Takashi Takahashi, un puente entre Jujuy y Japón.

高橋喬の足跡

El señor Takashi Takahashi, 高橋喬san (1) o, simplemente don Takashi, como era conocido por todos en Jujuy, ocupa un lugar especial en mi recuerdo y en la historia de Chucalezna.

Don Takashi fue como un familiar, pero un familiar japonés, a quien no se le hacen demasiadas preguntas y se acepta con agradecimiento lo que ofrece. Durante mi infancia jamás me pregunté cómo habría llegado este parco japonés nada menos que hasta Humahuaca. Su presencia allí era tan natural como la de Chucalezna misma. En cada paseo a la Quebrada lo clásico era visitarlo. A veces algún vecino nos avisaba: -“Don Takashi se ha ido a Uquía”. Otras veces lo esperábamos, hasta ver su sencilla figura acercándose por las callecitas empedradas de Humahuaca. Luego de darnos una cordial bienvenida e invitarnos a pasar a su heya –su pieza– que olía a arcilla húmeda traída desde el río Grande, yo quedaba en libertad para rondar por el lugar entre cerámicas con preciosos motivos decorativos. Una de las últimas noticias que recibí acerca de don Takashi fue que un sobrino había llegado desde Japón para estar con él en Humahuaca. Al tiempo, el muchacho, casado con una humahuaqueña y ya con un pequeño hijo, retornó con su nueva familia a Japón. Takahashi permaneció en Humahuaca.

Takahashi san 1973 Jujuy BLOG-

Don Takashi en 1973.

Takahashi fue un inmigrante japonés a quien la vida y sus actividades lo fueron arriando hacia el norte, primero Tucumán, luego Salta y por último, Jujuy. Allí se afincó unos años en San Salvador, otros en Humahuaca y al fin, en Uquía. Localmente fue reconocido por su labor como docente y sus trabajos con telares y textiles pero fueron sus cerámicas las que le brindaron un reconocimiento universal.

Tratar de contar la vida de don Takashi es como intentar armar un enigmático puzzle al cual, además, le faltan algunas piezas. Lo azaroso de su llegada a nuestro país desde Japón y luego la elección de radicarse en las provincias norteñas plantea una serie de interrogantes. Reconstruir con detalle su vida es una tarea que continuará, pues nuevas piezas pueden aparecer en cualquier momento y revelarnos sorprendentes respuestas.

La figura de Don Takashi es una pieza clave en el engranaje universal, ya que  entrelaza diversos actores, de distintos orígenes, en diferentes lugares y tiempos. Fue un puente entre lo japonés y lo argentino. Y más que eso, su obra es la muestra del sincretismo entre la milenaria cultura del sol naciente y la ancestral cultura de nuestros pueblos del noroeste.

Don Takashi Takahashi: una historia dentro de otras historias.

Hasta hace unos años no se hallaba información sobre él en internet, ni fuentes fidedignas que lo mencionaran. Muchos de los coetáneos y colegas que podían brindar más datos, habían fallecido.

En la vida, dicen, nada es casual sino causal. Así, don Takashi, que fue la primera figura japonesa que apareció en mi vida, de alguna forma fue determinante en la fascinación que más adelante desarrollé por la cultura nipona. Será por ello que hace un par de años empecé a estudiar el idioma japonés, guardando siempre la esperanza de acercarme a la historia de don Takashi. Por otra parte, realizando el doctorado en química me tocó en suerte compartir el espacio de laboratorio con Gustavo Kashiwagi, un nisei (2) con quien rápidamente nos hicimos amigos. Cuando le conté esta intrigante historia, se comprometió de lleno con ella. Fue él quien motorizó los hallazgos más importantes para empezar a armarla.

En primer lugar, Gustavo se puso en  contacto por e-mail con Choichi Sakihara, director editorial del diario de la colectividad japonesa La Plata Hochi. El señor Sakihara nos aportó la valiosísima referencia de la “Historia del Inmigrante Japonés en la Argentina”, una publicación que recupera la historia de vida de los inmigrantes japoneses en nuestro país. En su intercambio con Gustavo, le comentó que en el segundo tomo de dicha obra, que abarca el Período de Posguerra (3), se brindan datos de “la vida de Takahashi san y de la historia con su amigo Jorge Mendoza san”. Según el señor Sakihara, Takahashi era soltero y de tener parientes los tendría en  Yokohama, de donde era oriundo y “sólo una mujer japonesa, gentil y trabajadora, podría haber vivido con él y ayudarlo en su trabajo”. Pero estas últimas fueron sus conjeturas. Finalmente, contó que él mismo pudo conocer las pinturas de paisajes y de cerámicos realizados por Takahashi en el Centro Cultural de la Embajada de Japón, en una exposición en el año 1985. Además, el señor Sakihara nos brindó el nombre de Takahashi en los  kanjis (4) originales: 高橋喬. Así Gustavo pudo hacer una búsqueda directa en la WEB y en japonés.

