Perpetua Villa San Martín

 

Vº San Martín chucalezna

Vista de Vº San Martín hacia 1960 (por Jorge Mendoza)

 

Esta imagen me llena de nostalgia pues, tal como relaté en una Entrada anterior, durante mi infancia viví precisamente en una de las casas que se divisan en la foto, sobre la calle costanera. Hacia el año 1978, la Villa aún era considerada un barrio semi-marginal de San Salvador de Jujuy, de dudosa reputación, aunque nunca lo percibí así. Allí, la antigua casona que habitábamos tenía vista directa hacia el río Grande, con algún que otro sauce en la orilla y el coqueto barrio de Los Perales hacia el frente. Hacia el oeste, podía verse el cerro Azul, con su típico poncho de granizo en el invierno y en diciembre un gran árbol navideño que erigía la usina de Jujuy.

Pero la entrañable vista de la fotografía era aquella que, volviendo de alguna jornada extenuante de paseo por Los Perales, anticipaba que ya casi estábamos en casa.

Desde Los Perales 26-11-2007 por hraffag PANORAMIO

Vista de Vº San Martín desde Av. Mosconi -acceso a Los Perales- en 2007 (por hraffag, Panoramio)

Imágenes y referencias

Reciclando en Iruya

Reciclaje Iruya

Hoy, 17 de mayo, Día Internacional del reciclaje, recordé esta foto tomada en Iruya hace once años. En aquel momento el tema ya se encontraba instalado en el mítico pueblo salteño, concientizando a la comunidad a través de carteles como este.

Más sobre Iruya

 

El otro país (Análisis, 1969)

El otro pais comprimida chucalezna-Es el deslumbramiento cinematográfico y la certidumbre de que la Argentina cuenta —en la persona del cineasta Jorge Prelorán (36 años, una hija) — con un documentalista adulto y riguroso que hará su primera aparición pública a partir del próximo viernes 31 de octubre —y los martes y viernes del mes de noviembre— en el Teatro San Martín, donde se proyectarán 19 de sus películas, con un total de 6 horas 49 minutos de proyección. Esta es la parcial cosecha (su obra total cubre 16 horas 22 minutos de cine) de un largo y silencioso trabajo que, como camarógrafo, compaginador y director, ha cumplido Jorge Prelorán desde la Puna de Atacama, a más de 4.000 metros de altura, hasta inéditos rincones de la cordillera austral, recorriendo en jeep caminos precarios, regiones deshabitadas, o en viajes de 20 horas a lomo de mula por sendas escarpadas y zonas inhóspitas del país.

Para el folklorista Augusto Raúl Cortázar, profesor titular y director del Departamento de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires “estas películas de Prelorán forman el conjunto más completo, más importante y más documentado de expresiones folklóricas argentinas representativas. Además se valoran por su calidad artística cinematográfica”. Pero Jorge Prelorán hubo de ser arquitecto (“Lo intenté en la Universidad de Buenos Aires y en la de California”), también pianista (“Seguí 7 años de estudios con el profesor Lalewicz”), según reveló la semana pasada a ANÁLISIS. Sin embargo: “Terminé como graduado de la Universidad de California, en Los Ángeles, como Bachelor of Arts in Motion Pictures (Bachiller en cinematografía) en 1960”.

En rigor, las predilecciones cinematográficas de Prelorán se manifiestan y concretan a los 21 años de edad, cuando filmó “Venganza”, un tema policial desarrollado en 30 minutos, en blanco y negro, con el cual ganó el Primer Premio del Concurso para Principiantes del Cine Club Argentino, en 1954. Entonces, el actor de esa película —hoy es el arquitecto Alberto Nicolini— supo vincularlo, en 1963, con la Universidad Nacional de Tucumán, donde Prelorán se ha venido desempeñando (1968-69) como asesor audiovisual del rectorado, bajo contrato, para la producción de material didáctico. En 6 años ha realizado 32 películas y 28 series didácticas. Precisamente, los films que se exhibirán en el Teatro San Martín son, en parte, de este ciclo, habiendo participado en la coproducción de ellas el Fondo Nacional de las Artes, instituciones que ahora auspician la presentación en Buenos Aires.
Catalogo compPara el asistente de filmación de Prelorán, Sergio Barbieri (25 años, graduado en Bellas Artes, fotógrafo, coeditor del sello Pistacho y autor para el mismo de 6 libros a mano impresos con tacos de xilografía), “Jorge Prelorán es una mezcla del Apolo 11 y los tallarines: su madre es norteamericana y su padre hijo de italianos. En realidad, quiero decir que maneja una técnica de primera categoría; para él, usar la cámara es como tener un guante puesto. Por otra parte, es un repentista al que no se le escapa nada, vive lo que está ocurriendo a través de la cámara”.

