Gatos sueltos en Humahuaca

Ante tanto perro suelto por las callecitas humahuaqueñas los mininos ya ameritaban un sencillo homenaje.

Presencia felina con código graffitero (Humahuaca, 2018).

 

 

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Viejo Puente Pérez

Allá por la década del 70, mi niñez balconeaba sobre la mismísima playa del Río Grande mientras que, a pocos metros, el Puente Pérez era el paso natural y obligado desde y hacia los barrios de Los Perales, La Viña y Chijra.

La omnipresencia de aquel enorme “mecano” de hierro en mi cotidianidad tenía cierto encanto del cual no era demasiado consciente. Su larga estructura férrea asentada sobre enormes pilotes de piedra gris, cruzaba la ancha playa de greda y pedrones al tono. Desde nuestra casa se lo observaba eclipsado por algunos sauces en la orilla, contrastando con los tonos verdes de los cerros del otro lado del río.

Jujuy Puente Pérez

Una vez tuve que atravesarlo de a pie por su costado, en la zona delimitada para tal fin que en las fotos se ve muy bien. Recuerdo que el cruce se hacía interminable y al hacer un alto en la mitad, pude asomarme desde la baranda. La corriente del río que en invierno transitaba armoniosa y cristalina, había devenido roja y furiosa, generando una atemorizante atracción. Cuando la crecida era tan grande la playa aparecía fagocitada por ese mar rojo que bajaba desenfrenado desde la Quebrada.

Cruzando el puente Pérez

Una tarde de sábado o de domingo –y lo deduzco, porque mi madre estaba en casa–, un impresionante estruendo hizo temblar todo. Más tarde descubrimos, ante el aviso de los vecinos azorados, que el puente Pérez se había venido abajo. Sería el año 1977 o 1978… Según mi recuerdo, en aquel momento se comentó que la falta de obras de dragado determinó que el río fuera socavando los pilotes del puente año tras año. Otros rumores decían que se había dejado caer de ex professo para así obtener vía libre para iniciar la construcción de un puente “moderno”, enmascarando los consabidos negociados detrás de la obra pública, en aquel momento a cargo de la dictadura del ’76.

A poco tiempo de este incidente nos mudamos. Abandonamos aquella casona con ventanales hacia el río, aquel barrio medio pelo y mi provincia natal. La imagen  del  lugar con esa estructura abatida como un gigante con su espina dorsal fracturada, retorcida me acompañó por largo tiempo. Y tuvieron que pasar muchos años hasta que retorné a Jujuy y volví a cruzar el río Grande ya por un puente nuevo, amplio, también gris pero de hormigón absolutamente impersonal, igual a otros tantos en la provincia y en el mundo. Sin embargo la impronta de aquel puente mítico, del Viejo Puente Pérez, permanece en mi memoria y su alma pervive en las antiguas postales que continúan rindiéndole tributo.

La evolución del Puente Pérez y las márgenes del río Grande, en imágenes.

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El legado de mi abuelaViejo Puente Pérez Zenarruza

Hace años que tengo en mente al dichoso puente Pérez y esta pequeña historia, pero me faltaban datos y  testimonios fotográficos. Así que me puse en campaña para obtener algunas postales antiguas de Jujuy y su puente. Pero el año pasado, la breve visita a la casa donde vivió mi abuela Nicolasa me deparó una sorpresa. Debajo de otros papeles encontré una preciosa carpeta antigua muy bien preservada, en cuyo interior entre cartas, prospectos de medicamentos y libretas de calificaciones del magisterio había atesorado un recorte de diario –lástima que sin fecha ni fuente– sobre la caída del coloso.

 

Algo sobre la historia del antiguo Puente Senador Pérez.

Bajo la gobernación de Eugenio Tello (1883-1886) y por impulso del Senador Domingo Teófilo Pérez, de allí su nombre, se dio inicio a la construcción del puente, cuando la ciudad tenía tan sólo 3000 habitantes. Su función era primordial: comunicar el centro del poblado con la banda del río Grande y desde allí, facilitar el acceso a la zona del Ramal. La construcción del Puente Pérez se terminó en 1894 con el estilo de varios otros puentes que le siguieron. Como dato anecdótico, el puente estuvo erigido antes de que llegara el ferrocarril a Jujuy (1903), de que se ofreciera el servicio de luz eléctrica (1909) y de que circulara el primer automóvil en la ciudad (1910)! Junto con el Hospital San Roque, fueron las dos únicas obras públicas nacionales que se llevaron a cabo desde la Revolución de Mayo hasta 1912 en la provincia.