Al poner en Google 高橋喬の足跡 y dar click encontré esto!!!” me escribe Gustavo, exultante, en un mail mientras a continuación escribe un intrigante URL (5). “Es el blog del señor Shinji Kawaguchi, pude chatear unas palabras con él, le conté que estoy con vos en la búsqueda y recuperación de la memoria de tu padre y la de Takahashi san”. El señor Kawaguchi en ese momento era un becario de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) y se encontraba realizando una especialización en ecoturismo en la provincia de Jujuy (6). En su blog personal relataba las vivencias en Jujuy y dedicaba un apartado para don Takashi. Allí comienza “[…] recientemente descubrí que hay un Museo Takahashi Takashi en la ciudad de Uquía, en la Quebrada de Humahuaca. Ese japonés vivió en Jujuy. En la comunidad nikkei jujeña (7), algunas personas lo conocieron”. Y aquí, nuevamente nos remite a la “Historia del Inmigrante…” en su versión en japonés. En la misma entrada, traduce algunos párrafos a nuestro idioma.Historia Inmigración FOTO Blog

Acá la historia se pone más interesante, pues Gustavo me ofrece prestadas las dos versiones idiomáticas, de la “Historia del Inmigrante…” que, providencialmente sus padres tenían en casa!

El segundo tomo del libro sobre la inmigración japonesa en Argentina en su versión en japonés, contiene un recuadro dedicado exclusivamente a la historia de Takahashi que, como bien destaca allí: “fue diferente a la de otros inmigrantes japoneses de Preguerra en la Argentina”. Posiblemente esto estuvo relacionado con su personalidad o con su interés en las actividades artísticas. No se sabe a qué se dedicaron sus padres y qué estudios tuvo Takahashi, hechos que quizás hayan sido determinantes a la hora de tomar su camino en la Argentina.

Takahashi san Blog de Shinji san-

Joven Takahashi (Blog de Shinji Kawaguchi , Ref. 5)

El libro cuenta que nació en 1908 en la prefectura de Yokohama (日本の横浜) y que con 27 años, llegó al país de la mano de una compañía comercial japonesa donde trabajó durante ocho años. En 1943, a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, la empresa cesó sus actividades. Takahashi recibió una módica indemnización y por motivos que se desconocen, eligió la provincia de Tucumán para residir durante los dos o tres años siguientes. Allí comenzó a desarrollar actividades artísticas, como la cerámica y la pintura. A continuación, Takahashi se mudó a la ciudad de Salta donde empezó a vivir de la venta de sus propias creaciones y donde también realizó la restauración de la imagen de la Virgen de una iglesia local. Así,  en base a su talento y su perfeccionismo, Takahashi fue logrando reconocimiento en el medio artístico de la zona. Cabe destacar que los inmigrantes japoneses que vivían en Salta y en Tucumán en aquella época predominantemente, llevaban adelante cafeterías y tintorerías. Por ello, la dedicación de Takahashi hacia una actividad creativa como medio de vida hacía que lo vieran como “un bicho raro”. Aún así tuvo participación activa en la Asociación Japonesa de Salta durante un tiempo.

Por su parte, la versión en castellano del mismo volumen, dedica solo un breve párrafo a la vida de Takahashi (8).

Don Takashi y Chucalezna: docencia, cerámica y perfeccionismo.

Habiendo sido definido como “alguien al que no le gustaba estar atado por nadie”, Takahashi migró a Jujuy hacia 1963. El motivo fue la amistad entablada con mi padre, Jorge Mendoza, quien lo había convencido para trabajar en un Taller de Cerámica de San Salvador de Jujuy, que más tarde se convirtiera en la Escuela de Cerámica. En esta ciudad Takahashi vivió unos cinco años destacándose en otros campos, no sólo pintura y cerámica, sino también en textiles (tapices), escultura, música y hasta cocina.

Se incorporó al Taller Libre de Arte de Chucalezna en 1969 para llevar adelante el área de cerámica. Recordemos que unos años antes, en 1959, los profesores Claudio Samos y Jorge Mendoza habían empezado esta experiencia en la Escuela de Chucalezna, donde la madre de Mendoza era directora y maestra. Allí los niños de la zona concurrían fuera del horario de clases para aprender pintura, escultura y telar . Luego de que Claudio Samos se mudara a La Rioja por razones personales, Jorge Mendoza continuó solo la tarea de consolidarlo como Taller Libre de Arte (9). Con don Takashi, se incluyó la enseñanza de cerámica en el taller-escuela. Fue idea del propio profesor Takahashi, por ejemplo, la de realizar pequeñas y encantadoras réplicas en cerámica de las  iglesias de la zona.

Iglesias cerámica Takahashi-BLOG

Réplicas en cerámica, idea original de don Takashi.

Para el año 1973 cuando ya funcionaba de manera oficial como Taller de Artes Plásticas y Artesanía de Chucalezna bajo la dirección del profesor Mendoza, se organizó en la ciudad de Jujuy la primera gran muestra de la producción realizada en el mismo: de tejidos a cerámicas, pasando por las tradicionales pinturas realizadas por los alumnos, más adelante conocidos como los niños pintores de Chucalezna. Durante su inauguración, en mayo, se tomó esta foto de mi padre y de don Takashi, juntos. Ese mismo mes mi padre murió.

Takahashi y Mendoza 1973 BLOG

Takahashi y Mendoza, durante la primera gran exposición, aunque última, de la producción artística del Taller de Chucalezna, en 1973.

Luego de la muerte de Jorge Mendoza, el Taller y la escuela primaria de Chucalezna se fusionaron quedando a cargo del profesor Takahashi quien los llevó adelante ya como su director. La “era Takahashi”, como es denominada en el libro, enfrentó al profesor japonés con la realidad de las escuelas estatales rurales de Argentina. Sin presupuesto, con paupérrimos insumos y una burocracia con la cual seguramente no estaba familliarizado, Takahashi se vio compelido a comprar sillas, pupitres, pizarra y hasta afrontar el gasto de la reparación del aula de la escuela con dinero de su propio sueldo. Como buen japonés, decidido a llevar la escuela hacia lo mejor, gradualmente agregó asignaturas e invitó a los mejores maestros de la zona para dictarlas, destacándose entre ellos el joven Ricardo Vilca como maestro de música. Así pasaron diez años.

