Termas en Jujuy

img969Con motivo de celebrarse el centenario de la Revolución Francesa en 1889, el gobierno argentino fue invitado a participar de la Exposición Universal de París. Con ese fin, el gobierno nacional formó una comisión de notables para relevar y determinar qué elementos presentaría nuestro país en una feria de tal magnitud. De esta manera, en Jujuy se conformó una Comisión Auxiliar Provincial para la mencionada Exposición y se encomendó al vicepresidente de dicha Comisión, el Senador Nacional Eugenio Tello, la elaboración de un informe que promocionara las riquezas de la provincia. A pesar de contar con el “angustioso” término de 29 días para relevar datos de todas las regiones jujeñas, logró presentar el informe a término tomando como base datos censales agrícolas y pecuarios. El informe se acompañó, con muestras de tejidos y cueros de producción regional, hierbas medicinales autóctonas y producciones vegetales tradicionales en la provincia, como el tabaco, maderas nativas. También minerales, yeso, diversas clases de arcillas, y elementos de producción cultural como alimentos típicos, fotografías y hasta pinturas con el sello de artistas locales, que fueron enviados a París.

El informe del Senador Tello fue compilado en un libro, impreso en 1888 (imprenta de José Petruzzelli, San Salvador de Jujuy), acompañado por una descripción somera del territorio, clima y relieve de Jujuy y de las actividades que en él tenían lugar, a cargo del Dr. Joaquín Carrillo, quien es considerado el primer historiador de la provincia.

La re-edición facsimilar se realizó en 1988, al cumplirse los 100 años de aquella primera, por iniciativa del escritor Néstor Groppa, en ese entonces Secretario de Publicaciones de la Universidad de Jujuy (gestión del Ing. Agr. Luis R. Kindgard como rector).

El texto central en esta entrada fue extraído del informe “Descripción Brevísima de Jujuy, Provincia de la República Argentina” de Joaquín Carrillo.

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AGUAS MINERALES I FUENTES TERMALES

En varios puntos de la Provincia hai aguas minerales; pero las mas conocidas i notables son las de los baños termales de Reyes i otras en el Departamento de Ledesma.

Al poniente de la ciudad de Jujui i siguiendo la quebrada del lecho del Rio de Reyes á una distancia de 23 kilómetros i à una altura de 1890 metros del nivel del mar i de 60 metros del plano de la quebrada principal se abren en la ladera de la montaña de Chañi grietas en rocas calcáreas i metamórficas por donde surjen ocho vertientes de agua caliente cuya temperatura es de 78°, i corren por una pendiente de diez metros de distancia hasta mezclarse con las aguas del arroyo de Agua Caliente.

Allí se han formado pozos por los bañistas i pequeños canales para conducir á ellos el agua caliente de las vertientes i el agua fría del arroyo.

Estos baños son frecuentados por numerosos valetudinarios, reumáticos, herpéticos, neurosos, paralíticos, dispépticos i sifilíticos. No hai comodidad ni facilidades para una temporada agradable i seguramente provechosa. Se lleva allí ó se construye el techo, se acumula los alimentos necesarios, se prepara à voluntad el baño i se acorta la soledad con ejercicios voluntarios por aquellos agrestes parajes en que resuena constantemente el eco del torrente precipitado entre rocas enormes i pequeños quijarros.

Se puede establecer por el análisis que las fuentes minerales del Agua Caliente contienen:

Aguas sulfuradas

Reyes—Las fuentes de agua sulfatadas puras son muí raras: mientras tanto se atribuyen propiedades medicinales á las que poseen mas acido sulfúrico que chloro, ó que contienen estas sustancias en igual proporción. Entre estas se pueden clasificar las del Agua Caliente de Reyes.

1.000 centímetros cùbicos de agua de las fuentes termales dá:

Ácido silícico                     0.0350     gr.

