Ventana al pasado: crónica desde Villa San Martín.

Sent: Tuesday, February 12, 2002 8:58 PM
Subject: anécdotas desde Jujuy (día dos)

Querida amiga:

                         Esta mañana salí muy temprano a caminar y caminar y caminar por Jujuy. Cuando me quise dar cuenta eran alrededor de las 11 AM y me encontraba en la Fascio, sobre el Puente Senador Pérez, mirando hacia el bajo, tratando de divisar aquella vieja casona que fuera “la casa de mi infancia” en Villa San Martín, a la que siempre soñé con volver. Total, que decidí bajar y tomarle unas fotografías para el recuerdo…

Puente Senador Pérez chucalezna.wordpress com Puente Senador Pérez2 chucalezna.wordpress

Retomé la caminata. Pasé bajo el Puente Senador Pérez, crucé las vías del ferrocarril abandonadas a los yuyos y a las trepadoras que emanaban aromas tan intensos y característicos. Pasé por el frente de la Asociación Boliviana, sede de bailantas memorables que sacaban de quicio a mi vieja por el barullo que armaban, y emprendí el descenso hacia la villa. Contra todo lo que me habían advertido me resultó de lo más familiar, barrio humilde de casitas bajas… (muy parecido a Lanús, donde estaba Farmatecnia, mi primer lugar de trabajo). Así que renové las energías y seguí caminando. Al llegar a una esquina tuve un déjà vu. Era la esquina donde mi vieja pegaba la vuelta con el auto cada día al volver de la escuela. Y ahí estaba nomás, doblando esa esquina, (años más tarde, y ahora, a pie), la bendita calle Primero de Mayo, y cincuenta metros más allá el tantas veces ansiado y anhelado n.° 150…
Foto calle chucalezna.wordpressLa cuadra está de lo más cuidada; todas las casitas, pintadas; y la costanera, que solía estar plagada de basura, rellenada. Con el relleno despareció también una especie de laguna donde vivían miles de ranas que te ensordecían con su croar desde el anochecer. Me acerqué y tomé algunas fotos del frente de la casa, de su puerta. Y de pronto, una fuerza sobrepasó mi endémica timidez y percibí mi mano pulsando el timbre, viejo, blanco, el mismo de siempre.

……………… Interminables minutos. Ó quizás fueron segundos -pero me pareció una eternidad- hasta que salió una viejita a quien le expliqué mi caso: “… de chica yo viví en esta casa y, si fuera tan amable, me gustaría pasar para verla de nuevo”. Me respondió: “Bueno, espere que consulto con el dueño”… Otros infinitos minutos. Por fin salió el dueño, un tipo serio que me miró por encima de los anteojitos de leer, y dijo: “Bueno, ¿qué desea?”. Repito el versito: “Esto le va a parecer raro, pero viví en esta casa cuando era chica y, si Ud. me lo permitiera me gustaría poder pasar y tomarle unas fotografías. Mis mejores recuerdos de infancia son de aquí, bla, bla, bla…”. Inmediatamente, me preguntó de todo, que quién era yo, con quién había vivido, en qué época, hasta que se me ocurrió la idea de describirle cierto ventanal que daba hacia el fondo, y también la escalera… Al parecer, lo convencí y me invitó a pasar…
Ventanal chucalezna.wordpressDe repente me encontraba atravesando aquel recordado umbral. Fui reconociendo poco a poco cada detalle. Ahora la casa me parecía más chica que entonces. En eso, vino a saludarme una perrita muy amistosa igual a “Bijou” -nuestra mascota en esa casa-. ¡Casi me desmayo de la emoción! Fue como atravesar un túnel de tiempo…
En resumen, el dueño se presentó como Julio Lencina, cineasta, quien trabajó en las películas La deuda interna y La última siembra junto al director Miguel Ángel Pereyra. Su esposa es antropóloga. La casa, ahora suya, está ligeramente cambiada, aunque los equipos de filmar y los miles de libros me recordaron mucho al ambiente bohemio que reinaba allí cuando nosotros vivíamos. Me abrió cada habitación y me dejó sacar todas las fotos que necesitara, incluso me asesoró en cuanto a la velocidad y el diafragma en las fotos de interior. ¡Qué te parece! ¡Una experiencia única! Por mi parte, le conté de mi viejo y de su historia en Chucalezna. Ellos en cambio, estaban cansados de la vida en B. A. y decidieron volver Jujuy e instalarse en “la casa de mi infancia”.Ventana al río chucalezna.wordpress
Me dio su e-mail por si era necesario contactarlo alguna vez. Le prometí mandarle alguna foto, si es que salían bien. ¡Me aseguró que “iban a salir bien”! Todavía tengo el rollo en la cámara, saqué como veinte… Supongo que las revelare aquí mismo en Jujuy…..
Mientras te escribo estas líneas no puedo evitar que se me piante un lagrimón en memoria de ”mi casita de Jujuy”…

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Fin

Agradecimientos

A Adri Scaglione, amiga del alma, destinataria de esta crónica, que desinteresadamente colaboró en su edición.

