Niños Pintores de Chucalezna por Jorge A. Mendoza

“Cualquier creación artística es hija de su tiempo y, la mayoría de las veces, la madre de nuestros sentimientos.”

Wassily Kandinsky

NIÑOS PINTORES DE CHUCALEZNA

por Jorge Augusto Mendoza

img134

Alumna del Taller de Chucalezna, realizando sus dibujos sobre papel afiche montado sobre una de las paredes de adobe del Taller. Foto Lorenzo Kelly (1959)

“A 120 km. al norte de San Salvador de Jujuy, con la presencia del cerro Yacorayte, ya en el departamento de Humahuaca, un caserío diseminado a lo largo de ambas márgenes del río: Chucalezna.

Su característica geográfica, a una altura de 3.000 m. sobre el nivel del mar, presenta el típico paisaje montañoso, árido. El río Grande recorre la quebrada, en cuya angosta faja de tierra utilizable, las familias, que no llegan a treinta, se dedican a la agricultura y ganadería en pequeña escala. El pastoreo de rebaños caprinos lo realizan en lo alto de las montañas. Llevan, por lo tanto, una sufrida vida de pastores y labradores que deben acondicionarse a la rigurosidad del clima que no ofrece óptimas condiciones para su desarrollo, imponiéndoles una lucha permanente por la subsistencia.

Se distinguen en la zona, fundamentalmente, dos aspectos que están relacionados con el clima: el verano, época de siembra y cultivo de plantas como maíz, trigo, papas, habas, frutales. Es cuando sus habitantes gozan de los productos frescos que les ofrece la tierra madre. El invierno, por otro lado, constituye una transformación de la vida. Los campos abandonados nos dan a entender que las familias han emigrado en busca de mejores posibilidades económicas, por ej.: la zafra azucarera. Todo el esplendor veraniego caduca, la zona es un triste paisaje de pardos y ocres. El verde ya no existe, la vida entra en un letargo invernal.

Existen, cotidianamente, problemas muy serios que afectan a la economía de la familia, como por ej. la falta de agua para el riego de sus pequeñas plantaciones, la venta de sus cosechas a bajos precios, las heladas tardías que destruyen las plantaciones e impiden una nueva siembra, falta de medios para el traslado de sus cosechas a un centro urbano, atraso técnico para el trabajo del campo, etc.

En lo que respecta a la vida, todavía conservan su atavismo aborigen. Como desde hace tiempo no se ha introducido nada que pueda cambiar o alterar el aspecto de las cosas, la vida, esencialmente, se desarrolla con menos posibilidades que en la antigüedad, pues la práctica de las artesanías ha dejado de ser importante y se va perdiendo día a día.

La zona no goza de ningún privilegio urbano, sólo existe la escuelita rural que cumple una verdadera misión humana: educar a los niños y solucionar cualquier tipo de problema que los habitantes llevan al maestro como única posibilidad de consulta. Es, por lo tanto, el centro cultural, corazón vivido y palpitante. Allí acuden niños desde lugares muy lejanos, que con grandes sacrificios se realizan: desde la escritura temblorosa hasta la expresión por medio de la forma y el color, en la creación de sus imágenes plásticas.

Hablamos de la Escuela Nacional Nº 112, cuya directora, Nicolasa N. de Mendoza, tuvo la maravillosa iniciativa de la creación de un taller de dibujo y pintura. Comenzó a funcionar a mediados del año 1959 bajo la dirección del profesor Jorge A. Mendoza.

Desde entonces, los niños tuvieron un nuevo tipo de experiencias, que es el hacer plástico. Se dedicaron a la pintura, infundiendo en el taller actividad y crecimiento. Después de tres años de trabajo se vieron pinturas en salas de exposiciones de Buenos Aires, Mar del Plata, La Rioja, Salta y Jujuy.

La expresión plástica de este taller proporciona las condiciones y medios para lograr un valioso aporte cultural, máxime si la comunidad responde ampliamente a estas exigencias que se dan en sus antepasados, tejedores y alfareros, cuya cultura ya es conocida por las investigaciones arqueológicas.

Si por las actuales condiciones sociales la gente .del lugar se ve impedida de realizar sus expresiones culturales a través de las artesanías, el taller facilitó la vuelta a estas actividades que hasta el momento habían permanecido relegadas, no por carecer en sí de interés, sino por factores económicos y la falta de orientación estética adecuada.