(c) veromendo

Referencias históricas sobre el Puente Senador Pérez

Más fotos sobre el Puente Pérez en el perfil de Félix Hugo Zerpa, en Facebook:

 

English abstract

Under the government of Eugenio Tello (1883-1886) and on impulse of Senator Domingo Teófilo Pérez, hence its name, the construction of the Pérez Bridge began. By the time, San Salvador de Jujuy city had only 3,000 inhabitants. Its crucial role was to communicate the town center with the other side of the Grande river, hence to facilitate the access to the Ramal (Yungas) zone. The construction of the Pérez Bridge was accomplished in 1894 with a novel architectural style in the province. As anecdotic data, the bridge was built before the railway arrived to Jujuy (1903), before the electric light service was given (1909) and even before the first car was driven around the city (1910)!

In this entry I share my personal memories about this marvellous bridge, while I lived in it’s neighbourhood when I was a child.

(c) veromendo

 

 

Postales de Jujuy: Tilcara

A través de estas imágenes evoco la Tilcara que vivieron mis padres y abuelos, y rememoro la de mi infancia…

Vista panorámica de Tilcara hacia 1930 por Federico Kohlmann

Vista panorámica de Tilcara hacia 1930 por Federico Kohlmann (archivo de la BNMM)

Por su emplazamiento, su clima, su historia y su cultura, Tilcara sigue siendo el pueblo cuyo nombre surge inmediatamente, en el imaginario de jujeños y forasteros, al nombrar la Quebrada de Humahuaca.

1930∗∗∗2011

BNA_FO005612_22_01

Tilcara hacia 1920 por Federico Kohlmann (archivo de la BNMM)

1920∗∗∗2011

Referencias

2002

img051 Composición2--

Tilcara, panorámica hacia el Oeste (veromendo, 2002).

 

 

 

En la búsqueda de la imagen comunicante

 

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“Naturaleza contrastante por su topografía accidentada, por su incontrolable lujuria formal, por su luz anonadante, por el vértigo de sus sombras, por las múltiples y constan­tes mutaciones, por el flujo y reflujo de su invencible misterio.

Así es Jujuy, contrastante, suspendida a veces en su abismo territorial, atemporal; otras comunicante, vital e indomable en su virginidad.

Aquí la atomización mecanicista no ha llegado, no ha destruido aún esa especie de magia subyacente que re­sopla y nos angustia por momentos, como así nos impul­sa otras.

De este mundo emergemos, de allí nuestra obra pro­ducto de un andar pausado, de un sentir lleno de asom­bro, sumergidos en lo telúrico, ajenos al vano juego de las especulaciones intramentales, en la búsqueda de la imagen comunicante.”

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Catálogo de la exposición conjunta en Galería Van Riel, Buenos Aires, 4 al 16 de mayo de 1970.

Descubriendo el Qhapaq Ñan por la Quebrada de Sapagua

Por la ruta del Q Ñan banner

En agosto de 2016 tomé rumbo a Jujuy para sacarme la mufa y la humedad del sur. El truco funcionó y unos días gloriosos de sol y calorcito me esperaban dispuestos a abrazarme (y a cambiarme el humor).

La visita a Humahuaca ese año fue reveladora por muchos motivos. Por un lado, fui invitada a la casa de la profe Faltracco para participar de la ceremonia en honor a la Pachamama (Entrada 134). Y ese mismo día, luego de la increíble experiencia de purificación, de comer y de beber con la tierra, la dueña de casa me propuso marchar hacia los petroglifos de Sapagua que yo, desde hace tiempo, ansiaba ver con mis propios ojos.

El lugar está bastante cerca de Humahuaca, hacia el NO. Nos acercamos en vehículo por RN9 tanto como pudimos y luego, al adentrarnos por un camino de ripio que ascendía levemente, empezaron a aparecer a nuestra derecha unas suaves ondulaciones aterciopeladas todavía en marrones y ocres invernales. La tarde estaba especialmente radiante y al iniciar la marcha de a pie pude quedarme en remera y asolearme, dejando atrás las tres infatigables capas de abrigo.

