben, Jacinto R. – T. II – Bs. As. 1938.
Vista desde la Avenida Fascio (veromendo, 2016)
El texto completo en este link de Scribid.

Rodero, Juiri, Ronque… En busca de la quinoa agroecológica.

Un poco más al norte de Coctaca y de su fabulosa y patrimonial andenería de cultivos, es posible disfrutar de otro circuito humahuaqueño de belleza singular: es el que une los pueblos de Rodero, Juiri y Ronque, con posibilidades de ascender a la laguna de Leandro. También constituye una zona donde sus particulares condiciones edafoclimáticas posibilitan el cultivo de la quinoa, mítico y ancestral cultivo andino.

La quinoa o kinwa —en lengua quechua— era considerada “la madre de todos los granos” por los pueblos Incas. Creían que su fortaleza y temperamento combativo provenían de las virtudes divinas y nutritivas de estos granos que se daban naturalmente en la zona altiplánica. Este cultivo resiste a la sequía, a la altura y su consecuente amplitud térmica, y crece en suelos pobres en materia orgánica. Los procedimientos de siembra y cosecha de la quinoa estaban asociados a festividades incaicas y, la planta misma era venerada y protagonizaba los ritos en honor a la Pachamama. Siendo tan identitaria de la cultura ancestral andina, la dominación española decidió poner fin a su cultivo, precisamente por las implicancias culturales y religiosas y por ser considerada un alimento sagrado para esos dioses paganos. Se ordenó quemar las plantaciones y se prohibió su consumo bajo el rótulo de “alimento para salvajes”.

En la cultura occidental, la quinoa está clasificada dentro de la familia de las chenopodiáceas y su semilla, considerada técnicamente como un pseudocereal. Por sus características nutricionales distintivas, como ser su alto valor proteico y bajo gluten, su consumo ha entrado en auge en las grandes orbes, siendo ofrecida por cocineros famosos, fusionándose en platos gourmet con la cocina de otras latitudes o formando parte de la dieta vegetariana y vegana. Lo más usual es consumir la quinoa procedente de Bolivia o de Perú, que son los principales productores. Ellos recuperaron hace tiempo la tradición de su cultivo y desarrollaron el agregado de valor como estrategia económica de las poblaciones locales. Así, poseen una extensa tradición en su producción, aunque no necesariamente en modo orgánico o agroecológico. Estos últimos 20 años, tras su “redescubrimiento” por parte de los organismos oficiales de nuestro país, su cultivo ha recibido un incentivo en zonas de la Quebrada de Humahuaca y la Puna, donde las condiciones edafoclimáticas lo favorecen. En este sentido, el rescate y la revaloración de la quinoa no sólo tiene importantes connotaciones culturales y alimenticias, sino también económicas para los pequeños productores familiares jujeños.

En mi último viaje a Humahuaca, tuve oportunidad de probar la quinoa agroecológica del grupo de productores “Tierra de Quinua“, de la comunidad de Rodero, que había sido comprada en una feria campesina y nos fue imposible volver a conseguirla. Luego de degustarla en un delicioso y sencillísimo pastel de zapallo y quinoa (receta de la profe Faltracco), emprendimos una recorrida por la zona para tratar de encontrar a los productores.

Semillas producidas por productores familiares en Rodero, a 2936 msnm, con respeto hacia el ambiente utilizando técnicas ancestrales y agroecológicas.

Salimos desde Humahuaca por la ruta provincial 14 que enfila hacia el NE. El camino de ripio, bastante “serruchado“, asciende suavemente posibilitando que una cresta del Hornocal se asome por el sureste, tentándonos a virar el rumbo y visitarlo una vez más.

El Hornocal desde el camino a Coctaca y Rodero (veromendo)

En las inmediaciones de Coctaca tomamos un camino que pasa por el costado del pueblo, que continúa ascendiendo de manera suave hasta llegar a un cruce de caminos donde la cartelería nos indica cómo seguir.

Un antiguo y artesanal cartel grafica los caminos dentro del circuito.

Así llegamos al pueblo de la Calendaria con su entrada arbolada, su Club Atlético Independiente de Rodero, su puesto sanitario y por supuesto, a falta de una, sus dos iglesias.

La más antigua muestra su estructura de adobe y parte su techo guayado.