Ocsido de aluminio          0.0004     «

Sulfato de potasa             0.0611      «

   «       «    soda               0.2831     «

    Sulfato de cal                  0.1921        gr.

Bicarbonato de magnesia 0.0442       «

          «             «    fierro       0.0062      «
          «             «    soda        0.1203       «

Sal común                            0.0590      «

Sustancia orgánica              0.0670      «

Ácido carbónico (libre)    0.0346    «

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Postal de Termas de Reyes – Foto: “Cuevas” (Jujuy)

 

Aguas silicadas

Reyes—El agua fría del arroyo prócsimo á las vertientes termales, no contiene sinó una cantidad pequeñísima de sustancias minerales; es de calidad superior. Un litro de agua evaporada á 120° c. no dá sinó un resíduo de 0.0957 gr. Contiene 0.0126 gr. de ácido silícico. 1.000 c. c: contienen:

Silicato de cal                          0.0183   gr.

       «        «  soda                       0.0064   «

Ocsido de aluminio               0.0005   «
Sulfato de potasa                  0.0234   «

     «         «   cal                       0.0083   «

Bicarbonato de cal             0.0192   «

         «           « magnesia  0.0156   «

         «           «  fierro          0.0045   «
         «           «  soda           0.0042   «
Sal común                          0.0094   «

Sustancias orgánicas        0.0025   «

Acido carbónico [libre]   0.0103   «

Estas determinaciones han sido hechas por el Profesor D. Max Siewert.

Creemos de importancia real estas aguas minerales i su aprovechamiento técnico é industrial por otros análisis i empresa de sostenimiento de las construcciones allí necesarias.

Otras fuentes hai al Este en los declives de la serranía de Santa Bárbara que son consideradas aguas ferruginosas, que han sido mencionadas como tales por M. Moussy; pero de las que no conocemos positivamente su situación i composición.

El Rio de Zapla que desemboca en el Rio Grande á 40 kilómetros de Jujui al Este es frecuentado también para baños, atribuyéndose á sus aguas propiedades medicinales. Recórrela falda occidental de la serranía de Zapla i se les cree propiedades del agua de zarza; creemos que contendrá compuestos de hierro, sodio i calcio.

Tiene los encantos de un clima templado, de una vejetacion hermosa i de variados paisajes de montaña i llano.

Joaquín Carrillo

San Salvador de Jujuy, 1888.

Andrea Avalle - Panoramio Serranías de Zapla MNorteSerranías del Zapla – Foto: Andrea Avalle, en Panoramio.

Otras referencias:

1) Clavel de Báez, M. S.; Davire de Musri, D.; López Daneri, M. E.; García A. M. J. Aportes para la Historia de la Historiografía. 1988, Servicio de Publicaciones de la FFHA, Universidad Nacional de San Juan, San Juan, Argentina, p. 54. http://www.ffha.unsj.edu.ar/publicaciones.htm

2) Veniard, J. M. Aspectos culturales de la concurrencia argentina en la Exposición Universal de París de 1889. 2010. Épocas – Revista de Historia, USAL, núm. 3, 165-188.

3) Estación “El Bordo” en Crónicas e Historias Ferroviarias, donde refiere al Complejo Termal “El Sauce”: http://cronicasehistoriasferroviarias.blogspot.com.ar/2010/01/estacion-el-bordo.html

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Enigmas de la Quebrada

Es un vetusto cañadón de veinte leguas, socavado por los elementos en el correr de siglos. Canal zigzagueante, zaguán ciclópeo, hondo tajo abierto en laberinto monta­ñoso para unir pueblos. Panorama cóncavo en que las formas se yuxtaponen en dislocado ritmo y las líneas juegan extraños dibujos asimétricos. Espectáculo no co­mún de rocosas masas policromas sobre un cristalino fondo añil. Quebrada verde y exuberante en su desem­bocadura; áspera y rugosa a mitad de su recorrido; árida y triste en las estribaciones de su nacimiento.”

