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Museo Municipal de Bellas Artes “Profesor Jorge A. Mendoza”: su historia.

En San Salvador de Jujuy, el Museo Municipal de Bellas Artes lleva el nombre de mi padre. Detrás de esa decisión hubo una historia que merece ser contada.

Las fotos y cuadros que verás aquí son preciosos, si decidís usarlas por favor mencioná sus autores. Si no figura un claro autor mencioná al Taller de Niños pintores de Chucalezna (Jujuy, 1959) o a este blog. GRACIAS.

Los Niños Pintores de Chucalezna

Taller en plena acción Lorenzo Kelly 1959

Taller de Niños Pintores de Chucalezna, año 1959 (Foto: Lorenzo Kelly).

En 1959, Chucalezna era apenas un paraje con pocas casas de adobe diseminadas entre montañas de vibrantes colores, en la Quebrada de Humahuaca. Allí funcionaba la Escuela Nacional 112, cuya directora y maestra era  Nicolasa Nelson de Mendoza, mi abuela. A través de los años, Doña Nicolasa fue notando que sus alumnos, todos de familias muy humildes, tenían un don para la pintura, mediante el cual expresaban sus vivencias. Y compartió esta observación con su hijo, Jorge Mendoza quien, en ese entonces, trabajaba como profesor de artes plásticas en San Salvador de Jujuy. Así mi padre se entusiasmó con una idea que puso enseguida en práctica con su amigo y colega Claudio Samos: desarrollar un taller libre que les brindara a los niños del lugar la posibilidad de pintar.

Dado que los alumnos de la escuela además debían ayudar en las tareas del hogar, cuidar de sus hermanos pequeños o participar activamente en el trabajo familiar, el taller comenzó a funcionar solo los viernes después de clases y los sábados. Era entonces, cuando Jorge y Claudio se acercaban desde San Salvador y San Pedro para orientarlos en los primeros fundamentos de la pintura. Pero, principalmente, eran quienes les proveían los materiales para pintar que, por mucho tiempo, compraron ellos mismos. Más adelante, cuando en 1963 Samos se trasladó a la provincia de La Rioja por temas de salud, mi padre quedó él solo a cargo del Taller.

Taller en los '70 chucaleznawordpress

El taller de Chucalezna a principio de los ’70 (Foto: Jorge A. Mendoza).

Recién en 1970 y tras interminables trámites, el Taller fue oficializado por las autoridades educativas y mi padre, nombrado como su Director y profesor de pintura. Lo acompañaron don Takashi Takahashi (高橋さん) como profesor de Cerámica y el señor Germán Machaca como ordenanza. La inesperada muerte de mi padre en 1973 no impidió, sin embargo, que el Taller siguiera funcionando, aunque ahora bajo la dirección del profesor Takahashi. Con el tiempo, la afluencia de alumnos se fue reduciendo y en 1985 el Taller de los Niños Pintores de Chucalezna fue cerrado y su personal derivado a escuelas de Humahuaca y Uquía.

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Las pinturas de Chucalezna

En 1986, mi abuela -ya jubilada- se radicó en San Salvador de Jujuy. Al poco tiempo, supo que el municipio crearía un Museo de Bellas Artes. ¿Qué mejor lugar, entonces, para donar la veintena de obras de los Niños Pintores de Chucalezna que había resguardado durante años? Pero tenía una condición: que la sala en la que fueran expuestas llevara el nombre de su hijo, mi padre, Jorge A. Mendoza.

Así fue que el 4 de junio de 1986, mediante el Decreto Nº 686, la intendencia encabezada por David Jorge Casas aceptó la donación. Y como los trabajos necesitaban cierta restauración (algunos habían estado guardados por más de diez años), esta labor quedó a cargo del reconocido artista Raúl Chirimonti.
La entrega de las obras de los Niños Pintores de Chucalezna se efectivizó el 18 de agosto de 1986, en un acto que tuvo lugar en el Salón de la Unión de Empresarios de Jujuy. Y, sorprendentemente, fue allí cuando el Intendente Casas anunció que el Museo Municipal de Bellas Artes de San Salvador de Jujuy, llevaría el nombre de Jorge A. Mendoza, al considerar esta decisión como “un justo reconocimiento y homenaje póstumo que el profesor Mendoza merece de las autoridades y pueblo de Jujuy”.

Donacion1 chucalezna-wordpress-com

Donación de las obras de los Niños Pintores de Chucalezna. En el centro el Intendente David Casas. A su izquierda: Nicolasa Nelson, la Prof. Delia Gómez Rubio, gran amiga de mi padre y Rolando Mendoza, hermano de Jorge (1986,  colección Verónica Mendoza).

Las obras donadas al Museo fueron veinte, todas realizadas en témpera o tinta témpera. Infortunadamente, el nombre de varios de los autores no pudo ser datado debido a que esa información se fue perdiendo en el tiempo.Mi escuela - Andrea Garnica chucalezna-wordpress-com

