Viejo Puente Pérez

Allá por la década del 70, mi niñez balconeaba sobre la mismísima playa del Río Grande mientras que, a pocos metros, el Puente Pérez era el paso natural y obligado desde y hacia los barrios de Los Perales, La Viña y Chijra.

La omnipresencia de aquel enorme “mecano” de hierro en mi cotidianidad tenía cierto encanto del cual no era demasiado consciente. Su larga estructura férrea asentada sobre enormes pilotes de piedra gris, cruzaba la ancha playa de greda y pedrones al tono. Desde nuestra casa se lo observaba eclipsado por algunos sauces en la orilla, contrastando con los tonos verdes de los cerros del otro lado del río.

Jujuy Puente Pérez

Una vez tuve que atravesarlo de a pie por su costado, en la zona delimitada para tal fin que en las fotos se ve muy bien. Recuerdo que el cruce se hacía interminable y al hacer un alto en la mitad, pude asomarme desde la baranda. La corriente del río que en invierno transitaba armoniosa y cristalina, había devenido roja y furiosa, generando una atemorizante atracción. Cuando la crecida era tan grande la playa aparecía fagocitada por ese mar rojo que bajaba desenfrenado desde la Quebrada.

Cruzando el puente Pérez

Una tarde de sábado o de domingo –y lo deduzco, porque mi madre estaba en casa–, un impresionante estruendo hizo temblar todo. Más tarde descubrimos, ante el aviso de los vecinos azorados, que el puente Pérez se había venido abajo. Sería el año 1977 o 1978… Según mi recuerdo, en aquel momento se comentó que la falta de obras de dragado determinó que el río fuera socavando los pilotes del puente año tras año. Otros rumores decían que se había dejado caer de ex professo para así obtener vía libre para iniciar la construcción de un puente “moderno”, enmascarando los consabidos negociados detrás de la obra pública, en aquel momento a cargo de la dictadura del ’76.

A poco tiempo de este incidente nos mudamos. Abandonamos aquella casona con ventanales hacia el río, aquel barrio medio pelo y mi provincia natal. La imagen  del  lugar con esa estructura abatida como un gigante con su espina dorsal fracturada, retorcida me acompañó por largo tiempo. Y tuvieron que pasar muchos años hasta que retorné a Jujuy y volví a cruzar el río Grande ya por un puente nuevo, amplio, también gris pero de hormigón absolutamente impersonal, igual a otros tantos en la provincia y en el mundo. Sin embargo la impronta de aquel puente mítico, del Viejo Puente Pérez, permanece en mi memoria y su alma pervive en las antiguas postales que continúan rindiéndole tributo.

La evolución del Puente Pérez y las márgenes del río Grande, en imágenes.

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El legado de mi abuelaViejo Puente Pérez Zenarruza

Hace años que tengo en mente al dichoso puente Pérez y esta pequeña historia, pero me faltaban datos y  testimonios fotográficos. Así que me puse en campaña para obtener algunas postales antiguas de Jujuy y su puente. Pero el año pasado, la breve visita a la casa donde vivió mi abuela Nicolasa me deparó una sorpresa. Debajo de otros papeles encontré una preciosa carpeta antigua muy bien preservada, en cuyo interior entre cartas, prospectos de medicamentos y libretas de calificaciones del magisterio había atesorado un recorte de diario –lástima que sin fecha ni fuente– sobre la caída del coloso.

 

Algo sobre la historia del antiguo Puente Senador Pérez.

Bajo la gobernación de Eugenio Tello (1883-1886) y por impulso del Senador Domingo Teófilo Pérez, de allí su nombre, se dio inicio a la construcción del puente, cuando la ciudad tenía tan sólo 3000 habitantes. Su función era primordial: comunicar el centro del poblado con la banda del río Grande y desde allí, facilitar el acceso a la zona del Ramal. La construcción del Puente Pérez se terminó en 1894 con el estilo de varios otros puentes que le siguieron. Como dato anecdótico, el puente estuvo erigido antes de que llegara el ferrocarril a Jujuy (1903), de que se ofreciera el servicio de luz eléctrica (1909) y de que circulara el primer automóvil en la ciudad (1910)! Junto con el Hospital San Roque, fueron las dos únicas obras públicas nacionales que se llevaron a cabo desde la Revolución de Mayo hasta 1912 en la provincia.