José Armanini

El escritor José Armanini abre con esa enérgica descripción su libro “La Quebrada Enigmática“. Allí presenta una serie de historias acontecidas, en simg259u mayoría, en la Quebrada de Humahuaca y rescata valiosos datos históricos y relatos desconocidos de Jujuy. En algunos de ellos, el autor hace una controvertida defensa de los medios con los cuales se conquistó a los pueblos originarios de la Quebrada, destacando más bien las campañas militaristas, la imposición de la religión católica y el traslado forzoso de algunas etnias a miles de kilómetros de su suelo nativo. Cabe aclarar que este enfoque que hoy podemos considerar “anacrónico”, fue el modelo bajo el cual crecieron varias generaciones de argentinos. Hoy en día, este modo de pensar la historia se está revisando y lentamente se va generando un cambio en la lente con que se mira la historia de nuestros pueblos.

A este libro pertenece el escrito “Las cuarenta cargas de plata del Yacoraite”, presentado en la Entrada anterior.

Datos biográficos de JOSÉ ARMANINI (1903-1980).

Escritor y pintor argentino nacido en la provincia de Santiago del Estero que más tarde se afincó en Tilcara, Jujuy, donde desarrolló gran parte de su actividad. Escribió varios relatos, cuentos y novelas ambientados en esta última provincia. En su novela “Guasamayo”, conocida por su puesta en escena en el Teatro del Pueblo en 1943, en Buenos Aires, la acción se desarrolla en un lugar de la Quebrada a comienzos del siglo XX y presenta prototipos, costumbres y tradiciones de aquellos lugares. En 1967 recibió el 2º Premio del Fondo Nacional de las Artes por su obra teatral “Quebrada de Humahuaca” que aparece compilada en su libro “La Quebrada Enigmática” (1969).

Como pintor representó en sus telas paisajes de la Quebrada de Humahuaca y realizó muestras en varias instituciones culturales privadas desde 1933 a 1962.

Obras literarias publicadas:

  1. Relatos Jujeños“. Clío, Buenos Aires, 1927.
  2. La Aristócrata“. Clío, Buenos Aires, 1929.
  3. La Virgen de Punta Corral“. Rosso, Buenos Aires, 1929.
  4. A Jujuy“. A. López, Buenos Aires, 1935.
  5. Coloquio Humilde“. Buenos Aires, 1935. Premio de Honor, Gente de Arte La Peña.
  6. Guasamayo“. Sudamericana, Buenos Aires, 1937. Premio Accésit, concurso literario internacional, A.I.A (sic).
  7. Panta Vilca” Conducta, Buenos Aires, 1943.
  8. Detrás del Cerro” ó “Guasamayo”. Comedia dramática, estrenada en Buenos Aires en 1943. Premio Selección Fondo Nacional de las Artes.
  9. Quebrada de Humahuaca“. Comedia dramática, 2º Premio en obras teatrales inéditas del Fondo Nacional de las Artes, 1967.
  10. La Quebrada Enigmática“. Hachette, Buenos Aires, 1969.

Pinturas:

  • “Paisaje de Tilcara”. Óleo (60 x 70 cm). Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori. Buenos Aires, Argentina (Av. Infanta Isabel 555, Parque Tres de Febrero).
  • “Calle del Cerro Negro”. Óleo sobre madera (105 x 120 cm). Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, Buenos Aires.
  • “Arriero de Jujuy”. Óleo (112 x 80cm). Museo Quinquela Martín, Buenos Aires, Argentina. (Avenida Pedro de Mendoza 1835, Bº La Boca).
  • “Camino a las Fiestas”. Óleo (70 x 60cm). Museo Quinquela Martín, Buenos Aires, Argentina.
  • “La mujer de poncho azul”. Óleo. Museo Regional de Pintura “José Antonio Terry”, Tilcara. (Rivadavia 459, Tilcara, Jujuy).
  • Dos obras de gran tamaño referidas al ascenso y descenso al Abra de Punta Corral desde Tilcara, donadas por el propio artista en 1960 a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario y San Francisco de Asís, Tilcara.