1- Cerros norteños (60 x 45 cm), de Lidia Ríos (11 años).
2- Cochinoca (108 x 79 cm)
3- Paisaje (105 x 69 cm)
4- Paisaje (110 x 70 cm)
5- Montañas (109 x 74 cm), de Zoilo Gaspar.
6- Paisaje (99 x 63 cm)
7- Cochinoca, Abra Pampa (105 x 69 cm), de Cástulo Vilte.Cochinoca Cástulo Vilte chucalezna-wordpress-com
8- Rumi Cruz, Abra Pampa (103 x 67 cm)
9- Noche de luna (110 x 73 cm)
10- Mi escuela (96 x 71 cm), de Andrea Garnica (13 años).
11- Coquena (157 x 93 cm)
12- Yacoraite (100 x 64 cm)
13- Punta Corral (98 x 63 cm)
14- Burritos salineros (158 x 97 cm)
15- Ruta 9 (138 x 96 cm), de Roberto Martínez (14 años).
16- La víbora (110 x 74 cm), de María Chorolque (15 años).
17- Paisaje (101 x 65 cm)La víbora María Chorolque chucalezna-wordpress-com
18- Paisaje (105 x 68 cm)
19- Paisaje (105 x 69 cm)
20- La quinta de Don Aparicio (105 x 78 cm)

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img006 chucalezna-wordpress-comSegún lo detallado en el acta de donación y aceptación de cargo, estas obras “constituyen un conjunto unificado que por ningún motivo podrá dejar de exponerse en el Museo Municipal de Bellas Artes (…) Profesor Jorge A. Mendoza, ni cederse parcialmente o totalmente a otra entidad u organismo oficial o particular, constituyendo esta condición un cargo de la donación que deberán cumplir los funcionarios que en adelante se desempeñen en los cargos de Intendente Municipal y Secretario de Noche de luna chucalezna-wordpress-comCultura o el funcionario que reemplace en competencia dicho cargo.” Además, quedó explicitado que si se incumpliera con los requisitos planteados en esta donación, “la misma quedará automáticamente revocada, es decir de pleno derecho, sin necesidad de interpelación judicial o extrajudicial alguna, pudiendo retirar la colección del lugar que se encuentre, en forma total o parcial, hasta recuperar la totalidad de los cuadros que integran dicha colección.” Asimismo, los funcionarios firmantes se comprometieron a “velar Ruta 9 Roberto Martinez chucalezna-wordpress-compor su conservación, mantenimiento y exposición permanente en el Museo Municipal de Bellas Artes (…), cualquiera sea el lugar donde éste funcione en el futuro”. Dicho acta se firmó ante escribano público unos momentos previos al acto de inauguración del Museo. El Intendente Municipal de San Salvador de Jujuy, David J. Casas y el Secretario de Cultura, Jorge D. Calvetti, firmaron en representación de la Municipalidad.

Los destinos del museo

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Mi abuela Nicolasa, mi madre y yo durante la inauguración del Museo. En el fondo el trabajo “Burritos salineros”, que pertenece a la colección de obras donadas (1987)

La inauguración oficial del Museo tuvo lugar casi un año después, el 25 de julio de 1987, en el edificio de calle Güemes 956. Allí estuve junto a mi abuela Nicolasa y mi madre, Ofelia Bertolotto. Como adolescente que recién había cumplido quince años, me recuerdo muy emocionada, aunque algo abstraída de lo que significaba el acto en sí. Creo que lo más importante para mí, fue sentir el reconocimiento hacia mi padre por parte de la comunidad. No sólo como una figura pública, por lo que él brindó sino, sobre todo, por escucharlos referirse a él como “una gran persona”, halagando su personalidad, sus valores. Más allá de que todos los que lo habían conocido, no dejaron de reconocer nuestro parecido físico.

Un lugar para esta historia

Puesto que siempre se alojó en propiedades alquiladas por la Municipalidad, el Museo fue cambiando de sede con los sucesivos cambios de gestión. Inclusive, por un período durante la década del 2000 el Museo no contó con un espacio físico para funcionar, por lo que las obras permanecieron expuestas (aunque no todas) en un salón de actos del propio edificio de la Municipalidad de Jujuy.
Desde 2003, el Museo Municipal de Bellas Artes “Profesor Jorge A. Mendoza forma parte del Centro Cultural “Dr. Manuel Belgrano”, en la “Vieja Estación” del Ferrocarril Belgrano y las obras de los Niños Pintores de Chucalezna se exponen en sus salas.

El museo está ubicado en Av. Urquiza 410, San Salvador de Jujuy y su teléfono es: (+54) 388- 402-0149.

***© veromendo

Jorge Mendoza e hija, en el entorno de obras de arte de los Niños Pintores de Chucalezna, en el Museo actual (2012, Alberto Ronzoni).

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Fachada de la “Vieja Estación”, donde funciona el Museo “Jorge A. Mendoza (2014, El Tribuno de Jujuy).

Fotos y agradecimientos

Las fotos de los trabajos de los Niños Pintores de Chucalezna corresponden a “Mi escuela” (Andrea Garnica), “Cochinoca” (Cástulo Vilte), “La víbora” (María Chorolque), “Paisaje“, “Noche de luna” y “Ruta 9” (Roberto Martínez) y fueron tomadas por Ofelia Bertolotto.

Foto de El Tribuno de Jujuy (15-02-2014). La nota original se puede visitar en: http://www.eltribuno.info/jujuy/374041-Museo-de-Bellas-Artes-Jorge-Mendoza-una-opcion-para-visitar.note.aspx

Agradezco muy especialmente a Alberto Ronzoni por sus correcciones y sugerencias hechas con tanta paciencia y cariño.

 Links relacionados:

 

 Por favor, en caso de tomar información de esta página, tenga a bien citar la fuente original, nombre de los niños autores de las obras y toda información relevante. Esta información se publica para hacer una difusión sincera, sin fines de lucro, del patrimonio cultural de Jujuy. Gracias.   V.M.