Es la hora de la siesta y todo está muy tranquilo. Sólo unos niños juegan en la canchita de la plaza central. Me acerco a la única casa que, con su puerta abierta, muestra que hay alguien trabajando en su interior. Es una mujer. Le consulto por el tema de la quinoa y me manda a preguntarle a Don Aurelio, que al parecer perteneció a la cooperativa, y me da las indicaciones para llegar. Lo de don Aurelio es cerquita, pero como la altura comienza ya se hace sentir debo caminar con cierta serenidad. Es una mini finca primorosa con corrales y algunas plantaciones. Su señora me explica que don Aurelio no está más en el tema de la quinoa, que los productores están más arriba, en Juiri, quizás... Me despido y continuamos por el camino, que sigue subiendo…

Se ven fincas por aquí y por allá, con pequeños sembradíos, corrales pircados y árboles añosos. Llegando a un punto, el camino se desdobla: una de las sendas empieza a trepar sinuosamente por la montaña —es el que va hacia la laguna de altura de Leandro—, el otro —el que tomamos— nos deposita en el “centro” de Juiri, donde la iglesia engalanada con flores da testimonio de que hubo alguna celebración cercana en el tiempo.

Sin embargo no encontramos habitantes para preguntarles por la quinoa. Continuamos la marcha. A partir de allí, el camino, ascendente, pega la vuelta hacia el sur, continuando el circuito. De pronto, un churqui primorosamente enflorado, resabio de los festejos de Carnaval, llama la atención en nuestra marcha con sus coloridas flores de lana.

La vista hacia la quebrada del río Grande empieza a ser fastuosa. Se divisa el “gran cañón” que irrumpe en la pendiente que también muestra vestigios de continuidad de los andenes utilizados extensamente en esta región, para cultivar .

Capilla de Ronque (veromendo 2019)

Al llegar a Ronque, que también cuenta con su capilla, varios docentes de la Escuela itinerante nos solicitan que los acerquemos a Humahuaca. Nos presentamos, charlamos brevemente y ellos nos indican que conocen a los productores de quinoa: la familia Paredes. Su finca está de camino así que hacia allá vamos. Por suerte encontramos a Javier, quien generosamente me cuenta que la producción está en la etapa previa al lavado. El lavado de los granos es esencial para su digestibilidad, pues retira un compuesto —una saponina— que está depositado en su corteza y que es responsable de la gran cantidad de espuma que se observa cuando el lavado de la quinoa ha sido insuficiente. Javier me aclara que ese lavado debe ser realizado con extremo cuidado pues hay que asegurarse de retirar la máxima cantidad de saponina, pero sin demorar demasiado el proceso pues la humedad favorece la germinación. Si este paso de lavado y secado toma demasiado tiempo se puede arruinar la producción. Al momento de la visita aún no tenían los granos listos para la venta, así que nos invitó con unas manzanas lugareñas de calidad y sabor increíbles.

Para el regreso nos recomienda tomar el camino por Chorrillos, que cruza derecho, derechito toda la explanada en bajada hasta el río Grande.

Río Grande desde Rodero (veromendo 2019)

Una vez allí hay que vadear el río que, por suerte, viene liviano de aguas. Una vez resuelto este cruce, el camino va a la par de la viejas vías del Ferrocarril General Belgrano, por unos paisajes de arenales y árboles añosos hermosos. Los docentes estaban urgidos por llegar, así que elegí no seguir demorándolos parando para tomar más fotos. En un momento se abre un corto tramo que sube abruptamente hacia la RN9. Lo tomamos y ya volvemos al asfalto conocido. La tarde es diáfana y vamos descendiendo hacia Humahuaca desde el Norte, disfrutando de la vista panorámica de las Peñas Blancas y de la ciudad y sus barriadas.

© veromendo 2019

Algunos circuitos posibles en #Humahuaca.

“La realidad es un pretexto”. Entrevista al poeta Néstor Groppa

por Ernesto Aguirre

y decide llamarse Néstor Groppa y ser poeta allá en Jujuy, para siempre.” 

Es en Laborde, provincia, de Córdoba. Leandro Álvarez, de unos ocho años, deja de patear una pelota de goma roja a rayas blancas y se queda mirando absorto como agoniza el día apurado por un viento leve, suficiente como para poner en movimiento los inmensos trigales.

