TIRAXI, lugar encantado (Clarín, 2004).

Un deslumbrante y extraño paisaje de pinares, murallones, grietas gigantescas y saltos de agua.

Laura Ballatore – Jujuy. Especial

Tiraxi-Juan Fernández CLARIN 2004

Vamos a Tiraxi, la comarca que los pobladores de Jujuy han rodeado de cierto aire de misterio. Tierra de gauchos, pinares y espectaculares paisajes primitivos. Cruzando el río Grande, un farallón de tierra rojiza y grandes cantos azules nos hablan de una. tremenda crecida del último verano. Por un sendero bordeado de pedrones multicolores, comenzamos a ascender en busca del paraje. A nuestro paso, la primera corriente cristalina de un río acusa, con enormes rocas en su cauce, que la naturaleza mostró toda su furia y aterradora belleza no mucho tiempo atrás.
Entre curvas y contracurvas, el angosto camino de herradura va ascendiendo hasta las cumbres cercanas, mientras precipicios vertiginosos alertan al conductor sobre cualquier error. Hacia el este, murallones pétreos definen gargantas cubiertas de pinares donde la luz del Sol, que ahora corre hacia el poniente, ilumina grietas gigantescas y sombrías donde torrentes de agua transparente saltan de piedra en piedra, salpicando de espuma las márgenes difusas y los pinares aportan ya sus oscuros matices.
Y seguimos subiendo. En algunos tramos atravesamos, apenas, cornisas suspendidas entre los cerros, continuando la angosta senda que hace de camino, mientras a nuestro alrededor moles montañosas comienzan a aparecer a cada vuelta de nuestro recorrido. Helechos y pajonales tapizan las laderas, no sin dejar ver hondísimas grietas donde la ausencia de vegetación hace apreciar los estratos de tiempos remotos y las formaciones minerales muestran posiciones caprichosas que nos hablan de cataclismos, fracturas y hundimientos que cubrieron piadosamente las coníferas y embellecieron lianas y los siempre verdes “ichus” con sus largas melenas.
Continuamos el camino que se parece mucho a una espiral de ascenso. El paisaje de los primeros tramos comienza a cambiar y como por arte de magia, las oscuras gargantas y los precipicios se aprecian menos. Al cruzar uno de los tantos ríos que riegan este paraje, van encontrando lugar las más verdes praderas, que se extienden hacia todos los puntos del horizonte, interrumpidas solamente por afloraciones también de un verde aterciopelado, donde el ganado semeja pequeños puntitos en la enormidad de las praderas bordeadas por cerros. El corazón pétreo ha desaparecido dejando a la vista solamente la hierba alta y perfumada de las Yungas. Alcanzando el nivel de lo que serían las cumbres más bajas, un triste y exótico ciprés nos anuncia que hemos llegado al campo santo, donde tumbas antiguas anticipan que estamos por fin en la misteriosa, enigmática y bella Tiraxi.
A lo lejos divisamos unas pocas casitas, una de ellas la iglesia del lugar -toda una avanzada de fe- y la escuela. Cruzando el corto trecho del puente sobre el río claro y correntoso, ingresamos nuevamente en la arcilla basal y dirigimos nuestros pasos hacia la cascada (por el invierno, disminuida en caudal y fuerza) contemplando el chorro que desciende desde vaya a saber qué fuentes y se echa en el río. Debido a la constante erosión, cavó un puente natural; el desnivel del terreno lo convierte en saltos y caídas de espectacular belleza.
Sorprenden la soledad y silencio del lugar. Hacienda y materiales acopiados para reparar el acceso hablan de residentes y vecinos, pero no están a la vista y mientras el sol sigue inexorable su marcha hacia el poniente retomamos la senda, continuamos bajando y apreciamos desde otro ángulo, y con otra luz, toda la espectacularidad del paisaje.
Quedamos singularmente impresionados y nos sentimos protagonistas de una aventura turística. Cuando ya el maravilloso valle del río Grande está a nuestra vista, como argonautas terrestres en busca de otro bellocino (sic) menos suntuoso en valor material, echamos pie en las tierras de Yala. Pero queda la promesa de volver a desentrañar la fuente del misterio de la encantada Tiraxi.

DOMINGO 4 DE JULIO DE 2004 – SUPLEMENTO VIAJES – CLARÍN – pag. 23

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