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English abstract

Jorge Augusto Mendoza, my father, was an art, painting and sculpture professor who created and directed the novel Chucalezna’s painting workshop (Taller de Chucalezna) during the ‘60. Chucalezna is a humble spot placed in the middle of the Quebrada de Humahuaca, surrounded by a unique landscape. Children of all over the place who attended his lessons, created marvellous paintings and small sculptures which were considered pieces of art. Professor Mendoza prematurely died in 1973, while he was making efforts to expand his initiative in other cultural areas, with the aim of bringing together the local inhabitants and developing a source of income for the community as well.
In 1987, Jujuy Municipal Museum of Art was created when Nicolasa Nelson, the mother of professor Mendoza, donated twenty of the paintings performed by the former students of the Taller de Chucalezna, under his direction.
The donation was made on condition that the paintings were kept together as a single collection and permanent exhibited. She also request that the museum was named as her son Jorge A. Mendoza, as tribute to his contribution to the cultural development of Jujuy province.
Nowadays the “Jorge A. Mendoza” Art Museum is placed at the former railway station, taking part of the Centro Cultural Manuel Belgrano (410 Urquiza street) and it opens from 8am to 1pm and from 3pm to 7pm daily, except weekends and public holidays (information updated to 2016-02). I regret to inform that the Museum did not show an indicative sign of its time schedule.
Take your chance and visit the Museum to enjoy the most wonderful collection of naïve paintings made by children of Chucalezna (Quebrada de Humahuaca), and other local artists as well.                                                                                                        (c) veromendo

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日本語で

フフイ の美術館の名前は「メンドサž•žžžホルヘ」。メンドサ·ホルヘは私の父でした。

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Postales de Jujuy: Tilcara

A través de estas imágenes evoco la Tilcara que vivieron mis padres y abuelos, y rememoro la de mi infancia…

Vista panorámica de Tilcara hacia 1930 por Federico Kohlmann

Vista panorámica de Tilcara hacia 1930 por Federico Kohlmann (archivo de la BNMM)

Por su emplazamiento, su clima, su historia y su cultura, Tilcara sigue siendo el pueblo cuyo nombre surge inmediatamente, en el imaginario de jujeños y forasteros, al nombrar la Quebrada de Humahuaca.

1930∗∗∗2011

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Tilcara hacia 1920 por Federico Kohlmann (archivo de la BNMM)

1920∗∗∗2011

Referencias

2002

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Tilcara, panorámica hacia el Oeste (veromendo, 2002).

 

 

 

En la búsqueda de la imagen comunicante

 

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“Naturaleza contrastante por su topografía accidentada, por su incontrolable lujuria formal, por su luz anonadante, por el vértigo de sus sombras, por las múltiples y constan­tes mutaciones, por el flujo y reflujo de su invencible misterio.

Así es Jujuy, contrastante, suspendida a veces en su abismo territorial, atemporal; otras comunicante, vital e indomable en su virginidad.

Aquí la atomización mecanicista no ha llegado, no ha destruido aún esa especie de magia subyacente que re­sopla y nos angustia por momentos, como así nos impul­sa otras.

De este mundo emergemos, de allí nuestra obra pro­ducto de un andar pausado, de un sentir lleno de asom­bro, sumergidos en lo telúrico, ajenos al vano juego de las especulaciones intramentales, en la búsqueda de la imagen comunicante.”

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Catálogo de la exposición conjunta en Galería Van Riel, Buenos Aires, 4 al 16 de mayo de 1970.

Descubriendo el Qhapaq Ñan por la Quebrada de Sapagua

Por la ruta del Q Ñan banner

En agosto de 2016 tomé rumbo a Jujuy para sacarme la mufa y la humedad del sur. El truco funcionó y unos días gloriosos de sol y calorcito me esperaban dispuestos a abrazarme (y a cambiarme el humor).

La visita a Humahuaca ese año fue reveladora por muchos motivos. Por un lado, fui invitada a la casa de la profe Faltracco para participar de la ceremonia en honor a la Pachamama (Entrada 134). Y ese mismo día, luego de la increíble experiencia de purificación, de comer y de beber con la tierra, la dueña de casa me propuso marchar hacia los petroglifos de Sapagua que yo, desde hace tiempo, ansiaba ver con mis propios ojos.

El lugar está bastante cerca de Humahuaca, hacia el NO. Nos acercamos en vehículo por RN9 tanto como pudimos y luego, al adentrarnos por un camino de ripio que ascendía levemente, empezaron a aparecer a nuestra derecha unas suaves ondulaciones aterciopeladas todavía en marrones y ocres invernales. La tarde estaba especialmente radiante y al iniciar la marcha de a pie pude quedarme en remera y asolearme, dejando atrás las tres infatigables capas de abrigo.

Sapagua Comp2--

Encontrar el punto de descenso hacia la playa del río Sapagua en la zona donde está la pared con los petroglifos no es fácil, por ello es que siempre se recomienda ir con un guía de la comunidad de Hornaditas. Sin embargo, fue muy divertido hallar la forma de descender, ante la mirada azorada de una majada de cabritas que, desde el cerro de enfrente no podían comprender tanta torpeza. Finalmente, derrapamos a metros de “El pintado”: los petroglifos estaban allí, en vivo y en directo. El cartel que había visto en las fotos de difusión turística del lugar ya no estaba, seguramente llevado por la corriente del río en algún verano reciente. La destrucción de las defensas que pretendían poner a resguardo estas maravillas arqueológicas así lo sugiere.

Panel 2016-

Panel de “El Pintado“, Humahuaca, Jujuy (veromendo, 2016)

El paso del tiempo, el clima, el crecimiento de vegetación en los intersticios y también el turismo displicente han generado un deterioro en los paredones esgrafiados. Aun así resultan fascinantes. El pasado y el presente colapsan en un mismo punto del espacio  (ver ENTRADA 35).