Sapagua Comp2--

Encontrar el punto de descenso hacia la playa del río Sapagua en la zona donde está la pared con los petroglifos no es fácil, por ello es que siempre se recomienda ir con un guía de la comunidad de Hornaditas. Sin embargo, fue muy divertido hallar la forma de descender, ante la mirada azorada de una majada de cabritas que, desde el cerro de enfrente no podían comprender tanta torpeza. Finalmente, derrapamos a metros de “El pintado”: los petroglifos estaban allí, en vivo y en directo. El cartel que había visto en las fotos de difusión turística del lugar ya no estaba, seguramente llevado por la corriente del río en algún verano reciente. La destrucción de las defensas que pretendían poner a resguardo estas maravillas arqueológicas así lo sugiere.

Panel 2016-

Panel de “El Pintado“, Humahuaca, Jujuy (veromendo, 2016)

El paso del tiempo, el clima, el crecimiento de vegetación en los intersticios y también el turismo displicente han generado un deterioro en los paredones esgrafiados. Aun así resultan fascinantes. El pasado y el presente colapsan en un mismo punto del espacio  (ver ENTRADA 35).

Por el río Sapagua

Quebrada del río Sapagua (veromendo 2016)

Decidimos disfrutar del regreso emprendiendo una caminata por la playa, mientras buscábamos un lugar de ascenso natural. Fue así que con sorpresa nos topamos con vestigios del histórico Qhapac Ñan y  decidimos retomar nuestro camino por esas antiguas huellas.

Qhapaq Ñan, que en lengua quechua significa “principal camino”, se refiere a la red vial que llegó a unir el centro-oeste de Argentina y Chile con el suroeste de Colombia bajo dominio de la cultura Inca, antes de la llegada de los españoles. Esta red de caminos sumó más de 30.000 km en total, conectando centros de producción, administración y sitios ceremoniales. Muchos de ellos habían sido construidos durante la época pre-incaica pero luego, el Tawantinsuyo los tomó como propios e impulsó su ampliación e interconexión para cubrir un área geográfica cada vez mayor. De esta manera, el con frecuencia denominado “Camino del Inca”, constituyó la base de su poder político y económico.

La provincia de Jujuy se encuentra surcada por parte de esa extensa red de arterias que conforman el Qhapac Ñan. En la actualidad pueden encontrarse algunas de sus estructuras, mostrando la conexión que existía entre la región de la Puna con la Quebrada de Humahuaca y de ésta, con las Yungas permitiendo reconstruir, las actividades de los pueblos pre-hispánicos y sus relaciones comerciales. Los lugares elegidos para el emplazamiento del camino y la fortaleza de la construcción le han permitido resistir hasta nuestros días a pesar de la topología y de la erosión por la rigurosidad del clima. Según pude informarme, remontando la Quebrada del río Sapagua hacia el oeste y continuando por Inca-Cueva, persisten tramos del Qhapac Ñan en buen estado.

Sapagua

La vista del río Sapagua desde el Qhapac ñan (veromendo 2016)

Mientras caminábamos en silencio por esa senda ancestral, nos íbamos desintegrando y pasábamos a formar parte del paisaje. Empecé a sentir una emoción única, con la sensación de estar en total conexión con mis omnipresentes antepasados andinos.

El Qhapaq Ñan fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2014.

© veromendo 2017

Referencias y recomendaciones

veromendo en SapaguaMi agradecimiento a “la profe” Alicia Faltracco, guía en los senderos del Qhapac Ñan.

Koas para la Pacha

En agosto durante las celebraciones en honor a la Pachamama, así como en otros rituales agrícolas y ceremonias en la zona andina de Bolivia, Argentina y Chile, es imprescindible la presencia de la “koa”, una planta nativa emblemática.

sahumerio con carbones y koa

Sahumerio, carbones y ramitas de koa durante la ceremonia a la Pachamama en Humahuaca (veromendo, 2016)

Investigando sobre su origen y propiedades pude saber que, en realidad, son varios los arbustos resinosos aromáticos que se reúnen bajo el nombre de “koa” u otras denominaciones vernáculas, integrando familias botánicas diferentes (1).