Fuentes

Sobre la biografía de José Armanini:

Sobre sus obras pictóricas:

Sobre sus escritos:

  • La Quebrada Enigmática”. Hachette, Buenos Aires, 1969, pag. 4.

El tesoro escondido del Yacoraite

Entre las historias menos conocidas que han tenido como escenario la Quebrada de Huamhuaca, se encuentra la que tan bien relató José Armanini en su libro “La Quebrada Enigmática” (Buenos Aires, Hachette, 1965).  Dado que es imposible hallarla en internet y el libro no se ha vuelto a editar, me pareció interesante compartirla aquí y además dedicarle unas líneas a su autor, cuyo trabajo literario y pictórico está íntimamente ligado a la cultura quebradeña.

Qda Yacoraite UNT Lorenzo Kelly

Quebrada de Yacoraite – Foto: Don Lorenzo Kelly (1959).

 

LAS CUARENTA CARGAS DE PLATA DEL YACORAITE

 por José Armanini

Entre las distintas versiones relacionadas con el tesoro escondido del Yacoraite, hemos recogido en la Quebrada la que algunos descendientes de los Heredia y los Álvarez Prado dan como verdadera. No existen documentos, ni planos, ni referencia escrita que certifiquen el lugar de su existencia, pero muchos jujeños de vieja raigambre transmiten la historia escuchada a sus abuelos con el solemne respeto y la fe que éstos inspiraban. Según ellos, fue así:

A fin de robustecer las arcas y mantener el equilibrio económico en el menos rico Virreynato del Río de la Plata, el Virreynato del Perú le enviaba anualmente, con carác­ter de subvención y en forma secreta, una determinada cantidad de dinero, consistente en fernandinos de plata y onzas de oro. El traslado de este aporte se realizaba a lomo de mula, burro o llama, a lo largo de seiscientas leguas, presentando exteriormente la apariencia común de un transporte de mercaderías o productos de primera necesidad; pues sobre el lomo de los animales se veían costales viejos y ruinosas petacas de cuero de diferente tipo y laya; un oficial español vestido de paisano actuaba de patrón y cinco arrieros oficiaban de ayudantes.

En el año 1810 esta importante ayuda metálica es conducida en cargas y aparejos acondicionados sobre cuarenta mulas. El viaje es largo y penoso, y mucha la responsabilidad de los encargados de conducir el carga­mento. Este ha vencido las cumbres, abras y valles del Perú, ha cruzado el altiplano inhóspito y entrado ya a la Quebrada jujeña, cuando los ecos de la Revolución de Mayo lo sorprende poco antes de llegar a Huacalera: el Virrey Cisneros ha sido depuesto y se debe acatar al nuevo gobierno presidido por Saavedra. Un gran ejército marcha hacia las provincias del norte para consolidar el nuevo poder constituído.

La noticia es grave para los españoles, pues tiene fuerza de desmembramiento, produce pánico y es terrible­mente desoladora para los que conducen el cargamento. ¿Qué hacer? Las cuarenta mulas con sus costales y peta­cas de plata y oro están ahí, en la playa de Río Grande como a la deriva. ¿Avanzar? Esto significaría entregarse prisionero a las fuerzas rebeldes que vienen en marcha forzada. ¿Retroceder? Tampoco. Se encuentran en juris­dicción de la nueva patria en armas y cualquier autoridad de los pueblos de retaguardia puede tomarlos. Sin em­bargo hay que salvar el tesoro en cualquier forma y a cualquier precio. Ahí, a la vista, está la quebrada afluente del Yacoraite. Llegando hasta las altas cumbres de su nacimiento, podrían encontrar una salida que les permita escapar a Chile. No hay tiempo que perder. La idea se define y la pesada arria sube por la senda pedregosa hasta que los animales, agotados, se resisten a dar un paso más. Ahí cerca están las cimas que los acorralan, pero se ve el desfiladero que les permitirá transponerlas. Sus faldas yermas son cortadas a pique y sólo muestran algunas cuevas que ha socavado el tiempo con sus cotidianos elementos y donde, de tanto en tanto, anida algún cóndor.