Por el río Sapagua

Quebrada del río Sapagua (veromendo 2016)

Decidimos disfrutar del regreso emprendiendo una caminata por la playa, mientras buscábamos un lugar de ascenso natural. Fue así que con sorpresa nos topamos con vestigios del histórico Qhapac Ñan y  decidimos retomar nuestro camino por esas antiguas huellas.

Qhapaq Ñan, que en lengua quechua significa “principal camino”, se refiere a la red vial que llegó a unir el centro-oeste de Argentina y Chile con el suroeste de Colombia bajo dominio de la cultura Inca, antes de la llegada de los españoles. Esta red de caminos sumó más de 30.000 km en total, conectando centros de producción, administración y sitios ceremoniales. Muchos de ellos habían sido construidos durante la época pre-incaica pero luego, el Tawantinsuyo los tomó como propios e impulsó su ampliación e interconexión para cubrir un área geográfica cada vez mayor. De esta manera, el con frecuencia denominado “Camino del Inca”, constituyó la base de su poder político y económico.

La provincia de Jujuy se encuentra surcada por parte de esa extensa red de arterias que conforman el Qhapac Ñan. En la actualidad pueden encontrarse algunas de sus estructuras, mostrando la conexión que existía entre la región de la Puna con la Quebrada de Humahuaca y de ésta, con las Yungas permitiendo reconstruir, las actividades de los pueblos pre-hispánicos y sus relaciones comerciales. Los lugares elegidos para el emplazamiento del camino y la fortaleza de la construcción le han permitido resistir hasta nuestros días a pesar de la topología y de la erosión por la rigurosidad del clima. Según pude informarme, remontando la Quebrada del río Sapagua hacia el oeste y continuando por Inca-Cueva, persisten tramos del Qhapac Ñan en buen estado.

Sapagua

La vista del río Sapagua desde el Qhapac ñan (veromendo 2016)

Mientras caminábamos en silencio por esa senda ancestral, nos íbamos desintegrando y pasábamos a formar parte del paisaje. Empecé a sentir una emoción única, con la sensación de estar en total conexión con mis omnipresentes antepasados andinos.

El Qhapaq Ñan fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2014.

© veromendo 2017

Referencias y recomendaciones

veromendo en SapaguaMi agradecimiento a “la profe” Alicia Faltracco, guía en los senderos del Qhapac Ñan.

Koas para la Pacha

En agosto durante las celebraciones en honor a la Pachamama, así como en otros rituales agrícolas y ceremonias en la zona andina de Bolivia, Argentina y Chile, es imprescindible la presencia de la “koa”, una planta nativa emblemática.

sahumerio con carbones y koa

Sahumerio, carbones y ramitas de koa durante la ceremonia a la Pachamama en Humahuaca (veromendo, 2016)

Investigando sobre su origen y propiedades pude saber que, en realidad, son varios los arbustos resinosos aromáticos que se reúnen bajo el nombre de “koa” u otras denominaciones vernáculas, integrando familias botánicas diferentes (1).

A su vez, palabra “koa” significa “lo que se transforma en otra cosa” (2). Por ello, la acción de “koar”, es decir, quemar estas plantas de manera ceremonial y sahumar, representa un acto de limpieza, de curación o un medio para elevar los pedidos y agradecimientos a las divinidades y a los ancestros. El humo entonces, es el vehículo que ejerce la capacidad de comunicar y unir los diversos mundos en la cosmovisión andina. El poder simbólico está contenido en el nombre: “koa” (o en sus otras nominaciones) y no necesariamente en la especie botánica involucrada que, si bien es importante, puede ser reemplazada (3).

Cada pueblo, un ritual, un nombre

Una completa descripción de las koas fue publicada en los trabajos de Carolina Villagrán y Victoria Castro, donde sus usos están minuciosamente explicados y discriminados por zonas y poblados de las regiones del norte de Chile. Según esas investigaciones, la koa, koba, o wirakoa es considerada la planta ceremonial más importante de los Andes que, tanto en la zona más septentrional de Chile como en el sur de Bolivia se identifica con el arbusto de Diplostephium cinereum, abundante entre los 3500 y 4500 m de altitud en los Andes. La planta se recolecta, se pica, se seca y después se quema sin que prenda en llamas, de manera similar a como en Mesoamérica se utiliza el copal. Con ella se sahuman los animales durante la “señalada”, como forma de asegurar su fecundidad y su multiplicación. También se la utiliza en la ceremonia de “huilancha” ofrecida a la Pachamama, los mallkus o los santos, en retribución por los favores de fertilidad para el campo y el ganado. Asimismo se emplea para rituales de limpieza de la casa, para inaugurar un techamiento e incluso, para curarse de algún “mal” (1, 2).

D. cinereum vs P. quadrangularis vs F. bryoides

Algo más al sur, en la región chilena de Antofagasta, comienzan a utilizarse otros dos arbustos resinosos: Fabiana squamata y Fabiana bryoides, pertenecientes a la familia de las Solanáceas. Allí, estas especies son llamadas k’oa, koba, koba Santiago, illakowa, koille, entre otros nombres. También se encuentran presentes aunque con menor abundancia, en los tolares del sur de Bolivia y norte de Argentina a la misma latitud. Allí también, su uso está relacionado con el sahumado del ganado, limpieza de canales de riego o acequias y como una costumbre para la suerte. Algunas diferencias en el ceremonial se observan en las diversas poblaciones, aun encontrándose muy cercanas entre sí, remarcando lo local y lo familiar en la tradición. Por ejemplo, se pueden quemar junto con llareta (Azorella compacta) o con wiracoba (D. cinereum) traída de más al norte; el procedimiento puede hacerse en un plato o en un “kobero”, sahumador de cerámica confeccionado para tal propósito.