A su vez, la palabra “koa” significa “lo que se transforma en otra cosa” (2). Por ello, la acción de “koar”, es decir, quemar estas plantas de manera ceremonial y sahumar, representa un acto de limpieza, de curación o un medio para elevar los pedidos y agradecimientos a las divinidades y a los ancestros. El humo entonces, es el vehículo que ejerce la capacidad de comunicar y unir los diversos mundos en la cosmovisión andina. El poder simbólico está contenido en el nombre: “koa” (o en sus otras nominaciones) y no necesariamente en la especie botánica involucrada que, si bien es importante, puede ser reemplazada (3).

Cada pueblo, un ritual, un nombre

Una completa descripción de las koas fue publicada en los trabajos de Carolina Villagrán y Victoria Castro, donde sus usos están minuciosamente explicados y discriminados por zonas y poblados de las regiones del norte de Chile. Según esas investigaciones, la koa, koba, o wirakoa es considerada la planta ceremonial más importante de los Andes que, tanto en la zona más septentrional de Chile como en el sur de Bolivia se identifica con el arbusto de Diplostephium cinereum, abundante entre los 3500 y 4500 m de altitud en los Andes. La planta se recolecta, se pica, se seca y después se quema sin que prenda en llamas, de manera similar a como en Mesoamérica se utiliza el copal. Con ella se sahuman los animales durante la “señalada”, como forma de asegurar su fecundidad y su multiplicación. También se la utiliza en la ceremonia de “huilancha” ofrecida a la Pachamama, los mallkus o los santos, en retribución por los favores de fertilidad para el campo y el ganado. Asimismo se emplea para rituales de limpieza de la casa, para inaugurar un techamiento e incluso, para curarse de algún “mal” (1, 2).

D. cinereum vs P. quadrangularis vs F. bryoides

Algo más al sur, en la región chilena de Antofagasta, comienzan a utilizarse otros dos arbustos resinosos: Fabiana squamata y Fabiana bryoides, pertenecientes a la familia de las Solanáceas. Allí, estas especies son llamadas k’oa, koba, koba Santiago, illakowa, koille, entre otros nombres. También se encuentran presentes aunque con menor abundancia, en los tolares del sur de Bolivia y norte de Argentina a la misma latitud. Allí también, su uso está relacionado con el sahumado del ganado, limpieza de canales de riego o acequias y como una costumbre para la suerte. Algunas diferencias en el ceremonial se observan en las diversas poblaciones, aun encontrándose muy cercanas entre sí, remarcando lo local y lo familiar en la tradición. Por ejemplo, se pueden quemar junto con llareta (Azorella compacta) o con wiracoba (D. cinereum) traída de más al norte; el procedimiento puede hacerse en un plato o en un “kobero”, sahumador de cerámica confeccionado para tal propósito.

Desde tiempos antiguos, algunas regiones han funcionado como ruta de enlace entre territorios andinos. Allí, el constante intercambio de tradiciones culturales ha promovido el uso concomitante de las variedades botánicas endémicas y de las especies “importadas” desde otras regiones. Tal es el caso del territorio de Pica-Collahuasi-Ollagüe, en Chile, donde se utilizan Diplostephium cinereum, a la usanza del extremo norte de Chile y sur de Bolivia, Fabiana squamata (aquí llamada tara macho) característica de áreas más sureñas y la resinosa local Parastrephia teretiuscula (“tara koba”) (1, 2).

En la Quebrada y la Puna jujeñas, según Bugallo & Vilca, la koa o koba destinada a quemarse es Parastrephia quadrangularis, cuyo aroma queda asociado a los momentos de ceremonias en que se “da de comer” a la Pachamama. Asimismo, al traer alimentos de otras regiones, los mismos son “chayados” y sahumados con esta planta, en un ritual destinado a conservar su “ánimu” –sus propiedades– y con el deseo de que duren más. Con fines curativos, relatan que “los olores de las plantas que se sahuman entran en el cuerpo” y “crean el ambiente de curación” (4).

P. quadrangularis Ref.7 pag151

Parastrephia quadrangularis (Ref. 9, pp. 151).