(c) veromendo

Referencias históricas sobre el Puente Senador Pérez

Más fotos sobre el Puente Pérez en el perfil de Félix Hugo Zerpa, en Facebook:

 

English abstract

Under the government of Eugenio Tello (1883-1886) and on impulse of Senator Domingo Teófilo Pérez, hence its name, the construction of the Pérez Bridge began. By the time, San Salvador de Jujuy city had only 3,000 inhabitants. Its crucial role was to communicate the town center with the other side of the Grande river, hence to facilitate the access to the Ramal (Yungas) zone. The construction of the Pérez Bridge was accomplished in 1894 with a novel architectural style in the province. As anecdotic data, the bridge was built before the railway arrived to Jujuy (1903), before the electric light service was given (1909) and even before the first car was driven around the city (1910)!

In this entry I share my personal memories about this marvellous bridge, while I lived in it’s neighbourhood when I was a child.

(c) veromendo

 

 

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Tilcara 1984

Tomas realizadas en Tilcara y Maimará a principios de los ’80 utilizando una cámara automática muy básica, con visor directo y cartucho 126, que generaba estas fotos cuadraditas. Creo que era una Kodak. Fue mi primera cámara.

Maimará 1984 veromendo

Maimará y su cementerio desde RN9 (veromendo, 1984)

 No son grandes fotos, pero fueron las primeras en Jujuy.

tauro matic 1c

Kodak TAURO Matic !

Más de imágenes de Tilcara en “Postales de Jujuy: Tilcara“:  https://chucalezna.wordpress.com/2017/10/30/postales-de-jujuy-tilcara/

Jujuy diáfano

 

“Pocas veces sucede que un cerro alto quede limpio de nubes […] se cuentan los días en que él está claramente visible”

Luis Brackebusch

Puente Lavalle con SOL-

Desde el nuevo puente “Juana Azurduy” que une las calles Otero y Urdininea (veromendo, 2015)

Noviembre de 2015. Un día cualquiera. 8 AM.

Colectivos, taxis, autos circulan y ya se amontonan en el icónico puente Lavalle. La ciudad va despertando y reedita sus habituales rutinas. Como telón de fondo, un límpido perfil de cerros graníticos se recorta sobre la bóveda azul-celeste, y los grises y verdes en el cauce del río Chico estallan en su esplendor.

A través de la lente me quedo observando una inocente nubecilla que irrumpe en el perfil de San Salvador de Jujuy. Imagino su evolución: en un rato ya habrá “emponchado” a los cerros altos. Así que me decido y doy “click“. Con tanta luminosidad no puedo ver en la pantallita como quedó la foto. Hago un par de tomas extra por las dudas, y también con la cámara de rollo. Intento continuar con mi camino pero me quedo embobada ahí, frente a esa imagen…

Hoy.

Cada tanto vuelvo a mirarla. Tiene cierta magia. Quizás sea que resume a la perfección los recuerdos del Jujuy de mi infancia cuando salir al mundo transcurría por default en un escenario con ese maravilloso paisaje de fondo, enaltecido por ese collar de cerros violeta…

Resulta increíble pero no tengo recuerdos de días nublados, todos los días eran así:

diáfanos.

Mi Jujuy, recuperado en formato digital.

Juy en espejo

Destino final: IRUYA

Salimos a las 6 AM desde San Salvador de Jujuy para llegar a Humahuaca a eso de las 10. Allí tomamos el micro local que cubría el trayecto Humahuaca-Iruya.

