AM

(About Me)

 

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
Mitologías y cosmogonías,
Antes que el tiempo se acuñara en días,
El mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
Y antiguo ser que roe los pilares
De la tierra y es uno y muchos mares
Y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,
Siempre. Con el asombro que las cosas
Elementales dejan, las hermosas
Tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
Ulterior que sucede a la agonía.

El mar, Jorge Luis Borges.

( El otro, el mismo, 1964)

Estatice (Limoniun sinuatum)

Limoniun sinuatum, conocida también como Siempre viva o simplemente Statice.

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Estatice otoñal en cantero de la capilla de Tumbaya. Foto 35 mm, veromendo (2005).

Esta planta originaria de la región mediterránea en Europa, norte de África y Palestina, está ampliamente difundida en nuestro país, y en especial es muy representativa de la Quebrada de Humahuaca, junto a los delicadamente perfumados y famosos claveles tilcareños.

El Limonium es una planta perenne, que presenta variedades con flor de diferentes colores y unas hojas rústicas, oblongas lobuladas pennadas. Las flores, con forma de trompeta, son pequeñas y se encuentran reunidas en pequeñas espigas dispuestas casi horizontalmente. Los colores típicos van del blanco al violeta, y muchas veces una misma planta presenta dos colores diferentes. El período de floración en la Quebrada, ocurre durante el verano y hasta el otoño. Es por ello que es bastante común encontrarlas aún en flor durante las celebraciones de Pascua y Semana Santa.

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Detalle de la flor de Siempre viva o estatice. Foto: Frank Vincentz (*).

Como flor de corte, tiene larga duración, manteniendo sus vivos colores por largos períodos, por lo que se utiliza en adornos florales, y muy comúnmente como flor para ofrendar a los muertos, en cementerios y apachetas. Sin embargo, ver las plantas en flor en algún jardín quebradeño resulta muy agradable, poniendo una nota de tonos violáceos que contrasta vivamente con los tonos tierra del suelo.

Estatice en ofrenda chucalezna-wordpress-com

Ofrenda de estatices (o estatíes), en un cerro quebradeño.       Foto: veromendo 2012.

***

Fuentes y agradecimientos:

(*) Foto Frank Vincentz: http://es.wikipedia.org/wiki/Limonium_sinuatum#mediaviewer/Archivo:Limonium_sinuatum_06_ies.jpg

Viva Jujuy! en el subte de Buenos Aires

Hace unos días, al viajar en el Subte de Buenos Aires, finalicé mi recorrido en la estación José Hernández de la línea D. ¡Qué casualidad! Al bajar al andén me encontré ante una gigantografía que promocionaba el turismo en la provincia de Jujuy (Secretaría de Turismo de Jujuy). No pude resistir a la tentación y tomé algunas fotografías con el celular.

A Jujuy siempre se vuelve” dice una conocida frase…

Y cuando no ¡ella viene a vos!

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Gráfica de Viva Jujuy! en la Estación José Hernández de la línea D de subterráneos de Buenos Aires. En la imagen se observa el famoso Cerro de los Siete Colores, que enmarca al encantador pueblo de Purmamarca (veromendo, abril 2014).

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El orgullo de ser jujeña.

 

Recomendaciones

Un humilde homenaje a Radio Belgrano (1983-1989).

“…por dónde empezar, a dónde llegar,

cuál es la verdadera historia que tengo delante,

de qué habla en el fondo, qué tengo yo y ustedes que ver con ella,

qué dice de nosotros.”

Juan Forn

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En la 40ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que todavía tiene lugar en esta ciudad, se presentó el libro

 Radio Belgrano (1983-1989). El aire que la democracia nos legó”

Cuyos autores son  Carlos Ulanovsky, Susana Pelayes, Alberto Ronzoni y Gustavo Lema

Tapa fondo gris

Imagen del libro Radio Belgrano (1983-1989). El aire que la democracia nos legó (2014, Ediciones Colihue).