Alrededor de 1983, Takahashi es designado como Director del Taller Escuela de Cerámica de Humahuaca por la Dirección General de Enseñanza Media Especial y Artística, por lo cual deja la Escuela de Chucalezna para instalarse en dicha ciudad. Sin él, el taller de la escuela de Chucalezna no logró continuar.

En la ciudad de Humahuaca don Takashi se dedicó a fondo a las artes y oficios. Años más tarde, ya retirado y con 83 años se radicó de forma definitiva en el pueblito de Uquía, 9 km al sur de Humahuaca, donde muere a la edad de 89. Actualmente sus restos descansan en lo alto del cementerio con vistas hacia la Quebrada.

Takahashi plato Blog

Impactante plato de cerámica de 64 cm de diámetro, realizado por don Takashi.

El Museo de Don Takashi en Uquía.

Las bellísimas obras de Takahashi han trascendido al mundo de la mano de coleccionistas privados, de instituciones y museos.

Entre ellos se destaca el Museo Takashi Takahashi que puede ser visitado en Uquía. Instalado en la última casa donde residió don Takashi, se exhiben sus obras, sus herramientas y el mobiliario que usaba, mostrando una vez más su sencillez y su japoneidad. Este museo fue inaugurado en 2012 luego de la iniciativa y las gestiones realizadas por el Centro de Residentes y Amigos de Uquía en San Salvador de Jujuy, con el apoyo del gobierno provincial de ese momento (12, 13, 14).


Takashi Museo foto

El Museo Takashi Takahashi se encuentra en el pueblo de Uquía, 120 kilómetros al norte de San Salvador de Jujuy, por la ruta nacional N° 9. Calle Cátulo Aparicio s/n, entre Padre Lozano y Capitán Uyunis, detrás de la Iglesia (Folleto del Museo para La Noche de los Museos en Jujuy).

 グロッパ・ネストルの高橋喬の哀詩

El poeta Néstor Groppa le dedicó a don Takashi un bello poema que completa el puzzle imaginario que me propuse armar (10).

Despidiendo a un legendario NGroppa

Corolario musical para esta historia.

El músico Ricardo Vilca le dedicó una canción con su nombre: “Takashi Takahashi”. Este tema, curiosamente, fue grabado de manera póstuma en 2009, en el CD “Promesas” que es, a su vez, un homenaje de los músicos amigos hacia Ricardo Vilca (11).

El primer video del canal Chucalezna en Youtube es un pequeño homenaje desde este Blog a estos dos grandes maestros de la Quebrada.

(c) veromendo y chucalezna.wordpress.com

DATOS Y REFERENCIAS

 

  1. Takahashi san: en idioma japonés el sufijo “san” es un honorífico, que se ubica luego del nombre de cada persona indicando “señor” o “señora”. En este caso, “señor Takahashi”.
  2. Nisei: hijo de inmigrantes japoneses, nacido en el extranjero; “segunda generación”.
  3. アルビンチン日本人移民史。 第二巻 戦後編。Historia del Inmigrante Japonés en la Argentina. Tomo II – Período de Posguerra. Versión en japonés. Federación de Asociaciones Nikkei en la Argentina (F.A.N.A), Buenos Aires, 2006. 日本文化 日本語孝育,第二世代の成長。 第5章, 第1節 日本文化 普及。374-375ページ。Capítulo 5: Cultura japonesa, educación en japonés, crecimiento de la segunda generación. Sección 1: Difusión de la cultura japonesa. Pag. 374-375. Choichi Sakihara director editorial.
  4. Kanji: ideograma de la escritura japonesa, de origen chino.
  5. El blog del señor Shinji Kawaguchi: http://yuishin0712.blog.fc2.com/
  6. “De Jujuy a Japón y viceversa” (El Tribuno de Jujuy, 13-01-2014) en https://www.eltribuno.com/jujuy/nota/2014-1-13-21-40-0-de-jujuy-a-japon-y-viceversa
  7. Nikkei: relativo a la colectividad japonesa.
  8. Historia del Inmigrante Japonés en la Argentina. Tomo II – Período de Posguerra. Versión en español. Federación de Asociaciones Nikkei en la Argentina (F.A.N.A), Buenos Aires, 2005. Capítulo 5: La cultura japonesa. El nisei. Sección 1: Aspectos de la difusión cultural. Pag. 405.
  9. Pensando en Chucalezna, pensando en Jorge Mendoza” en https://chucalezna.wordpress.com/2013/07/16/pensando-en-chucalezna-pensando-en-jorge-mendoza/
  10. Néstor Groppa. “Despidiendo a un legendario” en “Volverá el mar y se irá… como entonces: libro de ondas, segunda parte”. Buenamontaña, San Salvador de Jujuy, 2007.
  11. http://cantoymusicadelosandes.blogspot.com.ar/2011/03/2009-promesas-cd-los-amigos-de-ricardo.html
  12. Museo de Takashi Takahashi” en sitio web de la Fundación ILAM (Instituto Latinoamericano de Museos y Parques en América Latina y el Caribe) http://www.ilam.org/index.php/es/museo?id=473
  13. Nuevo Museo Takashi” (El Tribuno de Jujuy, 21-11-2012): http://www.eltribuno.info/jujuy/226061-Nuevo-Museo-Takashi.note.aspx
  14. Museo “Profesor Takahashi Takashi” en “Locos por la Quebrada de Humahuaca”: https://www.facebook.com/notes/locos-por-la-quebrada-de-humahuaca-jujuy-/museos/958372717611752/

 

AGRADECIMIENTOS

  • Al señor Gustavo Kashiwagi.
  • Al señor Choichi Sakihara.
  • Al señor Shinji Kawaguchi.
  • Al poeta Néstor Groppa.
  • Al músico Ricardo Vilca.
  • Al señor Alberto Ronzoni.