Ante el dilema atosigante y premioso, se recurre por fin a una solución desesperada: esconder las cuarenta cargas de plata y oro.

Ahí están las cuevas. En una se han de guardar los aparejos y en otra cualquiera o en disimulada breña, se ha de cavar y sepultar el tesoro. Luego se soltaron los animales y el oficial y los cinco arrieros, uno a uno, tratarán de escapar tomando distintas direcciones.

Así se hace y, horas más tarde, las silenciosas cadenas del Yacoraite son depositarias del tesoro amonedado, que con sus desmoronamientos y exagerado celo ha de guardar entre las capas pétreas y arcillosas de su seno.

A comienzos del siglo XX, se inician en San Salvador de Jujuy los trabajos de construcción de la línea del ferrocarril que ha de unir a la Argentina con Bolivia. En un alarde de esfuerzo humano y de aplicación técnica, ella se extiende a lo largo de la quebrada indomable de Viltipoco y Tolay, la apacible de la colonia y más tarde bravía epopeya emancipadora. Sometida por la civilización y el progreso, ella va cambiando su carác­ter. Ahora la mole trepidante de la locomotora y sus vagones viborea por sus laderas con velocidad allí des­conocida y los ecos de sus silbidos horadan la gran­diosidad virgen del paisaje milenario y policromo.

Allá por el año 1906, los campamentos de “punta rieles” se hallan cerca del pueblo de Humahuaca. Un centenar de hombres, moviéndose como hormigas entre los dos macizos de la Quebrada, levantan terraplenes, cortan cerros y construyen puentes en constante esfuerzo y común acción. Son técnicos, operarios y peones de procedencia y origen dispares: genoveses parias y soli­tarios tiroleses; santiagueños aguantadores y tucumanos alegres, bolivianos y chilenos curtidos; algún andaluz fantasioso y uno que otro yugoslavo triste; el infaltable turco acriollado y muchos hombres del predio que ponen el hombro a la obra que los beneficiará.

Durante la semana se trabaja duro. El sábado por la tarde y en la noche se bebe vino y aguardiente, y se entona, al son de guitarras, bandoneones o concertinas, la evocadora canción de la lejana tierra natal. El domingo, entre copa y copa, se juega a la taba, al truco, al tute o a las bochas y se ventilan diferencias o alca­hueterías a punta de cuchillo, trompadas o palos.

Es una noche dominguera de libaciones y juego cuando Nepomuceno Catacata, hombre de la comarca y trabaja­dor de “punta rieles”, se presenta en el despacho de bebidas de la proveeduría del campamento con gesto raro y movimientos nerviosos. Se acerca al mostrador con mirada y paso alertas. Se acoda en él con movi­miento sigiloso y pide un medio litro de vino. Luego paga con una moneda de plata más grande que la del “quinto” boliviano que por allí circula.

—¿De dónde has sacado esta moneda?— pregunta el cantinero.

Nepomuceno Catacata pide silencio llevando el índice de la mano derecha a los labios. Luego saca de uno de sus bolsillos un puñado de ellas, muestra y responde:

—Tengo muchas. ¿Sirven?

—¿Cómo no van a servir? ¡Son de plata!

—¿Y éstas amarillas?

El empleado toma la que Catacata le alcanza; la ob­serva, calcula su peso, la muerde y, mirando fijamente al peón, exclama:

—¿Dónde has robado este dinero, cochino?