El camino empieza a ascender. Pasa por ITURBE. Continúa subiendo entre elevaciones tapizadas de marrón y, al fondo, un contrastado cerro en tonos rosados: el Cerro Morado que es pico en la región. Así se llega al abra de Cóndor, con 4000 msnm. En el punto panorámico el colectivo se detiene por algunos minutos. Todos sacan fotos con desesperación, menos yo: permanezco pegada a mi asiento mientras me afano por tomar oxígeno de donde no hay y trato de entrar en calor tapándome con una campera tan gris como mi cara. Allí, ya del lado de Salta, comienza el descenso tortuoso por curvas y contracurvas, en algunas de las cuales el conductor tiene que hacer peligrosas maniobras de marcha y contramarcha para ir encajando el largo vehículo en la curva cerrada… El camino sigue y, ya casi a nivel del río, bordea una quebrada que es más bien un “cañón“, por lo abrupto del corte de los cerros. A pesar de haber comenzado el otoño, vegas verdes y laderas aterciopeladas acompañan esta parte del recorrido. Al otro lado del río, en esos cerros gigantes, enormes, descomunales se ven fincas rodeadas por pircas pequeñísimas y rebaños como puntos blancos. Pienso en el esfuerzo que debe significar vivir de aquel lado…

Sin embargo, cada vez que recuerdo aquel viaje y pienso que podría morir allí: mientras hago equilibrio para no caerme de esas montañas, voy sintiéndome un punto que se desvanece en la inmensidad…

Un cartel anuncia que IRUYA está cerca. En el último tramo del recorrido mi madre viene a mi mente con su relato de lo sorprendente que es la llegada a ese pueblo: luego de girar y contragirar en las incontables curvas del camino, de repente, tras una de ellas, la última, aparece la emblemática vista de postal con iglesia enclavada al pie de los gigantes graníticos.

Llegamos a IRUYA. Me siento ligera, como suspendida de un hilo invisible.

Justo en frente de la iglesia recibo señal de celular y llamo a mi madre para anoticiarle dónde estoy. Al principio no me entiende. Luego, felizmente recicla una vez más su recuerdo: “que a IRUYA fueron con mi padre para casarse pero, por hallarse el camino cortado por las lluvias, tuvieron que volverse y cambiar el destino de la ceremonia…“. Le corto un poco el mambo ya que es 2005 y la telefonía celular sale carísima. Quedo un poco asombrada de lo que estoy viviendo: IRUYA, iglesia, señal, comunicación por celu como por obra de “altos espíritus”…

highspirits Iruya2006

Iglesia de Iruya (veromendo 2005)

A todo esto ya es mediodía. Bandadas de niños salen de la escuela y es un verdadero desparramo de delantales por las callecitas, con alegres voces y correteos… Resulta hermoso verlos. Contagian felicidad.

Tenemos vianda con choclos tibios y unas vainillas. Luego recorremos el pueblo de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Lástima no haber contado con la información de que podíamos hospedarnos allí para así poder conocer, al día siguiente, los alrededores. Haciendo una caminata se puede acceder a San Isidro, Panti Pampa, San Juan, entre otros lugares con paisajes deslumbrantes.

Sobre las 3 sale el ómnibus de regreso hacia Humahuaca. El camino inverso nos permite contemplar el paisaje con otra luz y con otra perspectiva. Pasar por el abra por segunda vez en el día no es gratuito. Mientras “el Morado” lidera las vistas otra vez me siento desmayar y tengo que quedarme “piola” en mi asiento. Recién, cerca de Iturbe empiezo a recuperar mis facultades plenas. Siento que el hilo celestial del que había pendido en IRUYA se cortó y caigo con el rigor de todo mi peso a la realidad del regreso.

Sin embargo, mi mente se quedó en IRUYA, atrapada por ese hilo invisible que un día me hará volver.

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Dedicado a  Pey Lien, a quien me une un hilo de amistad que misteriosamente aparece y desaparece tras curvas y contracurvas de la vida.

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From Humahuaca to Iruya . English abstract.

During 2005 Easter, my friend Pey and I visited Iruya. For me, it was a long waited trip as it was always present in my mother’s memories as one of the most beautiful places she had ever gone to. In this short chronique I describe the trip from Humahuaca to Iruya, how I felt being there, the things we did or could have done and the activities that were left to do in the future.

I also describe how I missed the sceneries at the “abra” (top part of the way) due to “puna“=”soroche” = altitude sickness –even I was born at Jujuy!–.

 

Terapia jujeña.

Volveré Jujuy, una tarde de estas…”

Así empieza una muy conocida canción con letra de Alejandro Carrizo.