 

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Jujuy en mapas: TILCARA

En Entradas sucesivas, continuaré poniendo a disposición de l@s lector@s algunos mapas de la provincia de Jujuy y de sus regiones.

Luego de cuatro años de llevar adelante Chucalezna, he podido percibir una gran avidez por mapas, tanto para viajeros y turistas como con fines escolares.

He obtenido los más antiguos de viejas cartillas turísticas (se indicará la fecha estimada de publicación) mientras que otros han sido realizados artesanalmente con fines didácticos. Finalmente, los tan útiles de la DPV (Dirección Privincial de Vialidad) que en la actualidad no se encuentran disponibles en su WEB. De todos modos, siempre se recomienda chequear la cartografía a través de Google Maps o Google Earth, para corroborrar que no se haya cambiado la traza de algunos caminos.

DEPARTAMENTO TILCARA refsDepartamento de Tilcara DPV (1)

Otros mapas:

Cianzo, paraíso más allá del Hornocal

Cuando de Jujuy se trata, visitar la ciudad de Humahuaca suele ser un destino obligado. Pero hoy el viajero debe saber que “la onda” humahuaqueña sigue más allá de las callejuelas de la ciudad. Cruzando el río Grande, encarando hacia el sureste lo espera la serranía del Hornocal, que marca el límite con Valle Grande. Bautizada por los agentes de turismo como el “Cerro de los 14 Colores” (quizás en un intento por destronar al ya famoso “Cerro de los Siete Colores” purmamarqueño), esta formación geológica que  semeja una gigantesca guarda textil, regala a los ojos una paleta de infinitos matices en amarillos y rosados.

Para llegar al mirador del Hornocal desde Humahuaca la única opción es la Ruta Provincial 73, una cinta de ripio que zigzaguea por varios kilómetros en subida. Ya en el camino, un alto para mirar hacia atrás puede ofrecer una hermosa panorámica de las cadenas montañosas al oeste de la Quebrada de Humahuaca. Si el día es diáfano, podrá llegar a verse el nevado de Chañi, pico más alto de la región. Finalmente, tras casi una hora de viaje, se llega a lo alto donde un cruce de caminos exige detenerse y atender a los carteles. El camino con dirección sur, desemboca en una lengua de tierra que, a 4350 metros sobre el nivel del mar, constituye el mirador.

Humahuaca circuito Hornocal Cianzo Aparzo Palca de Aparzo-

Humahuaca y sus circuitos (http://www.ronque.blogspot.com.ar)

Pero para acceder al lugar hay que atravesar un “puesto de control” designado por una comunidad lugareña, que cobra un bono contribución por cada vehículo que ingresa. Esta decisión puede resultar  un tanto arbitraria, pero en el lugar se ofrece un servicio de baños químicos y el mantenimiento de los senderos.

Para quienes se “apunan” y las hojas de “coca” no son de su agrado, un termo con té de manzanilla  y “pupusa” –planta medicinal local–, endulzado con miel, puede ser una opción salvadora para disfrutarar del paseo sin los síntomas de apunamiento.

Para el regreso a Huamahuaca hay dos opciones: volver por el mismo camino de subida, ahora en bajada, o seguir hacia el este, aventurándose hacia los paisajes de Cianzo, Palca de Aparzo y Aparzo.

Si la segunda es la opción elegida, el viajero se encontrará con un camino hermoso que, sin embargo, en su primer tramo llama a la precaución dada la fuerte pendiente y su superficie de ripio (el descenso en “primera” suele ser lo conveniente). Pero bajar la velocidad posibilita admirar la panorámica sobre Cianzo, un pequeño poblado  enmarcado por verdes vegas y cerros colorados que se presenta como siguiente destino.

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Cianzo podría recorrerse rápidamente pues se erige a ambas manos del camino, pero invita a hacer constantes pausas admirando los sembradíos de habas, de flores, la capilla, el río homónimo.

De allí en más, el camino cruza varias veces el cauce o los brazos del río, por lo que es importante tener en cuenta el vehículo con el que se encarará la travesía: una pick up o camioneta de cierta altura es lo más aconsejable. Además, en verano el camino puede estar cortado si el caudal aumenta por las lluvias.

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En el siguiente cruce de caminos se vislumbran hacia el Este unos paisajes de ensueño. La posibilidad de acercarse al Abra de Zenta es una tentación. Sin embargo, este es un recorrido bastante largo y en subida, que se recomienda realizar como parte de otra aventura hacia destinos como Santa Ana y Caspalá,  ya de camino a los Valles Orientales.

Retomando curso hacia Palca de Aparzo antes de que caiga la noche, cerros de terciopelo esperan al viajero pues pastizales de altura tapizan las ondulaciones a esa altitud.