Por otra parte, Ivana Jofré Luna aporta su análisis sobre los rituales en Antofalla (Catamarca), donde se usa la misma especie botánica, que aquí recibe el nombre de “chachaco’a”, para la señalada, para las ceremonias para la Pachamama y durante otros rituales agrícolas. En ocasión de estar en falta, la planta puede ser reemplazada por especies lugareñas, como “pata de perdiz” (Fabiana bryoides [Phil]) o “lejía” (Baccharis incarum [Wedd.]) (3). Volviendo al territorio chileno, en el área del Salar de Atacama las funciones de la koa también son identificadas con Parastrephia quadrangularis, llamada vulgarmente chacha, chacha hembra (2).

En la zona de Potosí, Bolivia, se describe que terminada la construcción de una casa se realiza una ceremonia en la que se utiliza la “q’uwa” como planta ceremonial para sahumar, aunque no se especifica a qué especie botánica corresponde (5).

Db de Koas Chile Arg

Distribución de las diferentes especies de “koa” en Chile y Argentina en base a las fuentes consultadas (Mapa base: Google Earth)

Todos los nombres, la koa

Una misma especie botánica que crece en diferentes ámbitos geográficos puede ser conocida mediante dos o más nombres vernáculos, ya sea por influencia de los distintos idiomas que confluyen en una misma región o porque la tradición oral ha ido transformando esos nombres. Se revaloriza así su importancia lingüística y cultural (6, 7). Por otra parte, un mismo nombre vulgar puede ser utilizado para referirse a especies botánicas diferentes que, por el simple hecho de ser elegidas para participar de los rituales, transmutan en “koa” (1, 2).

De esta manera koa, khoa, ko’a, koba, koba hembra, koya hembra, wirakoa, huira-koa, k’oa, koba, koba Santiago, koa Santiago, orqokipa, orqo kipat’ula, qoba, illakowa, koille, koba macho, tara macho, tara koba chacha, tola, pulika, chacha, chacha hembra, chacha chica, chacha fina, chachakoa, koa macho, chakatola, chachaco’a, tola de río, tola vaca, tola cebosa, tola kobatola, kulkut’ula; kobatola, kulkut’ula, chacha macho, chacha pelada, tola, koba del zorro, koya macho, koya, kolla, koba, biscular, q’uwa son algunos de los nombres vernáculos recopilados a partir de las diferentes fuentes consultadas para este artículo.

Por su parte las especies botánicas asociadas a estas denominaciones corresponden a Diplostephium cinereum, Fabiana squamata, Fabiana bryoides, Parastrephia quadrangularis (Parastrephia lepidophylla), Parastrephia teretiuscula, Baccharis incarum, Plazia daphnoides.

  • Diplostephium cinereum: koa, koba, koba hembra, wirakoa.
D. cinereum - Cristián Estades

D. cinereum (por Cristián Estades, GEP, Chile)

Es un arbusto resinoso y aromático, perteneciente a la familia de las Asteráceas. Su nombre botánico –diploos, doble y stephan, corona– refiere a los vilanos en doble hilera que persisten en los aquenios o frutos, y cinereum, del latín cinereus, gris-ceniza, hace referencia al color característico de sus hojas tomentosas. Las inflorescencias son en capítulo, con flores marginales liguladas, femeninas, blancas mientras que las flores centrales son tubulosas y hermafroditas (8). El género comprende cerca de 90 especies, todas nativas de los Andes desde Colombia hasta el N de Chile en la denominada transición tolar-pajonal, y para el altiplano boliviano, en la zona vegetacional de Puna Seca. Esta especie fue observada en el piso puneño, creciendo conjuntamente con Parastrephia quadrangularis, Baccharis tola, Fabiana ramulosa, gramíneas, entre otros arbustos (9, 10).

  • Parastrephia quadrangularis (Meyen) Cabrera: chacha, chacha hembra, chacha chica, tola, pulika, coba, tola de río, tola vaca, tola cebosa.
P. quadrangularis por Lucas Burchard Señoret-Flickr-

Parastrephia quadrangularis por Lucas Burchard Señoret (Flickr).