Desde tiempos antiguos, algunas regiones han funcionado como ruta de enlace entre territorios andinos. Allí, el constante intercambio de tradiciones culturales ha promovido el uso concomitante de las variedades botánicas endémicas y de las especies “importadas” desde otras regiones. Tal es el caso del territorio de Pica-Collahuasi-Ollagüe, en Chile, donde se utilizan Diplostephium cinereum, a la usanza del extremo norte de Chile y sur de Bolivia, Fabiana squamata (aquí llamada tara macho) característica de áreas más sureñas y la resinosa local Parastrephia teretiuscula (“tara koba”) (1, 2).

En la Quebrada y la Puna jujeñas, según Bugallo & Vilca, la koa o koba destinada a quemarse es Parastrephia quadrangularis, cuyo aroma queda asociado a los momentos de ceremonias en que se “da de comer” a la Pachamama. Asimismo, al traer alimentos de otras regiones, los mismos son “chayados” y sahumados con esta planta, en un ritual destinado a conservar su “ánimu” –sus propiedades– y con el deseo de que duren más. Con fines curativos, relatan que “los olores de las plantas que se sahuman entran en el cuerpo” y “crean el ambiente de curación” (4).

P. quadrangularis Ref.7 pag151

Parastrephia quadrangularis (Ref. 9, pp. 151).

Por otra parte, Ivana Jofré Luna aporta su análisis sobre los rituales en Antofalla (Catamarca), donde se usa la misma especie botánica, que aquí recibe el nombre de “chachaco’a”, para la señalada, para las ceremonias para la Pachamama y durante otros rituales agrícolas. En ocasión de estar en falta, la planta puede ser reemplazada por especies lugareñas, como “pata de perdiz” (Fabiana bryoides [Phil]) o “lejía” (Baccharis incarum [Wedd.]) (3). Volviendo al territorio chileno, en el área del Salar de Atacama las funciones de la koa también son identificadas con Parastrephia quadrangularis, llamada vulgarmente chacha, chacha hembra (2).

En la zona de Potosí, Bolivia, se describe que terminada la construcción de una casa se realiza una ceremonia en la que se utiliza la “q’uwa” como planta ceremonial para sahumar, aunque no se especifica a qué especie botánica corresponde (5).

Db de Koas Chile Arg

Distribución de las diferentes especies de “koa” en Chile y Argentina en base a las fuentes consultadas (Mapa base: Google Earth)

Todos los nombres, la koa

Una misma especie botánica que crece en diferentes ámbitos geográficos puede ser conocida mediante dos o más nombres vernáculos, ya sea por influencia de los distintos idiomas que confluyen en una misma región o porque la tradición oral ha ido transformando esos nombres. Se revaloriza así su importancia lingüística y cultural (6, 7). Por otra parte, un mismo nombre vulgar puede ser utilizado para referirse a especies botánicas diferentes que, por el simple hecho de ser elegidas para participar de los rituales, transmutan en “koa” (1, 2).

De esta manera koa, khoa, ko’a, koba, koba hembra, koya hembra, wirakoa, huira-koa, k’oa, koba, koba Santiago, koa Santiago, orqokipa, orqo kipat’ula, qoba, illakowa, koille, koba macho, tara macho, tara koba chacha, tola, pulika, chacha, chacha hembra, chacha chica, chacha fina, chachakoa, koa macho, chakatola, chachaco’a, tola de río, tola vaca, tola cebosa, tola kobatola, kulkut’ula; kobatola, kulkut’ula, chacha macho, chacha pelada, tola, koba del zorro, koya macho, koya, kolla, koba, biscular, q’uwa son algunos de los nombres vernáculos recopilados a partir de las diferentes fuentes consultadas para este artículo.

Por su parte las especies botánicas asociadas a estas denominaciones corresponden a Diplostephium cinereum, Fabiana squamata, Fabiana bryoides, Parastrephia quadrangularis (Parastrephia lepidophylla), Parastrephia teretiuscula, Baccharis incarum, Plazia daphnoides.

  • Diplostephium cinereum: koa, koba, koba hembra, wirakoa.
D. cinereum - Cristián Estades

D. cinereum (por Cristián Estades, GEP, Chile)

Es un arbusto resinoso y aromático, perteneciente a la familia de las Asteráceas. Su nombre botánico –diploos, doble y stephan, corona– refiere a los vilanos en doble hilera que persisten en los aquenios o frutos, y cinereum, del latín cinereus, gris-ceniza, hace referencia al color característico de sus hojas tomentosas. Las inflorescencias son en capítulo, con flores marginales liguladas, femeninas, blancas mientras que las flores centrales son tubulosas y hermafroditas (8). El género comprende cerca de 90 especies, todas nativas de los Andes desde Colombia hasta el N de Chile en la denominada transición tolar-pajonal, y para el altiplano boliviano, en la zona vegetacional de Puna Seca. Esta especie fue observada en el piso puneño, creciendo conjuntamente con Parastrephia quadrangularis, Baccharis tola, Fabiana ramulosa, gramíneas, entre otros arbustos (9, 10).

  • Parastrephia quadrangularis (Meyen) Cabrera: chacha, chacha hembra, chacha chica, tola, pulika, coba, tola de río, tola vaca, tola cebosa.
P. quadrangularis por Lucas Burchard Señoret-Flickr-

Parastrephia quadrangularis por Lucas Burchard Señoret (Flickr).