En 1951 salimos de Retiro hacia Tucumán dos muchachos llenos de ilusiones. Dejábamos una situación política que nos complicaba todo al no pertenecer a la causa. En el bolsillo yo traía una carta de Raúl González Tuñón para Spilimbergo que en aquel momento residía en Tucumán. Los exiliados de Buenos Aires éramos Domingo Onofrio, pintor conocido hoy, y yo, estudiantes en la Escuela de Bellas Artes.

Perdón, Groppa, ¿Escuela de Bellas Artes dijo?

Sí. Lo que sucede es que yo llegué a Jujuy como artista plástico y no como poeta. Tenía cursados tres años de Bellas Artes. La poesía vino después, al poco tiempo de estar ya radicado aquí. Bueno, pero sigamos con la historia, llegamos a Tucumán acompañados por el excelente poeta que fue José Portogalo, muy poco leído hoy. Jamás me olvidaré el equipaje de Portogalo, llevaba en un bolsillo un par de medias, limpias, y en el otro un cepillo de dientes. En Tucumán conocimos a Carlos Alonso, Dávila, a Lorenzo Domínguez, entre un montón de gente muy talentosa. Era el momento cultural más brillante de Tucumán. Estuvimos más de quince días y como no conseguíamos trabajo decidimos seguir hasta Salta. Spilimbergo nos dio una carta para don Juan Carlos Dávalos. Nos quedamos en casa de Ramiro Dávalos y alternamos con Jaime, el barbudo Castilla, el Cuchi, “pajita” García Bes. Tampoco había trabajo. Surgió la idea de pasar a Bolivia, en ese momento se produce la revolución de Paz Stenssoro y nuestro viaje fracasa. Ya totalmente fuera del plan original, llegamos a Jujuy. Aquí conocimos primero a Guillo Padilla y a Cachorro Álvarez Soto.

Ellos nos consiguieron una pensión en Purmamarca donde nos quedamos tres meses. Pintamos, leímos y escribimos como, creo, nunca más lo pudimos hacer. Estando allí me ofrecen trabajar de maestro en Bariloche durante la temporada de verano. Hacia allí parto dejando aquí algunas sólidas amistades que luego serían muy importantes en mi vida, Pantoja fue una de ellas. Regresé en el 52 a trabajar en Tilcara y me quede hasta el 56, año en el que me radico en San Salvador de Jujuy con el ofrecimiento de organizar la biblioteca del Colegio Nacional.

Cuénteme sobre Tarja y cómo surgió.

Estando en Tilcara, en aquellos años, de maestro, junto a Calvetti y Pantoja surgió la idea de hacer una revista literaria. Por aquella época Mario De Lellis me había comentado en una de sus cartas, sobre un excelente poeta residente en San Salvador, su nombre era Andrés Fidalgo. Lo encontramos en su estudio de abogado en calle San Martín, estudio que compartía con Brizuela y Esteban Rey. Calvetti conocía a Busignani y bueno, la revista ya estaba en marcha. 

El nombre surgió entre empanadas y vino en una de las mesas del “Buen Gusto” el viejo restaurante que poseía Chagra, el padre de Hugo, en la esquina de las calles Alvear y Senador Pérez.

Así me fui quedando en Jujuy. Aquí encontré una serie de cosas factibles para lo que yo andaba buscando, expresarme. Había encontrado el tiempo suficiente, que en Buenos Aires es tan escaso.

¿ Cuál fue su primer libro?

 Taller de Muestras. Fue editado por la editorial Botella al Mar. Recuerdo que estando en Tilcara recibo por correo, un paquete con ejemplares de mi libro recién impreso, imaginate la emoción; terminamos con Pantoja tomándonos unos vinos entre los dos porque en aquel momento no había nadie más con quien festejar. No, miento, estaba también Eduardo Storni, gran ami­go.

En aquel momento la actividad literaria, aquí en Jujuy, era más ocasional que vocacional; yo creo que la literatura vocacional aquí, se inicia con Galán y Ovejero, lo digo en Abierto por Balance.

“Abierto por Balance” es su último libro; a diferencia de los anteriores, en este su cariño por Jujuy se manifiesta como un largo recuerdo donde se evocan acentos, lugares y personajes muchas veces ignorados de nuestro Jujuy. Hablemos de este libro, y como nace.