El nombre específico de este arbusto resinoso, perenne y nativo, significa “cuadrangular” y alude probablemente al aspecto que muestran sus ramas debido a la disposición de sus hojas. Variando desde 20 cm a 1,5 m de altura, sus ramas se disponen de forma densa y laxa, algo rastrera. Las hojas imbricadas, muy apretadas al tallo, presentan una nervadura central y la cara inferior tomentosa. Ofrece flores tubulares amarillo-anaranjadas. Es una especie representativa del piso altoandino de Chile, por sobre los 4000 msnm, asociada con Azorella compacta (llareta) entre otras. En Argentina, se la encuentra desde Jujuy hasta San Juan, entre los 3000 y los 4700 msnm, en formaciones arbustales y en vegas de la Puna. Se la utiliza como medicinal, como leña y forraje. También tiene propiedades tintóreas en la gama de los verdes y amarillos (9, 11, 12). Esta especie presenta una morfología similar a Parastrephia lepidophylla, aunque esta última mostraría un crecimiento mucho más erecto y ramas más delgadas. Dado que comparten el hábitat, pueden ser confundidas (9, 11). En algunas referencias se citan como dos denominaciones de una misma variedad (13).

  • Parastrephia teretiuscula (Kuntze) Cabrera: tola kobatola, kulkut’ula, kobatola, kulkut’ula, chacha macho, chacha pelada, tola, koba del zorro
P. teretiuscula Ref.7 pag152-

Parastrephia teretiuscula [Ref. (9), pp. 151].

Es un arbusto pequeño (familia de las Asteráceas) forma parte de los tolares en torno a los 3800 m de altitud, integrado a las comunidades del llamado piso puneño. Las ramas son verde-amarillentas y presentan una lanosidad blanquecina en el tallo, donde las hojas se disponen. Forma comunidades arbustivas junto con especies de Fabiana, Baccharis y Junellia, entre otras. Es considerada planta medicinal y también es utilizada para leña (9, 11).

  • Fabiana squamata Phil.: qoba, koba, santiago koba, koba santiago, koa, orqokipa, orqo kipat’ula
F. squamata por S. Teillier-

Fabiana squamata por S. Teillier [Ref. (16), pp. 20]

En un arbusto pequeño, de resina fragante perteneciente a la familia de las Solanáceas. Mide aprox. 30 cm de alto. Se caracteriza por presentar hojitas muy pequeñas, imbricadas, que semejan escamas dispuestas en torno al tallo y lo recubren en distintos grados, otorgándole un tono verde claro-amarillento. Es endémica del norte de Chile, habitando en determinados sectores de la puna por sobre los 3400 m de altitud, integrándose de esta manera, a los pisos: puneño y altoandino (9) donde coexiste con Baccharis tola, Azorella compacta, Parastrephia quadrangularis, entre otras (11).

  • Fabiana bryoides Phil.: k’oa, k’oa Santiago, oreja, oreja de ratón, pata de loro, pata de perdiz, leña de lagarto
F. bryoides Ref. 9 pp. 231

Fabiana bryoides [Ref. (11), pp. 231]

Es un arbusto resinoso de unos 40 a 70 cm de alto, con tallos densamente poblados de hojas, perennes, sésiles, glabras. Las inflorescencias son terminales y solitarias con flores tubulares que van del blanco, amarillento al azulado-violáceo. Se la usa como leña y como planta que acompaña los rituales de las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, en Chile, y también en el noroeste de Argentina. Se ubica en ambientes altoandinos y puneños, entre los 2900 m y los 4900 m de altitud. Crece protegida por las rocas en laderas secas, arenosas, rocosas; se la ha observado creciendo en salares por lo que es considerada resistente a los suelos muy salinos. Junto con Parastrephia quadrangularis son plantas típicas del altiplano de Antofagasta y Atacama (3, 11, 14, 15, 16).

  • Baccharis incarum ó Baccharis tola Phil ó Baccharis lejia Phil.: ñakat’ula, ñakat’ola, tola, lejía, ñacatula, tola lejía, baila bien

El género Baccharis (Asteráceas) tiene alrededor de 400 especies exclusivamente americanas, presentes desde el centro-sur de los Estados Unidos hasta Tierra del Fuego, y sólo en la Argentina se han relevado 99. Baccharis deriva de Baco, dios de la vendimia y el vino en la mitología romana, probablemente en relación con las propiedades aromáticas de la raíz del vegetal. En la Puna el nombre “tola” se utiliza para designar indistintamente a varias especies de arbustos de morfología similar (12).