En 1968, Prelorán asistió —único representante latinoamericano— al Coloquio sobre Films Etnográficos de la Universidad de California donde el famoso musicólogo y documentalista de la Universidad de Columbia, Alan Lomax, no ocultó su admiración —compartida por los congresistas— por el material de Prelorán, expresando —según el testimonio de Augusto Raúl Cortázar— que “gracias a este realizador, la Puna argentina es la zona más filmada etnográficamente en el mundo”.

Horas antes de que Jorge Prelorán viajara a Neuquén para hacer las últimas tomas de su película “Ruca Choroy” (80 minutos, color), el lunes de la semana pasada, ANÁLISIS se constituyó en la casa-laboratorio-sala de proyecciones que Jorge Prelorán habita en Barrancas de Belgrano, donde proyectó “Hermógenes Cayo” (65 minutos, color) sobre la vida de un santero de Cochinoca en la Puna jujeña, realizada con asesoramiento de Augusto Cortázar, Leda Valladares (musicóloga), Jorge Mendoza (profesor de Bellas Artes de Jujuy) y asistencia de Sergio Barbieri: “Tardamos un año y medio en filmarla —testimonió Prelorán— y durante 6 meses previos dialogamos con Hermógenes. Cuando nos dispusimos a filmar, grabamos 9 horas de revelaciones de este gran amigo que fue Hermógenes Cayo. No trabajamos con guión escrito. Se trató de filmar al personaje en su hábitat”.

Hermógenes Cayo” es una experiencia única, un hecho científicamente documentado bajo forma cinematográfica; también una emotiva realización que escapa a todo encasillamiento y se jerarquiza como obra de arte, donde los esfuerzos físicos, la hazaña técnica y el obstinado rigor de Prelorán tienen ideal expresión en palabras de Hermógenes enunciadas en uno de los fragmentos más conmocionantes de la película:

“Una ocasión fui yo allá a Colansulí de los Andes y me dijeron: hay un armonio que ya está bastante deteriorado, ha venido uno que quería componerlo pero ya lo ha acabado de arruinar más del todo. ¡Oh! digo yo, amigo yo comprendo eso si quiere prestármelo, yo voy a desarmar todo, pieza por pieza, y claro pedía yo nada más para fijarme de dentro como es, porque estas cosas no son cosas del otro mundo, sino son cosas hechas por los hombres igual que yo. Y esto es todo a base de tornillos”.

Así habló Hermógenes Cayo. Prelorán logró conocerlo como nadie, antes de que muriera, para testimoniarlo como fue, como todo un hombre.

Nota publicada en la REVISTA ANÁLISIS, N° 449 del 21 de octubre de 1969

FUTARI desu.

“DOS”

Futari chucaleznaHay una foto que es única. Es esta.

Ellos son mis padres.

A diferencia de otras familias no heredé álbumes con un montón de fotos que mostraban en forma ordenada y cronológica el casamiento de la abuela, el nacimiento del tío, la graduación del primito… Sino que me llegaron dispersadas en un par de cajas y varios sobres de ajado papel madera, un montón de fotografías, rollos sin revelar, negativos, contactos que, con suerte, mostraban algún rótulo críptico. Entre ese material, muy pocas fotos con el título o el nombre del personaje familiar en el anverso. Y no hay otra foto de mis padres juntos.

Ella se ve tan “sesentas” y él, ya un poco gordito, con su característico mechón blanco.

Sonríen. Acceden a la foto con cierta complicidad, como si aceptaran el momento que los encontró juntos con total despreocupación.

Es una foto que me gusta mucho.

Parece suspendida en el tiempo y ellos dos, rodeados de un halo casual y feliz…

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El título, “FUTARI desu” (二人 です。), en japonés quiere decir “son dos“:

 Ofelia Bertolotto y Jorge Mendoza.