El libro nació porque desde Catamarca me pidieron una ponencia sobre literatura jujeña para el Congreso de Literatura del NOA. Debía limitarme a  cuarenta carillas y como  anteriormente, en una Feria del Libro me había ocupado del mismo tema, me di cuenta que ese material podía servir para un libro. Además de esta pequeña historia de la literatura jujeña incluí todo lo que fui encontrando entre mis papeles viejos, carpetas, libretitas de anotaciones, que son muchas, sobre el movimiento cultural de Jujuy.

Almacén Inglés de Ramos Generales y Cereales, en la localidad cordobesa de Laborde. Fotografía tomada en el año 1924 que ilustra la tapa de “ABIERTO POR BALANCE”.

No te olvides que yo tengo la colección completa de la sección cultural del diario Pregón; es un libro de 1400 páginas. Allí están todos los nombres que en Jujuy publicaron sus trabajos, algunos aparecieron solo una vez por ese berretín de verse publicado y nunca más; y están los otros, los que comenzaron publicando hace tiempo y lo siguen haciendo. Imaginate, son treinta años de movimiento cultural que tengo guardados aquí, en mi casa. Te cuento que tengo las páginas culturales que se imprimían también con las crónicas de básquet femenino que escribía Pablito Arias. Calvetti prometió hacer gestiones para que la Comisión de Cultura se hiciera cargo de todo este material, pero no pasó nada. Siguiendo con el libro, tuve que desechar muchas cosas, como por ejemplo comentarios bibliográficos, notas necrológicas como las de Fernández Mar, Lozano Muñoz o Pantoja, porque si no se me hacía un libro de más de cuatrocientas páginas, muy difícil de editar. Me quedé con ganas de poner tantas cosas y Castilla, el Barbudo, decía que nadie había escrito tanto sobre un mismo tema, sin ser reiterativo como yo sobre Jujuy; creo que tenía razón. Resulta que la realidad es un pretexto para sacar todo lo que uno lleve adentro; si hubiera vivido en Tucumán, en Salta hubiera hecho la misma abundancia de cosas. Yo soy muy sensible. Mi sensibilidad es mi debilidad y es mi fortaleza al mismo tiempo; es mi debilidad para enfrentarme a la vida, no me sirve para decirle al carnicero que no le puedo pagar este mes; no, tengo que sacar plata de donde sea porque si no, no paso por su vereda nunca más; y es mi fortaleza porque con esta sensibilidad escribo una obra poética que me ilumina. Muchas veces al día ando con los ojos llenos de lágrimas. Ya para terminar, ¿sabés cuál es la particularidad de algunos jujeños? Son tan reservados que pecan por descorteses. Yo le entregué todo a Jujuy, mi vida, mis libros y muy pocas veces —aunque noto un afecto general— he recibido una palabra, una palmada que me diga que mi libro les gustó o no. En esto sí me doy cuenta que vengo de un mundo distinto.

 Ya casi es noche cuando al niño, allá, en Laborde, provincia de Córdoba, se le llenan los ojos de lágrimas y con un dedo tembloroso escribe sobre la tierra de la calle:

(de “Todo lo demás es cielo” de n.g.) y decide llamarse Néstor Groppa y ser poeta allá en Jujuy, para siempre.

LA REALIDAD ES UN PRETEXTO. Entrevista por Ernesto Aguirre. Revista “El Mono GRAMÁTICO”. Año I – Nº1 – Julio de 1987 – San Salvador de Jujuy. Director: Ernesto Aguirre. Texto completo en https://www.scribd.com/document/413414636/El-Mono-Gramatico-1987-Director-Ernesto-Aguirre

Jujuy: Samos, Groppa, Mendoza…

En Jujuy para presentar una muestra en homenaje a un amigo, el maestro de Chucalezna, Jorge Mendoza, el pintor Claudio Samos estuvo en la radio. Habló de sus recuerdos en el Jujuy de fines de la década del ’50, de su larga amistad con el escritor Néstor Groppa y del momento por el que discurre la plástica nacional […].

Nota tomada de El Ojo de la Tormenta – La Revista Digital (2007)

¿Qué lo trajo a Jujuy por primera vez?

En el año 1950 vine con unos amigos y estuvimos aquí paseando. Yo estudiaba en aquél momento para ingresar a la Escuela de Náutica y, al ver Jujuy y estar estudiando pintura también en Buenos Aires y preparando mi examen de ingreso a la Escuela Náutica, lo pensé bien y dije: bueno, seré pintor, me recibiré en las Escuela de Bellas Artes y voy a venir a Jujuy a pintar. Y a enseñar lo que sepa, y que a su vez me enseñen.