El circuito va dando la vuelta, cruza nuevos ríos y se enfrenta al sol en el poniente. Se deja atrás Aparzo, con sus preciosos prados amarillos por los “sunchos” en flor y enormes “cortaderas” que custodian el camino.

Mientras tanto, una majada en rauda bajada y una preciosa laguna en altura serán los últimos regalos de la luz.

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Finalmente cae la noche. No es lo recomendable para encarar el pronunciado descenso hacia Humahuaca. Sin embargo una charla ligera y bastante atención al camino son suficientes para depositar al viajero sano y salvo en algún lugar del centro de la ciudad, donde unas buenas empanadas de queso y un vino rojo podrán coronar esta jornada de viaje y paisajes.

Recomendaciones

  • Para disfrutar de Hornocal en todo su esplendor, se sugiere ir por la tarde, que es cuando recibe el sol de frente.
  • Siempre llevar abrigo, ya que en las zonas altas suele soplar bastante viento y hace frío. Hasta Cianzo se llega bien en vehículo normal. Para aventurarse más allá, ir en camioneta o 4×4, pues el camino exige el cruce de varios ríos. Tener en cuenta que en verano las lluvias pueden cortar el camino y, que en invierno puede estar escarchado. En verano puede repentinamente granizar.
  • Este fantástico recorrido puede tomar hasta seis horas en total desde la salida de Humahuaca, pues cada recodo, cada pueblo, cada río, cada pieza de fauna y flora puede confirmarse como un nuevo alto en el camino. Luis lamas contactoSe puede realizar con Luis Lamas, baqueano de Cianzo, a quien conocimos en este viaje. También contratando otros servicios de camionetas que tienen su habitual “parada” en el puente que cruza el río Grande, en Humahuaca. La mayoría está en muy buenas condiciones y cuenta con la habilitación municipal para paseos turísticos.

 

Agradecimientos

  • S8307507-(2)Nuevamente a la Profe Faltracco, quien le puso el cuerpo a la Toyota ’99!
  • A AR, por la edición de estas aventuras.

 

 

Referencias

El sitio de Alicia Faltracco, pintora y amiga http://aliciafaltracco.com/

Sobre la “pupusa” (Werneria poposa Phil.): Vignale, N. D. Plantas medicinales del área andina de la provincia de Jujuy en http://www.herbotecnia.com.ar/c-biblio014-17.html . La pupusa se consigue en el puesto de especias y hierbas aromáticas del Mercado de Abasto de San Salvador de Jujuy, cerca de la Vieja Terminal de Ómnibus y es infalible!

Acerca del “suncho” o “sunchu” (Viguiera lanceolata) en el sitio de Medicina Intercultural en http://medicinaintercultural.org/cd/plantas/sunchu-0 

El mapa de Humahuaca se obtuvo del sitio oficial de la Comunidad de Ronque (distrito Rodero, departamento Humahuaca) donde se ofrece más información para el viajero, en http://ronque.blogspot.com.ar/

Mapa de Google maps:

Circuito Hornocal, Cianzo, Aparzo, Palca de Aparzo- RP73-

Postales de Jujuy: Tilcara

A través de estas imágenes evoco la Tilcara que vivieron mis padres y abuelos, y rememoro la de mi infancia…

Vista panorámica de Tilcara hacia 1930 por Federico Kohlmann

Vista panorámica de Tilcara hacia 1930 por Federico Kohlmann (archivo de la BNMM)

Por su emplazamiento, su clima, su historia y su cultura, Tilcara sigue siendo el pueblo cuyo nombre surge inmediatamente, en el imaginario de jujeños y forasteros, al nombrar la Quebrada de Humahuaca.

1930∗∗∗2011

BNA_FO005612_22_01

Tilcara hacia 1920 por Federico Kohlmann (archivo de la BNMM)

1920∗∗∗2011

Referencias

2002

img051 Composición2--

Tilcara, panorámica hacia el Oeste (veromendo, 2002).

 

 

 

Descubriendo el Qhapaq Ñan por la Quebrada de Sapagua

Por la ruta del Q Ñan banner

En agosto de 2016 tomé rumbo a Jujuy para sacarme la mufa y la humedad del sur. El truco funcionó y unos días gloriosos de sol y calorcito me esperaban dispuestos a abrazarme (y a cambiarme el humor).

La visita a Humahuaca ese año fue reveladora por muchos motivos. Por un lado, fui invitada a la casa de la profe Faltracco para participar de la ceremonia en honor a la Pachamama (Entrada 134). Y ese mismo día, luego de la increíble experiencia de purificación, de comer y de beber con la tierra, la dueña de casa me propuso marchar hacia los petroglifos de Sapagua que yo, desde hace tiempo, ansiaba ver con mis propios ojos.

El lugar está bastante cerca de Humahuaca, hacia el NO. Nos acercamos en vehículo por RN9 tanto como pudimos y luego, al adentrarnos por un camino de ripio que ascendía levemente, empezaron a aparecer a nuestra derecha unas suaves ondulaciones aterciopeladas todavía en marrones y ocres invernales. La tarde estaba especialmente radiante y al iniciar la marcha de a pie pude quedarme en remera y asolearme, dejando atrás las tres infatigables capas de abrigo.

