Un humilde homenaje a Radio Belgrano (1983-1989).

“…por dónde empezar, a dónde llegar,

cuál es la verdadera historia que tengo delante,

de qué habla en el fondo, qué tengo yo y ustedes que ver con ella,

qué dice de nosotros.”

Juan Forn

***

En la 40ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que todavía tiene lugar en esta ciudad, se presentó el libro

 Radio Belgrano (1983-1989). El aire que la democracia nos legó”

Cuyos autores son  Carlos Ulanovsky, Susana Pelayes, Alberto Ronzoni y Gustavo Lema

Tapa fondo gris

Imagen del libro Radio Belgrano (1983-1989). El aire que la democracia nos legó (2014, Ediciones Colihue).

A primera vista, la temática de este libro pareciera estar desconectada de la de este Blog. Sin embargo, está íntimamente relacionada con la historia de libertad en nuestro país: libertad de pensamiento, de expresión y de acción. Asimismo, creo que coincide plenamente con los ideales que pretendió encarnar y transmitir mi padre, Jorge A. Mendoza, a través de otra actividad, la docente, en la provincia de Jujuy, hasta su fallecimiento en 1972.

En lo personal, quiero apoyar a  Alberto Ronzoni, mi compañero de vida y papá de Victoria Abril, en este logro, que constituye un hito más que importante para nuestra familia y que, estoy completamente segura, celebramos los tres, aunque desde diferentes planos. Es por ello que, de los tres prólogos con que los autores introducen el libro, elegí el texto de Alberto para esta entrada.

Imagen059

Alberto y Victoria, hace dos años, participando de un festival solidario, veromendo detrás de la lente-celular.

Un humilde homenaje 

Prólogo por Alberto Ronzoni

El 10 de diciembre de 1983, cuando Raúl Alfonsín nos invitó desde el balcón del Cabildo de Buenos Aires a creer —de una vez por todas— en nosotros mismos, yo contaba con 22 años recién cumplidos, 14 de ellos transitados bajo gobiernos de facto.

Entre 1973 y 1979 cursé el secundario en las Escuelas Raggio, cuyas aulas es­taban (están) a pasos de las instalaciones de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada, hoy Espacio Memoria y Derechos Humanos). En 1980, me tocó hacer “la colimba” y, tras dos meses de una estúpida instrucción militar en La Tablada, terminé en una oficina del Edificio Libertador del Ejército (cuando lo encabeza­ba un general alcohólico, que soñaba con ser presidente para mandarnos a una guerra). En 1982, me inscribí en la Carrera de Sociología, reinstalada en la UBA luego de pasar por un período de clausura.

No pretendo indicar con esto que mi biografía es tan importante como para formar parte de un libro. Solo remarco, justamente, que en esos años pasé por las mismas estaciones que miles de jóvenes. Y en ese tren de la vida siempre se oían rumores de una verdad escondida y de la que muchos preferían no saber. Para estos, la mayoría de los medios de comunicación era la mejor compañía que po­dían tener. Pero, para quienes queríamos algo más, eran pocos los lugares dónde buscar: la revista Humor —y luego también El Porteño—, el semanario Nueva Presencia, el Buenos Aires Herald (para quienes se llevaban bien con el idioma inglés) y algún programa de Radio Continental.

Con el tiempo, nos enteramos de que muchos detenidos-desaparecidos, es­clavizados en los altillos de la ESMA, solían escuchar nuestras voces cuando disfrutábamos de los recreos en la Raggio. O que alguno de mis compañeros y varios no docentes vigilaban nuestro ser nacional en la facultad, escondiendo suscredenciales de la SIDE. Y nos enteramos de tantos horrores que no pudimos (o no quisimos) ver que, aún hoy, a tanto tiempo de aquello, cierta vergüenza sigue pegada a la piel.

Pero, quedó dicho, hubo quienes se animaron a rasgar esos velos informativos en los tiempos de oscuridad y que, por supuesto, cuando a fines de 1983 la demo­cracia volvió para quedarse, exigieron con sus trabajos la libertad que teníamos que ganar. Hubo quienes lo hicieron desde la prensa gráfica, otros escribiendo libros, algunos desde las pantallas de televisión y varios desde los micrófonos ra­diales. Y, precisamente, los mejores, a mi juicio, se instalaron en Radio Belgrano.

Cuando el año pasado en Radio Nacional trabajábamos sobre los 30 años de la democracia, pensé que, sin lugar a dudas, aquella emisora que tantas mañanas, tardes, noches y madrugadas supo acompañarnos en esos años de primavera po­lítica merecía también su lugar en esa historia. Y cuando junto a Susana Pelayes y a Carlos Ulanovsky pusimos manos a la obra, no nos quedó duda alguna de que aquella radio que la democracia nos legó, era merecedora de un reconocimiento especial.

Vaya, entonces, mi abrazo agradecido a aquellos con quienes comparto el amor por la radio. Pero, sobre todo, gracias por lo que me brindaron como oyente. Reciban de este colega, que los considera sus maestros, este humilde homenaje.”

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Un pensamiento en “Un humilde homenaje a Radio Belgrano (1983-1989).

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