Baccharis tola por Mauricio Mercadante Flickr-

Baccharis tola por Mauricio Mercadante (Flickr)

Baccharis tola es un arbusto resinoso de 30 a 75 cm de altura, con ramas redondeadas, resinosas, con hojas densamente distribuidas dispuestas hasta el ápice, que suelen tener un aspecto lustroso debido a la presencia de resina que las recubren. Florece en forma abundante durante el verano, con flores blancas reunidas en capítulos. En la zona andina Argentina se encuentra presente hasta Mendoza, entre los 2200 y 4500 msnm, muy abundante en arbustales de suelos arenosos y pedregosos de la Puna jujeña. Se la utiliza localmente por sus propiedades medicinales, como combustible y forraje. Se han descripto dos subespecies: Baccharis tola Phil. ssp. tola y Baccharis tola Phil. ssp. altiplanicola F.H. Hellwig (9, 11, 12).

  • Plazia daphnoides Weddel: koya macho, koya, kolla, koba, biscular

Plazia daphnoides es una especie llamada koya macho, que coexiste en su habitat con la koa ceremonial Diplostephium cinereum y, aunque no reviste características resinosas (2, 7) se incluyó en esta descripción puesto que los nombres vulgares que recibe coinciden con algunos de los consignados para otras especies.

El género Plazia (Asteráceas) fue descripto por los botánicos españoles Hipólito Ruiz López y José Antonio Pavón a fines del 1700. Su nombre fue elegido en homenaje a Juan Plaza, médico y profesor de botánica español que creó uno de los primeros jardines de plantas medicinales en la Universidad de Valencia. El nombre específico significa “similar a Daphne”, quizás por presentar algún parecido con las plantas europeas del género homónimo, parecidas al laurel.

Plazia daphnoides es un arbusto de entre 0,5 – 1 m de altura, con ramas jóvenes densamente pobladas de hojas enteras, pubescentes en ambas caras y ramas viejas que carecen de hojas, mostrando cicatrices donde las mismas estuvieron insertas. Las bellas inflorescencias en capítulos solitarios sésiles, aparecen en los ápices de las ramas, con involucro acampanado. Sus flores, hermafroditas, presentan dimorfismo: las marginales son bilabiadas mientras que las centrales son pentalobuladas (17). Su color es blanco-liláceo y poseen un suave perfume (9, 12, 18). Son tres las especies endémicas de la zona andina de Sudamérica, pero en Argentina habita sólo ésta, en las provincias de Jujuy, Salta, San Juan y Mendoza, entre los 2500 y los 4500 msnm. Sus ramas son utilizadas como agujas para tejer y puscas para hilar. Sirve como tinte natural amarillo-verdoso y como forrajera (12). En algunas zonas se observan pocos ejemplares, indicando quizás un problema de conservación (9).

© veromendo, 2017.

Referencias

 (1) Villagrán, C.; Castro, V.; Sánchez, G.; Romo, M.; Latorre, C. e Hinojosa, L.F. La tradición surandina del desierto: Etnobotánica del área del Salar de Atacama (Provincia de El Loa, Región de Antofagasta, Chile). Estudios Atacameños, 1998, (16), pp 7-105: http://revistas.ucn.cl/index.php/estudios-atacamenos/article/view/474/457

(2) Villagrán, C; Castro, V. Ciencia indígena de los Andes del norte de Chile; Editorial Universitaria: Santiago de Chile, 2003, pp. 108-115: https://books.google.com.ar/books?id=n_nKYskOgDQC&dq=koa+planta&hl=es&source=gbs_navlinks_s

(3) Jofré Luna, I. C. Humito que se va pa’l cerro. Problematizaciones sobre la arquebotánica a partir de un caso de estudio en la Puna catamarqueña, República Argentina. Arqueología Suramericana / Arqueología Sul-Americana, 2013, 6, (1,2), 11-28.