Sapagua Comp2--

Encontrar el punto de descenso hacia la playa del río Sapagua en la zona donde está la pared con los petroglifos no es fácil, por ello es que siempre se recomienda ir con un guía de la comunidad de Hornaditas. Sin embargo, fue muy divertido hallar la forma de descender, ante la mirada azorada de una majada de cabritas que, desde el cerro de enfrente no podían comprender tanta torpeza. Finalmente, derrapamos a metros de “El pintado”: los petroglifos estaban allí, en vivo y en directo. El cartel que había visto en las fotos de difusión turística del lugar ya no estaba, seguramente llevado por la corriente del río en algún verano reciente. La destrucción de las defensas que pretendían poner a resguardo estas maravillas arqueológicas así lo sugiere.

Panel 2016-

Panel de “El Pintado“, Humahuaca, Jujuy (veromendo, 2016)

El paso del tiempo, el clima, el crecimiento de vegetación en los intersticios y también el turismo displicente han generado un deterioro en los paredones esgrafiados. Aun así resultan fascinantes. El pasado y el presente colapsan en un mismo punto del espacio  (ver ENTRADA 35).

Por el río Sapagua

Quebrada del río Sapagua (veromendo 2016)

Decidimos disfrutar del regreso emprendiendo una caminata por la playa, mientras buscábamos un lugar de ascenso natural. Fue así que con sorpresa nos topamos con vestigios del histórico Qhapac Ñan y  decidimos retomar nuestro camino por esas antiguas huellas.

Qhapaq Ñan, que en lengua quechua significa “principal camino”, se refiere a la red vial que llegó a unir el centro-oeste de Argentina y Chile con el suroeste de Colombia bajo dominio de la cultura Inca, antes de la llegada de los españoles. Esta red de caminos sumó más de 30.000 km en total, conectando centros de producción, administración y sitios ceremoniales. Muchos de ellos habían sido construidos durante la época pre-incaica pero luego, el Tawantinsuyo los tomó como propios e impulsó su ampliación e interconexión para cubrir un área geográfica cada vez mayor. De esta manera, el con frecuencia denominado “Camino del Inca”, constituyó la base de su poder político y económico.

La provincia de Jujuy se encuentra surcada por parte de esa extensa red de arterias que conforman el Qhapac Ñan. En la actualidad pueden encontrarse algunas de sus estructuras, mostrando la conexión que existía entre la región de la Puna con la Quebrada de Humahuaca y de ésta, con las Yungas permitiendo reconstruir, las actividades de los pueblos pre-hispánicos y sus relaciones comerciales. Los lugares elegidos para el emplazamiento del camino y la fortaleza de la construcción le han permitido resistir hasta nuestros días a pesar de la topología y de la erosión por la rigurosidad del clima. Según pude informarme, remontando la Quebrada del río Sapagua hacia el oeste y continuando por Inca-Cueva, persisten tramos del Qhapac Ñan en buen estado.

Sapagua

La vista del río Sapagua desde el Qhapac ñan (veromendo 2016)

Mientras caminábamos en silencio por esa senda ancestral, nos íbamos desintegrando y pasábamos a formar parte del paisaje. Empecé a sentir una emoción única, con la sensación de estar en total conexión con mis omnipresentes antepasados andinos.

El Qhapaq Ñan fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2014.

© veromendo 2017

Referencias y recomendaciones

veromendo en SapaguaMi agradecimiento a “la profe” Alicia Faltracco, guía en los senderos del Qhapac Ñan.

Koas para la Pacha

En agosto durante las celebraciones en honor a la Pachamama, así como en otros rituales agrícolas y ceremonias en la zona andina de Bolivia, Argentina y Chile, es imprescindible la presencia de la “koa”, una planta nativa emblemática.

sahumerio con carbones y koa

Sahumerio, carbones y ramitas de koa durante la ceremonia a la Pachamama en Humahuaca (veromendo, 2016)

Investigando sobre su origen y propiedades pude saber que, en realidad, son varios los arbustos resinosos aromáticos que se reúnen bajo el nombre de “koa” u otras denominaciones vernáculas, integrando familias botánicas diferentes (1).

A su vez, la palabra “koa” significa “lo que se transforma en otra cosa” (2). Por ello, la acción de “koar”, es decir, quemar estas plantas de manera ceremonial y sahumar, representa un acto de limpieza, de curación o un medio para elevar los pedidos y agradecimientos a las divinidades y a los ancestros. El humo entonces, es el vehículo que ejerce la capacidad de comunicar y unir los diversos mundos en la cosmovisión andina. El poder simbólico está contenido en el nombre: “koa” (o en sus otras nominaciones) y no necesariamente en la especie botánica involucrada que, si bien es importante, puede ser reemplazada (3).

Cada pueblo, un ritual, un nombre

Una completa descripción de las koas fue publicada en los trabajos de Carolina Villagrán y Victoria Castro, donde sus usos están minuciosamente explicados y discriminados por zonas y poblados de las regiones del norte de Chile. Según esas investigaciones, la koa, koba, o wirakoa es considerada la planta ceremonial más importante de los Andes que, tanto en la zona más septentrional de Chile como en el sur de Bolivia se identifica con el arbusto de Diplostephium cinereum, abundante entre los 3500 y 4500 m de altitud en los Andes. La planta se recolecta, se pica, se seca y después se quema sin que prenda en llamas, de manera similar a como en Mesoamérica se utiliza el copal. Con ella se sahuman los animales durante la “señalada”, como forma de asegurar su fecundidad y su multiplicación. También se la utiliza en la ceremonia de “huilancha” ofrecida a la Pachamama, los mallkus o los santos, en retribución por los favores de fertilidad para el campo y el ganado. Asimismo se emplea para rituales de limpieza de la casa, para inaugurar un techamiento e incluso, para curarse de algún “mal” (1, 2).