A primera vista, la temática de este libro pareciera estar desconectada de la de este Blog. Sin embargo, está íntimamente relacionada con la historia de libertad en nuestro país: libertad de pensamiento, de expresión y de acción. Asimismo, creo que coincide plenamente con los ideales que pretendió encarnar y transmitir mi padre, Jorge A. Mendoza, a través de otra actividad, la docente, en la provincia de Jujuy, hasta su fallecimiento en 1972.

En lo personal, quiero apoyar a  Alberto Ronzoni, mi compañero de vida y papá de Victoria Abril, en este logro, que constituye un hito más que importante para nuestra familia y que, estoy completamente segura, celebramos los tres, aunque desde diferentes planos. Es por ello que, de los tres prólogos con que los autores introducen el libro, elegí el texto de Alberto para esta entrada.

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Alberto y Victoria, hace dos años, participando de un festival solidario, veromendo detrás de la lente-celular.

Un humilde homenaje 

Prólogo por Alberto Ronzoni

El 10 de diciembre de 1983, cuando Raúl Alfonsín nos invitó desde el balcón del Cabildo de Buenos Aires a creer —de una vez por todas— en nosotros mismos, yo contaba con 22 años recién cumplidos, 14 de ellos transitados bajo gobiernos de facto.

Entre 1973 y 1979 cursé el secundario en las Escuelas Raggio, cuyas aulas es­taban (están) a pasos de las instalaciones de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada, hoy Espacio Memoria y Derechos Humanos). En 1980, me tocó hacer “la colimba” y, tras dos meses de una estúpida instrucción militar en La Tablada, terminé en una oficina del Edificio Libertador del Ejército (cuando lo encabeza­ba un general alcohólico, que soñaba con ser presidente para mandarnos a una guerra). En 1982, me inscribí en la Carrera de Sociología, reinstalada en la UBA luego de pasar por un período de clausura.

No pretendo indicar con esto que mi biografía es tan importante como para formar parte de un libro. Solo remarco, justamente, que en esos años pasé por las mismas estaciones que miles de jóvenes. Y en ese tren de la vida siempre se oían rumores de una verdad escondida y de la que muchos preferían no saber. Para estos, la mayoría de los medios de comunicación era la mejor compañía que po­dían tener. Pero, para quienes queríamos algo más, eran pocos los lugares dónde buscar: la revista Humor —y luego también El Porteño—, el semanario Nueva Presencia, el Buenos Aires Herald (para quienes se llevaban bien con el idioma inglés) y algún programa de Radio Continental.

Con el tiempo, nos enteramos de que muchos detenidos-desaparecidos, es­clavizados en los altillos de la ESMA, solían escuchar nuestras voces cuando disfrutábamos de los recreos en la Raggio. O que alguno de mis compañeros y varios no docentes vigilaban nuestro ser nacional en la facultad, escondiendo suscredenciales de la SIDE. Y nos enteramos de tantos horrores que no pudimos (o no quisimos) ver que, aún hoy, a tanto tiempo de aquello, cierta vergüenza sigue pegada a la piel.

Pero, quedó dicho, hubo quienes se animaron a rasgar esos velos informativos en los tiempos de oscuridad y que, por supuesto, cuando a fines de 1983 la demo­cracia volvió para quedarse, exigieron con sus trabajos la libertad que teníamos que ganar. Hubo quienes lo hicieron desde la prensa gráfica, otros escribiendo libros, algunos desde las pantallas de televisión y varios desde los micrófonos ra­diales. Y, precisamente, los mejores, a mi juicio, se instalaron en Radio Belgrano.

Cuando el año pasado en Radio Nacional trabajábamos sobre los 30 años de la democracia, pensé que, sin lugar a dudas, aquella emisora que tantas mañanas, tardes, noches y madrugadas supo acompañarnos en esos años de primavera po­lítica merecía también su lugar en esa historia. Y cuando junto a Susana Pelayes y a Carlos Ulanovsky pusimos manos a la obra, no nos quedó duda alguna de que aquella radio que la democracia nos legó, era merecedora de un reconocimiento especial.

Vaya, entonces, mi abrazo agradecido a aquellos con quienes comparto el amor por la radio. Pero, sobre todo, gracias por lo que me brindaron como oyente. Reciban de este colega, que los considera sus maestros, este humilde homenaje.”