(4) Bugallo L. y Vilca, M. Cuidando el ánimu: salud y enfermedad en el mundo andino (puna y quebrada de jujuy, argentina). Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates, 2011. [En línea] en: https://nuevomundo.revues.org/61781

(5) Castro, V. La oralidad y su importancia en la transmisión de técnicas y valores. II Taller de Artífices del Barro (UNESCO), Tlaxcala, México. Septiembre Ponencia: https://www.academia.edu/5696773/La_oralidad_y_su_importancia_en_la_transmisi%C3%B3n_de_t%C3%A9cnicas_y_valores

(6) Vignale N. D.; Gurni, A. A. Avances sobre plantas medicinales andinas. Cap. 4: Parámetros micrográficos para identificar doce especies medicinales andinas de Asteraceae de la Provincia de Jujuy, Argentina. Vignale Nilda Dora y Pochettino María Lelia (Eds.): San Salvador de Jujuy, 2009, pp. 137-141.

(7) Villagrán, C., Romo, M. y Castro, V. Etnobotánica del Sur de los Andes de la Primera Región de Chile: Un enlace entre las culturas altiplánicas y de las quebradas altas del Loa Superior. Chungara. Revista de Antropología Chilena, 2003, 35 (1). pp. 73-124.

(8) Ficha de cinereum. Laboratorio de Geomática y Ecología del Paisaje (GEP) de la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile: http://www.gep.uchile.cl/Biodiversidad/fichas_especies/plantae/arbustos/Diplostephium_cinereum/index.html

(9) Trivelly, M. A. y Valdivia, V. Alcances sobre flora y vegetación de la Cordillera de los Andes. Región de Arica y Parinacota. Región de Tapacará. 2º Ed. Ministerio de Agricultura. Servicio Agrícola y Ganadero: Santiago de Chile. 2009, pp. 112-154: https://issuu.com/terranoide/docs/alcances_sobre_flora_y_vegetaci__n_

(10) Muñoz-Schick, M.; Moreira-Muñoz, A. y Moreira Espinoza, S. Significado de los géneros de plantas chilenas. Gayana Bot. 2012, 69 (2), pp. 309-359.

(11) Trivelly, M. A. y Huerta, J. A. Alcances sobre flora y vegetación de la Cordillera de los Andes. Región de Antofagasta. 1º Ed. Ministerio de Agricultura. Servicio Agrícola y Ganadero: Santiago de Chile. 2014, pp 231-237; 272-278: http://www.sag.gob.cl/sites/default/files/libro_sobre_flora.pdf

(12) Szumik, C.; Molina, A.; Rajmil, J.; Aagesen, L.; Correa, C.; Pereyra, V. V.; Scrocchi, G. J.. El maravilloso mundo de los animales y plantas de la Puna. Alfarcito, Laguna de Guayatayoc, Jujuy, Argentina. Serie Conservación de la Naturaleza, 22. Fundación Miguel Lillo: Tucumán, Argentina, 2016, pp. 105-167.

(13) a) Sistema de Información de Biodiversidad en https://www.sib.gov.ar/ficha/PLANTAE*parastrephia*quadrangularis ; b) Cajal, J.L., García Fernández, J. y R. Tecchi (Eds.). Bases para la conservación y manejo de la Puna y Cordillera Frontal de Argentina. El rol de las Reservas de la Biosfera, FUCEMA/UNESCO, Uruguay: 1998.

(14) Flora Argentina (Plantas Vasculares de la República Argentina): http://www.floraargentina.edu.ar/detalleespecie.asp?forma=&variedad=&subespecie=&especie=bryoides&espcod=4472&genero=Fabiana&autor=2&deDonde=4

(15) Aguirre, M. G.; Rodríguez Criado, M. F. Experimentación con especies leñosas de la Puna Meridional de Argentina. Aportes a los estudios antracológicos. Comechingonia Virtual: Revista Electrónica de Arqueología. 2013, 17 (2), pp. 255-274.

(16) Alaria, A. y Peralta, I. Las especies de Fabiana Ruiz & Pav. (Solanaceae) que crecen en Chile Chloris Chilensis, 2013, 16 (1), pp. 1-24: http://www.chlorischile.cl/

(17) a) Plazia daphnoides en floraargentina.edu.ar : http://www.floraargentina.edu.ar/detalleespecie.asp?forma=&variedad=&subespecie=&especie=daphnoides&espcod=17376&genero=Plazia&autor=196&deDonde=0&letra=Plazia b) Ficha de antecedentes de especie (2015). Ministerio de Medio Ambiente – Gobierno de Chile: http://www.mma.gob.cl/clasificacionespecies/fichas12proceso/pac/Plazia_daphnoides_12RCE_INICIO.pdf

 

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