-¿Cuánto tiempo estuvo Jujuy en aquellas épocas?

Apróximadamente cinco años, desde el ’58 hasta el ’64.

-¿Qué pasa con la plástica hoy en la Argentina? Me encuentro con gente que tiene espacios nacionales, por ejemplo el Michi Aparicio, que lo mira de una manera de lo más pintoresca. ¿Contiene hoy la Argentina a sus pintores, por lo menos Buenos Aires contiene a sus pintores?

Es un poco difícil contestar, habría que hacer un análisis mucho más profundo, con más tiempo, porque no hay que olvidar que las influencias llegan y llegan y en esta época como en ninguna otra. Nos encontramos con infinidad de corrientes de orientación plástica, por ejemplo española, que llegan y entusiasman a los pintores locales. De manera que no hay una pintura americana o americanista como en aquellas otras épocas, se mantenía ese movimiento y una línea un poco definida acerca de lo que se tenía que hacer, lo que se debía hacer, acerca de la vida cotidiana de los argentinos. En la actualidad aparece toda una pintura no figurativa, que se necesita mucha librería para entenderla. De pronto es como que a la pintura se la debe entender a través de libros. Y no creo que deba ser así. O la pintura me gusta o no me gusta. Yo pienso que no hay ni antiguo ni moderno, hay bueno y hay malo. Lo malo y lo bueno de antes o de ahora.

-¿Como surge esta muestra en Culturarte, acá en Jujuy?
Tiene sus por qué, hace años que estoy preparando esta muestra. Por distintos motivos no lo hice antes, pero el sentido más importante, el principal es un homenaje a un amigo fallecido (Jorge Mendoza). Me llamó la atención y me encantó la cantidad de estudiantes que fueron a ver la muestra, todo lo que me preguntaban, tanto interés en los cuadros, estilos, formas, colores; realmente me impresionó ese interés de los jóvenes.

-Lo escuché en algún medio hablar de Néstor Groppa. Mantienen, cultivan, una vieja amistad ¿no?
Sí. Aparte sus poemas, sus crónicas poéticas, son una orientación para mí; en mi taller lo leo y lo releo y así estoy en Jujuy. Camino por los puentes, por las calles, por esa Terminal tan rica en personajes y situaciones, por ese Puente Lavalle, donde tantos van y vienen todos los días. Puedo y estoy en Jujuy permanentemente leyendo a Groppa en Buenos Aires. Su obra es muy importante en sí misma.

Referencias

Diecisiete acuarelas 78

Catálogo de la exposición de Antonio Rodolfo Alvarado con motivo de la inauguración de la Sala de Arte de Turismo en la ciudad de San Salvador de Jujuy, en el año 1978.

ANTONIO R. ALVARADO.  Jujeño.

Su trabajo artístico se vio por primera vez en el año 1951 al participar en el V Salón de Artes Plásticas “Genaro Pérez”, en Córdoba. En esta misma ciudad, participó en exposiciones co­lectivas en los años 1954 y 1956.

En Jujuy se dio a conocer a través de siete exposiciones individuales durante los años 1955, 1960, 1964, 1965, 1966, 1970 y 1976, mientras que durante los años 1960-61-62 y 68 participó en muestras colectivas. Realizó dos muestras individuales en la provincia de Misiones, en el año 1958, y en Buenos Aires en el año 1974, en la Casa de Jujuy.

“El jardín de las señoritas regalado” (acuarela s/ papel). Obra premiada en el VIII Salón de Pintura “Rodrigo Pereira organizado por el Colegio de Escribanos de Jujuy (1986).

Hasta el año 1978 (fecha del Catálogo), había recibido el Premio Estímulo en pintura, en el Primer Salón del NOA “J. A. TERRY” y la Mención de Honor en el Primer Salón de Dibujo organizado por el Centro de Estudios Hispanoamericanos.

Se desempeñó como profesor de la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Jujuy durante los años 1965-73.

Fue elegido como miembro de varios Jurados, como murales del M.B.S., XI Salón de Dibujo del Centro de Estudios Hispanoamericanos, entre otros.

El Museo Regional de Pintura “José Antonio Terry en Tilcara, exhibe alguna de sus obras junto a las de otros reconocidos artistas argentinos.

Referencias