D. cinereum vs P. quadrangularis vs F. bryoides

Algo más al sur, en la región chilena de Antofagasta, comienzan a utilizarse otros dos arbustos resinosos: Fabiana squamata y Fabiana bryoides, pertenecientes a la familia de las Solanáceas. Allí, estas especies son llamadas k’oa, koba, koba Santiago, illakowa, koille, entre otros nombres. También se encuentran presentes aunque con menor abundancia, en los tolares del sur de Bolivia y norte de Argentina a la misma latitud. Allí también, su uso está relacionado con el sahumado del ganado, limpieza de canales de riego o acequias y como una costumbre para la suerte. Algunas diferencias en el ceremonial se observan en las diversas poblaciones, aun encontrándose muy cercanas entre sí, remarcando lo local y lo familiar en la tradición. Por ejemplo, se pueden quemar junto con llareta (Azorella compacta) o con wiracoba (D. cinereum) traída de más al norte; el procedimiento puede hacerse en un plato o en un “kobero”, sahumador de cerámica confeccionado para tal propósito.

Desde tiempos antiguos, algunas regiones han funcionado como ruta de enlace entre territorios andinos. Allí, el constante intercambio de tradiciones culturales ha promovido el uso concomitante de las variedades botánicas endémicas y de las especies “importadas” desde otras regiones. Tal es el caso del territorio de Pica-Collahuasi-Ollagüe, en Chile, donde se utilizan Diplostephium cinereum, a la usanza del extremo norte de Chile y sur de Bolivia, Fabiana squamata (aquí llamada tara macho) característica de áreas más sureñas y la resinosa local Parastrephia teretiuscula (“tara koba”) (1, 2).

En la Quebrada y la Puna jujeñas, según Bugallo & Vilca, la koa o koba destinada a quemarse es Parastrephia quadrangularis, cuyo aroma queda asociado a los momentos de ceremonias en que se “da de comer” a la Pachamama. Asimismo, al traer alimentos de otras regiones, los mismos son “chayados” y sahumados con esta planta, en un ritual destinado a conservar su “ánimu” –sus propiedades– y con el deseo de que duren más. Con fines curativos, relatan que “los olores de las plantas que se sahuman entran en el cuerpo” y “crean el ambiente de curación” (4).

P. quadrangularis Ref.7 pag151

Parastrephia quadrangularis (Ref. 9, pp. 151).

Por otra parte, Ivana Jofré Luna aporta su análisis sobre los rituales en Antofalla (Catamarca), donde se usa la misma especie botánica, que aquí recibe el nombre de “chachaco’a”, para la señalada, para las ceremonias para la Pachamama y durante otros rituales agrícolas. En ocasión de estar en falta, la planta puede ser reemplazada por especies lugareñas, como “pata de perdiz” (Fabiana bryoides [Phil]) o “lejía” (Baccharis incarum [Wedd.]) (3). Volviendo al territorio chileno, en el área del Salar de Atacama las funciones de la koa también son identificadas con Parastrephia quadrangularis, llamada vulgarmente chacha, chacha hembra (2).

En la zona de Potosí, Bolivia, se describe que terminada la construcción de una casa se realiza una ceremonia en la que se utiliza la “q’uwa” como planta ceremonial para sahumar, aunque no se especifica a qué especie botánica corresponde (5).

Db de Koas Chile Arg

Distribución de las diferentes especies de “koa” en Chile y Argentina en base a las fuentes consultadas (Mapa base: Google Earth)

Todos los nombres, la koa

Una misma especie botánica que crece en diferentes ámbitos geográficos puede ser conocida mediante dos o más nombres vernáculos, ya sea por influencia de los distintos idiomas que confluyen en una misma región o porque la tradición oral ha ido transformando esos nombres. Se revaloriza así su importancia lingüística y cultural (6, 7). Por otra parte, un mismo nombre vulgar puede ser utilizado para referirse a especies botánicas diferentes que, por el simple hecho de ser elegidas para participar de los rituales, transmutan en “koa” (1, 2).

De esta manera koa, khoa, ko’a, koba, koba hembra, koya hembra, wirakoa, huira-koa, k’oa, koba, koba Santiago, koa Santiago, orqokipa, orqo kipat’ula, qoba, illakowa, koille, koba macho, tara macho, tara koba chacha, tola, pulika, chacha, chacha hembra, chacha chica, chacha fina, chachakoa, koa macho, chakatola, chachaco’a, tola de río, tola vaca, tola cebosa, tola kobatola, kulkut’ula; kobatola, kulkut’ula, chacha macho, chacha pelada, tola, koba del zorro, koya macho, koya, kolla, koba, biscular, q’uwa son algunos de los nombres vernáculos recopilados a partir de las diferentes fuentes consultadas para este artículo.

Por su parte las especies botánicas asociadas a estas denominaciones corresponden a Diplostephium cinereum, Fabiana squamata, Fabiana bryoides, Parastrephia quadrangularis (Parastrephia lepidophylla), Parastrephia teretiuscula, Baccharis incarum, Plazia daphnoides.