El nombre específico de este arbusto resinoso, perenne y nativo, significa “cuadrangular” y alude probablemente al aspecto que muestran sus ramas debido a la disposición de sus hojas. Variando desde 20 cm a 1,5 m de altura, sus ramas se disponen de forma densa y laxa, algo rastrera. Las hojas imbricadas, muy apretadas al tallo, presentan una nervadura central y la cara inferior tomentosa. Ofrece flores tubulares amarillo-anaranjadas. Es una especie representativa del piso altoandino de Chile, por sobre los 4000 msnm, asociada con Azorella compacta (llareta) entre otras. En Argentina, se la encuentra desde Jujuy hasta San Juan, entre los 3000 y los 4700 msnm, en formaciones arbustales y en vegas de la Puna. Se la utiliza como medicinal, como leña y forraje. También tiene propiedades tintóreas en la gama de los verdes y amarillos (9, 11, 12). Esta especie presenta una morfología similar a Parastrephia lepidophylla, aunque esta última mostraría un crecimiento mucho más erecto y ramas más delgadas. Dado que comparten el hábitat, pueden ser confundidas (9, 11). En algunas referencias se citan como dos denominaciones de una misma variedad (13).

  • Parastrephia teretiuscula (Kuntze) Cabrera: tola kobatola, kulkut’ula, kobatola, kulkut’ula, chacha macho, chacha pelada, tola, koba del zorro
P. teretiuscula Ref.7 pag152-

Parastrephia teretiuscula [Ref. (9), pp. 151].

Es un arbusto pequeño (familia de las Asteráceas) forma parte de los tolares en torno a los 3800 m de altitud, integrado a las comunidades del llamado piso puneño. Las ramas son verde-amarillentas y presentan una lanosidad blanquecina en el tallo, donde las hojas se disponen. Forma comunidades arbustivas junto con especies de Fabiana, Baccharis y Junellia, entre otras. Es considerada planta medicinal y también es utilizada para leña (9, 11).

  • Fabiana squamata Phil.: qoba, koba, santiago koba, koba santiago, koa, orqokipa, orqo kipat’ula
F. squamata por S. Teillier-

Fabiana squamata por S. Teillier [Ref. (16), pp. 20]

En un arbusto pequeño, de resina fragante perteneciente a la familia de las Solanáceas. Mide aprox. 30 cm de alto. Se caracteriza por presentar hojitas muy pequeñas, imbricadas, que semejan escamas dispuestas en torno al tallo y lo recubren en distintos grados, otorgándole un tono verde claro-amarillento. Es endémica del norte de Chile, habitando en determinados sectores de la puna por sobre los 3400 m de altitud, integrándose de esta manera, a los pisos: puneño y altoandino (9) donde coexiste con Baccharis tola, Azorella compacta, Parastrephia quadrangularis, entre otras (11).

  • Fabiana bryoides Phil.: k’oa, k’oa Santiago, oreja, oreja de ratón, pata de loro, pata de perdiz, leña de lagarto
F. bryoides Ref. 9 pp. 231

Fabiana bryoides [Ref. (11), pp. 231]

Es un arbusto resinoso de unos 40 a 70 cm de alto, con tallos densamente poblados de hojas, perennes, sésiles, glabras. Las inflorescencias son terminales y solitarias con flores tubulares que van del blanco, amarillento al azulado-violáceo. Se la usa como leña y como planta que acompaña los rituales de las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, en Chile, y también en el noroeste de Argentina. Se ubica en ambientes altoandinos y puneños, entre los 2900 m y los 4900 m de altitud. Crece protegida por las rocas en laderas secas, arenosas, rocosas; se la ha observado creciendo en salares por lo que es considerada resistente a los suelos muy salinos. Junto con Parastrephia quadrangularis son plantas típicas del altiplano de Antofagasta y Atacama (3, 11, 14, 15, 16).

  • Baccharis incarum ó Baccharis tola Phil ó Baccharis lejia Phil.: ñakat’ula, ñakat’ola, tola, lejía, ñacatula, tola lejía, baila bien

El género Baccharis (Asteráceas) tiene alrededor de 400 especies exclusivamente americanas, presentes desde el centro-sur de los Estados Unidos hasta Tierra del Fuego, y sólo en la Argentina se han relevado 99. Baccharis deriva de Baco, dios de la vendimia y el vino en la mitología romana, probablemente en relación con las propiedades aromáticas de la raíz del vegetal. En la Puna el nombre “tola” se utiliza para designar indistintamente a varias especies de arbustos de morfología similar (12).

Baccharis tola por Mauricio Mercadante Flickr-

Baccharis tola por Mauricio Mercadante (Flickr)

Baccharis tola es un arbusto resinoso de 30 a 75 cm de altura, con ramas redondeadas, resinosas, con hojas densamente distribuidas dispuestas hasta el ápice, que suelen tener un aspecto lustroso debido a la presencia de resina que las recubren. Florece en forma abundante durante el verano, con flores blancas reunidas en capítulos. En la zona andina Argentina se encuentra presente hasta Mendoza, entre los 2200 y 4500 msnm, muy abundante en arbustales de suelos arenosos y pedregosos de la Puna jujeña. Se la utiliza localmente por sus propiedades medicinales, como combustible y forraje. Se han descripto dos subespecies: Baccharis tola Phil. ssp. tola y Baccharis tola Phil. ssp. altiplanicola F.H. Hellwig (9, 11, 12).