Concurren al taller casi la totalidad de los niños que van a la escuela primaria y responden a las manifestaciones plásticas en otra medida que el escolar de centros urbanos, pues en su vida cotidiana están al margen de influencias que distorsionarían sus imágenes, como la televisión, la radio, las revistas, la publicidad, etc. Por lo tanto, las artes plásticas constituyen el medio de expresión que les da posibilidades de volcar lo más íntimo de su ser. Lo hacen en forma primitiva, pura, de gran expresividad.

Se vuelcan a la pintura con mayor interés que a un mero juego de colores; pintar, para ellos, significa interpretar a su modo la naturaleza. Todos los elementos que van realizando los sienten como propia realidad: pintan la montaña que conocen, que recorrieron mil veces, a la que confiaron su sueño. Pintan plantaciones que ellos mismos sembraron, dejando caer la simiente de sus propias manos. Escenas de la vida diaria, en las cuales son actores. Todo se transforma, en su expresión a la medida de sus percepciones, de su visión de niños y con imágenes propias de niños, pero con responsabilidad de adultos.

Mientras pintan dejan volar su fantasía, manejan el color con amplia libertad y seguro contenido. Trabajan, desde cubrir las grandes zonas del cuadro hasta la minuciosidad del motivo, con un verdadero amor hacia la pintura, por ende hacia su propia vida expresada en ella.

Manejar con destreza todas las calidades que les ofrece el material: la tempera… Expresar superficies aguadas, de colores transparentes, como también empastes y texturas de mucha materia, interpretadas con la profunda sensibilidad de una herencia aborigen: gusto por la exaltación del color encerrado en una forma plena.

Consiguen en sus trabajos el espacio, no a través de perspectiva óptica o agrisamiento del color, sino por superposición de planos cerrados, que nos da una atmósfera transparente y de mucho colorido.

Otro hallazgo es la correcta interpretación en la proporcionalidad de los elementos. En todos los cuadros no escapa la sensación del monumental paisaje montañoso y la relación con diminutas figuras humanas, animales o casas. Es siempre primero la montaña, luego la vida intrascendente en ella.

Todas las pinturas, además, nos dan un mensaje: cada una de ellas es un instante mismo de la vida. Para el que sepa verlo, cada trabajo será, indefectiblemente, una obra de arte ante sus ojos.” 

© Jorge A. Mendoza

Jorge Mendoza y autor de Adan y Eva en el paraíso LK

Prof. Jorge Mendoza y alumno del Taller. En el fondo, una obra muy destacada, “Adán y Eva en el Paraíso”, cuyo destino se desconoce. Foto: Lorenzo Kelly (1959).

Por favor, en caso de tomar información de esta página, tenga a bien citar la fuente original. Esta información se publica para hacer una sincera difusión del patrimonio cultural, NO para rellenar un espacio ni para obtener un lucro. Muchas gracias. V.M.

© veromendo

Más sobre este tema:

Anuncios

7 pensamientos en “Niños Pintores de Chucalezna por Jorge A. Mendoza

  1. Pingback: Geografías. Chucalezna. | chucalezna

  2. Pingback: 2014 Año Internacional de la Agricultura Familiar | chucalezna

  3. Pingback: INDEX, una guía de las 99 primeras entradas. | chucalezna

  4. Visite el museo en la vieja estación de Jujuy soy de buenos aires es una maravilla jamas voy a olvidar ni los cuadros ni la película les recomiendo que la vean es emocionante

  5. Hola, mi nombre es Yolanda, soy docente de nivel secundario. Tengo la suerte de compartir mis tareas cotidianas en la escuela con una bellísima persona: Don Miguel Florentino, quien en su niñez tuvo la bendición de ser “un niño pintor de Chucalezna”. Gracias a su experiencia y relato comenzamos a conocer de la existencia de esta maravillosa experiencia que ha marcado profundamente la vida de muchos niños y niñas de nuestro querido y sufrido norte jujeño. Como hija de esta tierra siento un enorme orgullo por la grandeza de aquellos pequeños gigantes de ayer y de hoy, que desde lo más profundo y auténtico de su ser, ofrecieron y ofrecen “sus obras” para el deleite de todos nosotros y sabiamente nos enseñan a través de ellas. A nuestros chicos de secundaria les mostramos los videos de los niños pintores (que gracias a Dios los hay) y notamos el impacto y emoción que ocasionaron en ellos.Tenemos en mente un proyecto que está cobrando forma, quiera Dios que podamos concretarlo. Vaya mi reconocimiento y agradecimiento a los pioneros y a quienes hoy en día sostienen esta gran obra.

    • Hola Yolanda! Qué hermoso tu contacto! Gracias. Queda el blog a tu disposición si necesitás difundir tu proyecto o si necesitás mi colaboración para algo. Un abrazo! Verónica Mendoza

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s