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Este noviembre, llegué a Jujuy de mañana (¡emoción!). Me recibió una espesa capa de nubes en la zona del aeropuerto “El Cadillal” que, en forma de neblina, se desplazaba a ras del suelo. Durante el trayecto de 25 km aproximadamente, hasta la ciudad de San Salvador, el intenso verde de la vegetación después de una lluvia y el marrón oscuro de la tierra exaltaban el color lila de los tarcos a la vera de la ruta. Esto ya me hizo estremecer. El color celeste-violáceo de los jacarandás resulta difícil de captar con la cámara y su luminosidad sólo  perdura en toda su dimensión en mi recuerdo.

Puente Lavalle y tarco en día nublado BLOG

Día 1 (nublado): Jacarandá y Puente Lavalle, sobre el Xibi-Xibi.

Desde hace varios viajes, las nubes permanecen bajas impidiendo que la ciudad me muestre todo su esplendor de perfiles serranos. Este año, luego de cuatro días de lluvia o seminublados, el domingo amaneció absolutamente radiante regalándome toda la transición de verdes a azules y de azules a liláceos (otra vez el color lila…) de los cerros circundantes, que delimitan el Valle de Jujuy. El día domingo resulta fabuloso para hacer turismo: la ciudad está dormida y uno puede caminar a sus anchas por calles, avenidas ó angostas veredas, sin tropezar con los ríos de gente y el tránsito caótico de lunes a sábado. Camino miles de cuadras y no me canso ni temo. Aunque voy atenta, dado que enarbolo mi 35 mm colgada del cuello, nada raro se percibe. San Salvador es una ciudad amigable. La gente mayor que me cruzo me saluda con un “Buen día…” que me hace sentir integrada. Cuando el sol roza el cenit se torna demoledor y vuelvo al barrio Gorriti, donde me esperan comida, confort y abrigo emocional que la tía Nelly y su casa me proporcionan. Elijo al voleo algún libro entre los numerosos que siempre encuentro a mano, leo un rato y luego duermo la siesta de los justos.

Rio Grande Puente BelgranoBlog

Día 5 (sol a pleno): Cadenas montañosas hacia el NO desde el Puente Gral. Belgrano, sobre el río Grande.

En Jujuy ya me siento pato en el agua, luego de ese par de días que necesito para acomodar mi barómetro a los 1200 msnm. Comer bien, siestear, caminar, inundar mi retina con paisajes constituyen mi terapia jujeña.

Ya en lunes, otro día diáfano, un poco más caluroso y con todo el movimiento propio del comienzo de semana me fagocita en su dinámica de ciudad de interior. Y no por ser del norte es una dinámica lenta, todo lo contrario, es como un inmenso hormiguero donde todo el mundo se dirige hacia algún lado con premura y desición. Disfruto de la combinación de este ritmo con el telón de fondo que más me gusta: todas las calles dan a cerros. Y eso me proporciona un descanso visual, el contraste entre el movimiento intenso y la permanencia. Saco algunas fotos, pensando justamente en ese concepto y en este Blog.

El martes debo partir hacia la Quebrada y ya me da pereza. Sintiéndome tan cómoda aquí, con un clima ideal –soñado–, con los paisajes de mi infancia, con mis referentes de cariño, cual oasis en la vida…

Sin embargo el martes muy temprano tomaré el Balut desde la nueva terminal de ómnibus, con destino a los 2900 msnm de Humahuaca –y unos poquitos menos en CHUCALEZNA– a ver qué me depara el destino por allí, esta vez.

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A mis afectos en Jujuy:S8304297a

 Nelly Ase y Leandro Álvarez Groppa

Delia Gómez Rubio y Raúl Chirimonti

Tita Riba

a mi sempiterna Victoria, con quien recorrimos Jujuy en 2012.

Estrellas fugaces

“Los hijos pasan por nuestra vida como estrellas fugaces”

Gustavo Berti (*)

V&V-1 chucalezna

Your heart is on my sleeve
Did you put it there with a magic marker?
For years I would believe
That the world couldn’t wash it away.

‘Cause we can’t fall any further
If we can’t feel ordinary love
We cannot reach any higher
If we can’t deal with ordinary love

Are we tough enough
For ordinary love?

Ordinary love -U2

(*) https://gruporenacer.wordpress.com