  • Plazia daphnoides Weddel: koya macho, koya, kolla, koba, biscular

Plazia daphnoides es una especie llamada koya macho, que coexiste en su habitat con la koa ceremonial Diplostephium cinereum y, aunque no reviste características resinosas (2, 7) se incluyó en esta descripción puesto que los nombres vulgares que recibe coinciden con algunos de los consignados para otras especies.

El género Plazia (Asteráceas) fue descripto por los botánicos españoles Hipólito Ruiz López y José Antonio Pavón a fines del 1700. Su nombre fue elegido en homenaje a Juan Plaza, médico y profesor de botánica español que creó uno de los primeros jardines de plantas medicinales en la Universidad de Valencia. El nombre específico significa “similar a Daphne”, quizás por presentar algún parecido con las plantas europeas del género homónimo, parecidas al laurel.

Plazia daphnoides es un arbusto de entre 0,5 – 1 m de altura, con ramas jóvenes densamente pobladas de hojas enteras, pubescentes en ambas caras y ramas viejas que carecen de hojas, mostrando cicatrices donde las mismas estuvieron insertas. Las bellas inflorescencias en capítulos solitarios sésiles, aparecen en los ápices de las ramas, con involucro acampanado. Sus flores, hermafroditas, presentan dimorfismo: las marginales son bilabiadas mientras que las centrales son pentalobuladas (17). Su color es blanco-liláceo y poseen un suave perfume (9, 12, 18). Son tres las especies endémicas de la zona andina de Sudamérica, pero en Argentina habita sólo ésta, en las provincias de Jujuy, Salta, San Juan y Mendoza, entre los 2500 y los 4500 msnm. Sus ramas son utilizadas como agujas para tejer y puscas para hilar. Sirve como tinte natural amarillo-verdoso y como forrajera (12). En algunas zonas se observan pocos ejemplares, indicando quizás un problema de conservación (9).

© veromendo, 2017.

Referencias

 (1) Villagrán, C.; Castro, V.; Sánchez, G.; Romo, M.; Latorre, C. e Hinojosa, L.F. La tradición surandina del desierto: Etnobotánica del área del Salar de Atacama (Provincia de El Loa, Región de Antofagasta, Chile). Estudios Atacameños, 1998, (16), pp 7-105: http://revistas.ucn.cl/index.php/estudios-atacamenos/article/view/474/457

(2) Villagrán, C; Castro, V. Ciencia indígena de los Andes del norte de Chile; Editorial Universitaria: Santiago de Chile, 2003, pp. 108-115: https://books.google.com.ar/books?id=n_nKYskOgDQC&dq=koa+planta&hl=es&source=gbs_navlinks_s

(3) Jofré Luna, I. C. Humito que se va pa’l cerro. Problematizaciones sobre la arquebotánica a partir de un caso de estudio en la Puna catamarqueña, República Argentina. Arqueología Suramericana / Arqueología Sul-Americana, 2013, 6, (1,2), 11-28.

(4) Bugallo L. y Vilca, M. Cuidando el ánimu: salud y enfermedad en el mundo andino (puna y quebrada de jujuy, argentina). Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates, 2011. [En línea] en: https://nuevomundo.revues.org/61781

(5) Castro, V. La oralidad y su importancia en la transmisión de técnicas y valores. II Taller de Artífices del Barro (UNESCO), Tlaxcala, México. Septiembre Ponencia: https://www.academia.edu/5696773/La_oralidad_y_su_importancia_en_la_transmisi%C3%B3n_de_t%C3%A9cnicas_y_valores

(6) Vignale N. D.; Gurni, A. A. Avances sobre plantas medicinales andinas. Cap. 4: Parámetros micrográficos para identificar doce especies medicinales andinas de Asteraceae de la Provincia de Jujuy, Argentina. Vignale Nilda Dora y Pochettino María Lelia (Eds.): San Salvador de Jujuy, 2009, pp. 137-141.

(7) Villagrán, C., Romo, M. y Castro, V. Etnobotánica del Sur de los Andes de la Primera Región de Chile: Un enlace entre las culturas altiplánicas y de las quebradas altas del Loa Superior. Chungara. Revista de Antropología Chilena, 2003, 35 (1). pp. 73-124.

(8) Ficha de cinereum. Laboratorio de Geomática y Ecología del Paisaje (GEP) de la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile: http://www.gep.uchile.cl/Biodiversidad/fichas_especies/plantae/arbustos/Diplostephium_cinereum/index.html

(9) Trivelly, M. A. y Valdivia, V. Alcances sobre flora y vegetación de la Cordillera de los Andes. Región de Arica y Parinacota. Región de Tapacará. 2º Ed. Ministerio de Agricultura. Servicio Agrícola y Ganadero: Santiago de Chile. 2009, pp. 112-154: https://issuu.com/terranoide/docs/alcances_sobre_flora_y_vegetaci__n_

(10) Muñoz-Schick, M.; Moreira-Muñoz, A. y Moreira Espinoza, S. Significado de los géneros de plantas chilenas. Gayana Bot. 2012, 69 (2), pp. 309-359.

(11) Trivelly, M. A. y Huerta, J. A. Alcances sobre flora y vegetación de la Cordillera de los Andes. Región de Antofagasta. 1º Ed. Ministerio de Agricultura. Servicio Agrícola y Ganadero: Santiago de Chile. 2014, pp 231-237; 272-278: http://www.sag.gob.cl/sites/default/files/libro_sobre_flora.pdf

(12) Szumik, C.; Molina, A.; Rajmil, J.; Aagesen, L.; Correa, C.; Pereyra, V. V.; Scrocchi, G. J.. El maravilloso mundo de los animales y plantas de la Puna. Alfarcito, Laguna de Guayatayoc, Jujuy, Argentina. Serie Conservación de la Naturaleza, 22. Fundación Miguel Lillo: Tucumán, Argentina, 2016, pp. 105-167.