TIRAXI, lugar encantado (Clarín, 2004).

Un deslumbrante y extraño paisaje de pinares, murallones, grietas gigantescas y saltos de agua.

Laura Ballatore – Jujuy. Especial

Tiraxi-Juan Fernández CLARIN 2004

Vamos a Tiraxi, la comarca que los pobladores de Jujuy han rodeado de cierto aire de misterio. Tierra de gauchos, pinares y espectaculares paisajes primitivos. Cruzando el río Grande, un farallón de tierra rojiza y grandes cantos azules nos hablan de una. tremenda crecida del último verano. Por un sendero bordeado de pedrones multicolores, comenzamos a ascender en busca del paraje. A nuestro paso, la primera corriente cristalina de un río acusa, con enormes rocas en su cauce, que la naturaleza mostró toda su furia y aterradora belleza no mucho tiempo atrás.
Entre curvas y contracurvas, el angosto camino de herradura va ascendiendo hasta las cumbres cercanas, mientras precipicios vertiginosos alertan al conductor sobre cualquier error. Hacia el este, murallones pétreos definen gargantas cubiertas de pinares donde la luz del Sol, que ahora corre hacia el poniente, ilumina grietas gigantescas y sombrías donde torrentes de agua transparente saltan de piedra en piedra, salpicando de espuma las márgenes difusas y los pinares aportan ya sus oscuros matices.
Y seguimos subiendo. En algunos tramos atravesamos, apenas, cornisas suspendidas entre los cerros, continuando la angosta senda que hace de camino, mientras a nuestro alrededor moles montañosas comienzan a aparecer a cada vuelta de nuestro recorrido. Helechos y pajonales tapizan las laderas, no sin dejar ver hondísimas grietas donde la ausencia de vegetación hace apreciar los estratos de tiempos remotos y las formaciones minerales muestran posiciones caprichosas que nos hablan de cataclismos, fracturas y hundimientos que cubrieron piadosamente las coníferas y embellecieron lianas y los siempre verdes “ichus” con sus largas melenas.
Continuamos el camino que se parece mucho a una espiral de ascenso. El paisaje de los primeros tramos comienza a cambiar y como por arte de magia, las oscuras gargantas y los precipicios se aprecian menos. Al cruzar uno de los tantos ríos que riegan este paraje, van encontrando lugar las más verdes praderas, que se extienden hacia todos los puntos del horizonte, interrumpidas solamente por afloraciones también de un verde aterciopelado, donde el ganado semeja pequeños puntitos en la enormidad de las praderas bordeadas por cerros. El corazón pétreo ha desaparecido dejando a la vista solamente la hierba alta y perfumada de las Yungas. Alcanzando el nivel de lo que serían las cumbres más bajas, un triste y exótico ciprés nos anuncia que hemos llegado al campo santo, donde tumbas antiguas anticipan que estamos por fin en la misteriosa, enigmática y bella Tiraxi.
A lo lejos divisamos unas pocas casitas, una de ellas la iglesia del lugar -toda una avanzada de fe- y la escuela. Cruzando el corto trecho del puente sobre el río claro y correntoso, ingresamos nuevamente en la arcilla basal y dirigimos nuestros pasos hacia la cascada (por el invierno, disminuida en caudal y fuerza) contemplando el chorro que desciende desde vaya a saber qué fuentes y se echa en el río. Debido a la constante erosión, cavó un puente natural; el desnivel del terreno lo convierte en saltos y caídas de espectacular belleza.
Sorprenden la soledad y silencio del lugar. Hacienda y materiales acopiados para reparar el acceso hablan de residentes y vecinos, pero no están a la vista y mientras el sol sigue inexorable su marcha hacia el poniente retomamos la senda, continuamos bajando y apreciamos desde otro ángulo, y con otra luz, toda la espectacularidad del paisaje.
Quedamos singularmente impresionados y nos sentimos protagonistas de una aventura turística. Cuando ya el maravilloso valle del río Grande está a nuestra vista, como argonautas terrestres en busca de otro bellocino (sic) menos suntuoso en valor material, echamos pie en las tierras de Yala. Pero queda la promesa de volver a desentrañar la fuente del misterio de la encantada Tiraxi.

DOMINGO 4 DE JULIO DE 2004 – SUPLEMENTO VIAJES – CLARÍN – pag. 23

Tiraxi Clarin 2004-1Tiraxi Clarin 2004-2