Chucalezna – La Cherenta

CLAUDIO SAMOS fue uno de los amigos más queridos de mi padre, que siempre ha estado presente en las charlas familiares relacionadas con Jujuy, y también con Chucalezna.

La Cherenta - Óleo sobre tela - 1996 (Catálogo de la exposición de Claudio Samos,

La Cherenta – Óleo sobre tela – 1996.
Del catálogo de la exposición de Claudio Samos “Cherenta y otros lugares” – Jujuy- 2007.

En mis archivos guardo una nota, de 2008, donde el propio Claudio relata su experiencia de recién llegado en Jujuy, su amistad con mi padre y la creación del Taller de Chucalezna.

Aquí comparto un fragmento de dicha entrevista realizada por en El Ojo de la Tormenta “Digital” (*), en 2008.

En esta entrevista realizada a principios de enero en Jujuy, el pintor Claudio Samos, un enamorado de la selva jujeña y “de su vegetación que se come todo”, habla del arte en el pasado y en el presente, de sus motivaciones, de sus maestros, de la libertad y del valor de una obra buena. Este año expone, extrañamente, en una muestra sobre Buenos Aires, también habla de eso.

 -Ud. vivió en Jujuy en un momento en el que hubo muchos artistas plásticos y mucho auge del arte en general.

-Fue un momento que vivimos, en el ‘57 habíamos egresado de las escuelas superiores. Y había muchas oportunidades, Brasil, Europa; en Paraguay iban a crear una escuela de Bellas Artes y necesitaban profesores; incluso en Buenos Aires ya trabajábamos. Pero yo tenía un amigo, Jorge Mendoza, que era de Jujuy, que había hecho la escuela con nosotros y que vivía con nosotros allá. Era como un hermano. Yo, ya había estado en Jujuy en el ’50, paseando. Estudiaba en la Escuela de Náutica, pero aquí me decidí por la pintura. Hablamos con Jorge para ver qué posibilidades había de venir a Jujuy, porque acá teníamos el paisaje y no queríamos nada más. Averiguó con sus padres, porque su padre era director de escuela en Abra Pampa y su madre, en Chucalezna. Había unos contactos para venir. Nos vinimos; éramos seis.

También había un por qué muy importante de la venida. Había un movimiento general de conocer el país, de vivir sus rincones, Conozca su país se proponía a los habitantes de Buenos Aires. Este fue un lema muy importante de la política del frondizismo. Y así vinimos, sin ningún aval. Queríamos ir al interior, porque para quedarnos en la capital de la provincia, casas más casas menos … Algunos amigos pidieron Tusaquillas, Rinconadilla, por ejemplo, y Raúl Galán, el poeta, que estaba en el Consejo de Educación en ese momento nos dijo que ahí nos íbamos a volver locos porque no había nada: cielo y piedras solamente.

-¿Por qué les interesaba tanto el interior de la provincia de Jujuy? ¿Qué buscaban?

Incluso allí hicimos una escuelita con la madre de Jorge, se compuso un grupo de chicos pintores y fue muy interesante, después los llevamos a exponer al teatro San Martín, a Harrod’s. Íbamos allí sábado y domingo. Ya estábamos en Jujuy pero había que crear los cargos. Esperamos unos días y tres fueron destinados a Ledesma, yo a La Esperanza, otro a La Quiaca, y Jorge se quedó acá porque hacía falta un profesor de escultura en la Escuela Provincial de Artes. Esta es la historia de por qué vinimos; sin ese lema del frondizismo hubiéramos ido a otros lados, como Paraguay, pero queríamos quedarnos aquí.

-¿Con qué se encontró en Jujuy?

-Me hice cargo de las tareas de dibujo de la Escuela Nº 4 “Esteban Leach” de La Esperanza y ahí en el Hotel me había hecho un lugar para poder pintar, trabajar, hacer mis apuntes, en el poco tiempo que me quedaba, porque el trabajo era mucho, no sólo dentro de la escuela sino también fuera, por los festivales, ferias, a los que había que hacer la escenografía, por ejemplo, para el comienzo y el final de la zafra. Todo esto me llevaba mucho tiempo, pero algo pintaba.

 -Y Cherenta, ¿cómo aparece?

-Justamente el motivo por el cual yo me enamoré mucho de ese lugar fue Cherenta, incluso, la muestra que hice aquí en 2007 se llamó “Cherenta y otros lugares”. De ahí venían muchos alumnos. Y decían “Mire, profesor, viene la tormenta y me tengo que ir”. Y preguntaba dónde y vivían y la respuesta era “en La Cherenta”. Era un nombre que se repetía y me preguntaba qué sería La Cherenta. Un día vino el censo del ’60 y me tocó ir a censar a La Cherenta. ¡Por fin!, el lugar quedaba a sólo 10 cuadras de la escuela y sin embargo, era tan lejano e impenetrable como la Cordillera. Y me fue gustando mucho todo, la gente, las casas, cómo vivían, la luz, el diálogo, los chicos. Todo. Y así fue a hacer mis apuntes y dibujos a La Cherenta y de ahí saqué las imágenes, que luego en casa, en mi taller, fui componiendo. Fue como un inicio de mi pintura.

-¿De La Esperanza hacia adónde fue?

-Luego fui profesor de los talleres libres de arte de San Pedro, de la Escuela Normal, y así hasta que el físico no aguantó más, el clima no me hacía bien. Los médicos me recomendaron irme, después de un tiempo de trabajar aquí y de haber ganado un concurso de dibujo y pintura, me fui para La Rioja, donde estuve dos años, y luego me fui definitivamente a Buenos Aires. Lo hice con toda la tristeza porque muchos se quedaron aquí como Groppa, Pellegrini, y yo seguí en Buenos Aires, por la familia. ”

(*) Copyright © 2008 El Ojo de la Tormenta – Reservados todos los derechos. Lavalle 261, Oficina 5—Bº Centro – San Salvador de Jujuy (4600) – Jujuy – Argentina – Correo: info@elojojujuy.com.ar http://www.elojojujuy.com.ar/index.php?pag=2&art=1942.

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