(13) a) Sistema de Información de Biodiversidad en https://www.sib.gov.ar/ficha/PLANTAE*parastrephia*quadrangularis ; b) Cajal, J.L., García Fernández, J. y R. Tecchi (Eds.). Bases para la conservación y manejo de la Puna y Cordillera Frontal de Argentina. El rol de las Reservas de la Biosfera, FUCEMA/UNESCO, Uruguay: 1998.

(14) Flora Argentina (Plantas Vasculares de la República Argentina): http://www.floraargentina.edu.ar/detalleespecie.asp?forma=&variedad=&subespecie=&especie=bryoides&espcod=4472&genero=Fabiana&autor=2&deDonde=4

(15) Aguirre, M. G.; Rodríguez Criado, M. F. Experimentación con especies leñosas de la Puna Meridional de Argentina. Aportes a los estudios antracológicos. Comechingonia Virtual: Revista Electrónica de Arqueología. 2013, 17 (2), pp. 255-274.

(16) Alaria, A. y Peralta, I. Las especies de Fabiana Ruiz & Pav. (Solanaceae) que crecen en Chile Chloris Chilensis, 2013, 16 (1), pp. 1-24: http://www.chlorischile.cl/

(17) a) Plazia daphnoides en floraargentina.edu.ar : http://www.floraargentina.edu.ar/detalleespecie.asp?forma=&variedad=&subespecie=&especie=daphnoides&espcod=17376&genero=Plazia&autor=196&deDonde=0&letra=Plazia b) Ficha de antecedentes de especie (2015). Ministerio de Medio Ambiente – Gobierno de Chile: http://www.mma.gob.cl/clasificacionespecies/fichas12proceso/pac/Plazia_daphnoides_12RCE_INICIO.pdf

 

Imágenes:

SITIO RECOMENDADO PARA FLORA Y FAUNA DEL ALTIPLANO: https://www.flickr.com/photos/burchard/

“adoro escribir estos textos…”

Delicada y feroz

“¡Ya pueden venir los tigres con sus garras!”
El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

Argemone mexicana, comúnmente llamada cardo santo, es una planta nativa presente desde el sur de Estados Unidos y México hasta Argentina. Se la encuentra en rastrojos, campos de pastoreo, orillas de caminos, baldíos, terraplenes de ferrocarril, por lo general prefiriendo suelos fértiles y asoleados. Los delicados pétalos de su flor, en la gama del amarillo, tiemblan ante una suave brisa y contrastan con sus hojas glaucas y espinosas. Pertenece a la familia de las Papaveráceas.

Dentro de esta especie, las variedades mexicana y ochroleuca son las que se encuentran en Argentina y, en particular, en la provincia de Jujuy. De manera equivalente se ha utilizado el nombre Argemone mexicana var. ochroleucaArgemone subfusiformis, para la especie presente en América del Sur.

argemone santibañez

Cardo santo a la vera de la Av. Santibañez, en San Salvador de Jujuy (veromendo, nov. 2015)

Popularmente esta especie es utilizada con fines medicinales a partir de ejemplares silvestres y también como ornamental, cultivándose en jardines y cercos vivos donde es muy útil como atractora de polinizadores. Como medicinal, el empleo de sus hojas, tallos tiernos, flores y raíces debe hacerse con gran cuidado puesto que los principios activos presentes –saponinas, berberina y protropina, entre otros– son tóxicos en altas dosis. Cabe aclarar que esta especie no se halla inscripta en la Farmacopea Nacional Argentina.

Sin embargo, esa toxicidad ha sido aprovechada con éxito, aplicando los extractos alcohólicos obtenidos de hojas de Argemone subfusiformis para el control de larvas de Aedes aegypti, el mosquito transmisor del dengue, entre otras enfermedades.

Referencias

 

 

Perpetua Villa San Martín

 

Vº San Martín chucalezna

Vista de Vº San Martín hacia 1960 (por Jorge Mendoza)

 

Esta imagen me llena de nostalgia pues, tal como relaté en una Entrada anterior, durante mi infancia viví precisamente en una esas casas, en la primera fila de la fotografía, sobre la costanera. Hacia el año 1978, la Villa era todavía considerada un barrio semi-marginal de San Salvador de Jujuy, de pobre reputación aunque en aquel momento y a mi edad me era imposible percibirlo así. Era la extensión de mi hogar, la antigua casona que habitábamos balconeando directamente hacia el río Grande. Hacia el frente, algún que otro sauce en la orilla, la playa y sobre la otra margen, el coqueto barrio de “Los Perales” descendiendo desde el cerro homónimo. Hacia el oeste, podía verse el glorioso cerro Azul, con su típico “poncho” de granizo en el invierno y en diciembre un gigantesco árbol navideño, cuajado de bombillas de todos colores, que emergía desde la mismísima usina de Jujuy.

Pero la entrañable panorámica -la de la fotografía- me recuerda a aquella que, volviendo de alguna jornada extenuante de paseo por “La Viña” o “Los Perales”, anticipaba que ya casi estábamos en casa.

Desde Los Perales 26-11-2007 por hraffag PANORAMIO

Vista de Vº San Martín desde Av. Mosconi -acceso a Los Perales- en 2007 (por hraffag, Panoramio)

Imágenes y referencias