Nepomuceno Catacata vuelve a pedir silencio levándose el índice a los labios y explica:

—Anduve por los cerros y encontré un “tapao”… Son muchas… Más de una carrada…

Pese al silencio y la reserva solicitada, el cantinero habla y la noticia se expande como peste entre el peonaje disperso en las casillas y carpas del campamento.

Catacata sigue bebiendo en el mostrador de la pro­veeduría.

—¡Es el tesoro escondido del Yacoraite! —exclaman, per­plejos, los viejos criollos de la zona, que allí trabajan.

—¿Dónde está el “tapao”?— interrogan los peones, sin disimular su envidia y codicia.

Por toda respuesta, Nepomuceno Catacata arroja varias monedas sobre el mostrador y ordena que sirvan vino para todos.

—¿Dónde está el “tapao”?— asedian los peones en forma casi amenazante.

Nepomuceno Catacata sigue mudo. No habla, ni ha­blará. Nadie sabrá nunca donde se halla su secreta fortuna. Ella le pertenece y la gastará cuándo y cómo quiera. Tomará mucho vino. Mascará mucha coca. Comprará un lindo caballo con montura y riendas chapeadas. No trabajará más con la pala y el pico, ni alzará más rieles. No trabajará en nada ni para nadie. ¿Para qué va a trabajar? Se trabaja para tener plata y esto a él le sobra. Así piensa Catacata y pide más vino. Pide vino para él y para todos los que están allí presentes. Él paga. Para eso tiene plata. Mientras tanto el ambiente se va haciendo cada vez más espeso. Ahora nadie habla. Sen­tados o parados a su alrededor, el peonaje bebe y observa con mirada huidiza al afortunado paisano. Se sigue bebiendo sin medida y, encendida por el alcohol, la mente aflora su maldad y baraja su egoísmo en maqui­naciones y proyectos inconfesables para compartir o apoderarse de esa riqueza.

No obstante su ebriedad, Nepomuceno Catacata presiente la amenaza y el peligro que ya pesa sobre su vida a causa del “tapao”. Por eso arroja unas monedas más sobre el mostrador y sale de la proveeduría ferroviaria haciendo eses y sin mirar al grupo heterogéneo de contertulios. Luego camina con pasos acelerados e inseguros hacia la vía en construcción, como buscando refugio en las sombras de la noche.

Al reanudar el trabajo en las primeras horas del día siguiente, la “cuadrilla colocadora de rieles y durmientes” encuentra sobre el terraplén el cuerpo de Nepomuceno Catacata atravesado por una feroz puñalada. Los dedos de las manos del peón se han clavado como garfios en la tierra y en los bolsillos de su saco ya no hay fernandinos de plata ni onzas de oro. Su alma ha volado llevándose el secreto del tesoro escondido.

Algún tiempo después de que el criminal suceso conmoviera momentáneamente a los habitantes del lugar, la codicia natural de los hombres organiza comisiones para explorar los cerros en que se supone están sepultadas las cuarenta cargas de plata y oro con que el Virreynato del Perú quiso subvencionar al Virreynato del Río de la Plata en el año 1810. Después de cruentas penurias y mucho bregar, una de ellas encuentra la cueva en que se escondieron los aparejos, los cuales, por la acción del tiempo y las filtraciones pluviales, se deshacen con la sola presión de las manos. Este descubrimiento sin valor real pero confirmatorio de la existencia del “tapao”, acicatea el espíritu y renueva el entusiasmo de los hombres que acometen la empresa. Pero, todo es en vano. Pasan meses de exploración y trabajo realizados en sacrificadas condiciones: el tesoro del Yacoraite no aparece. La paciencia se agota, la esperanza se esfuma: él sigue escondido aún entre los cerros como una burla a la tentación, a la codicia, al egoísmo y a la maldad de los hombres.

 

Sobre su autor, José Armanini, ver entrada siguiente.