  • Diplostephium cinereum: koa, koba, koba hembra, wirakoa.
D. cinereum - Cristián Estades

D. cinereum (por Cristián Estades, GEP, Chile)

Es un arbusto resinoso y aromático, perteneciente a la familia de las Asteráceas. Su nombre botánico –diploos, doble y stephan, corona– refiere a los vilanos en doble hilera que persisten en los aquenios o frutos, y cinereum, del latín cinereus, gris-ceniza, hace referencia al color característico de sus hojas tomentosas. Las inflorescencias son en capítulo, con flores marginales liguladas, femeninas, blancas mientras que las flores centrales son tubulosas y hermafroditas (8). El género comprende cerca de 90 especies, todas nativas de los Andes desde Colombia hasta el N de Chile en la denominada transición tolar-pajonal, y para el altiplano boliviano, en la zona vegetacional de Puna Seca. Esta especie fue observada en el piso puneño, creciendo conjuntamente con Parastrephia quadrangularis, Baccharis tola, Fabiana ramulosa, gramíneas, entre otros arbustos (9, 10).

  • Parastrephia quadrangularis (Meyen) Cabrera: chacha, chacha hembra, chacha chica, tola, pulika, coba, tola de río, tola vaca, tola cebosa.
P. quadrangularis por Lucas Burchard Señoret-Flickr-

Parastrephia quadrangularis por Lucas Burchard Señoret (Flickr).

El nombre específico de este arbusto resinoso, perenne y nativo, significa “cuadrangular” y alude probablemente al aspecto que muestran sus ramas debido a la disposición de sus hojas. Variando desde 20 cm a 1,5 m de altura, sus ramas se disponen de forma densa y laxa, algo rastrera. Las hojas imbricadas, muy apretadas al tallo, presentan una nervadura central y la cara inferior tomentosa. Ofrece flores tubulares amarillo-anaranjadas. Es una especie representativa del piso altoandino de Chile, por sobre los 4000 msnm, asociada con Azorella compacta (llareta) entre otras. En Argentina, se la encuentra desde Jujuy hasta San Juan, entre los 3000 y los 4700 msnm, en formaciones arbustales y en vegas de la Puna. Se la utiliza como medicinal, como leña y forraje. También tiene propiedades tintóreas en la gama de los verdes y amarillos (9, 11, 12). Esta especie presenta una morfología similar a Parastrephia lepidophylla, aunque esta última mostraría un crecimiento mucho más erecto y ramas más delgadas. Dado que comparten el hábitat, pueden ser confundidas (9, 11). En algunas referencias se citan como dos denominaciones de una misma variedad (13).

  • Parastrephia teretiuscula (Kuntze) Cabrera: tola kobatola, kulkut’ula, kobatola, kulkut’ula, chacha macho, chacha pelada, tola, koba del zorro
P. teretiuscula Ref.7 pag152-

Parastrephia teretiuscula [Ref. (9), pp. 151].

Es un arbusto pequeño (familia de las Asteráceas) forma parte de los tolares en torno a los 3800 m de altitud, integrado a las comunidades del llamado piso puneño. Las ramas son verde-amarillentas y presentan una lanosidad blanquecina en el tallo, donde las hojas se disponen. Forma comunidades arbustivas junto con especies de Fabiana, Baccharis y Junellia, entre otras. Es considerada planta medicinal y también es utilizada para leña (9, 11).

  • Fabiana squamata Phil.: qoba, koba, santiago koba, koba santiago, koa, orqokipa, orqo kipat’ula
F. squamata por S. Teillier-

Fabiana squamata por S. Teillier [Ref. (16), pp. 20]

En un arbusto pequeño, de resina fragante perteneciente a la familia de las Solanáceas. Mide aprox. 30 cm de alto. Se caracteriza por presentar hojitas muy pequeñas, imbricadas, que semejan escamas dispuestas en torno al tallo y lo recubren en distintos grados, otorgándole un tono verde claro-amarillento. Es endémica del norte de Chile, habitando en determinados sectores de la puna por sobre los 3400 m de altitud, integrándose de esta manera, a los pisos: puneño y altoandino (9) donde coexiste con Baccharis tola, Azorella compacta, Parastrephia quadrangularis, entre otras (11).

  • Fabiana bryoides Phil.: k’oa, k’oa Santiago, oreja, oreja de ratón, pata de loro, pata de perdiz, leña de lagarto
F. bryoides Ref. 9 pp. 231

Fabiana bryoides [Ref. (11), pp. 231]

Es un arbusto resinoso de unos 40 a 70 cm de alto, con tallos densamente poblados de hojas, perennes, sésiles, glabras. Las inflorescencias son terminales y solitarias con flores tubulares que van del blanco, amarillento al azulado-violáceo. Se la usa como leña y como planta que acompaña los rituales de las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, en Chile, y también en el noroeste de Argentina. Se ubica en ambientes altoandinos y puneños, entre los 2900 m y los 4900 m de altitud. Crece protegida por las rocas en laderas secas, arenosas, rocosas; se la ha observado creciendo en salares por lo que es considerada resistente a los suelos muy salinos. Junto con Parastrephia quadrangularis son plantas típicas del altiplano de Antofagasta y Atacama (3, 11, 14, 15, 16).

  • Baccharis incarum ó Baccharis tola Phil ó Baccharis lejia Phil.: ñakat’ula, ñakat’ola, tola, lejía, ñacatula, tola lejía, baila bien

El género Baccharis (Asteráceas) tiene alrededor de 400 especies exclusivamente americanas, presentes desde el centro-sur de los Estados Unidos hasta Tierra del Fuego, y sólo en la Argentina se han relevado 99. Baccharis deriva de Baco, dios de la vendimia y el vino en la mitología romana, probablemente en relación con las propiedades aromáticas de la raíz del vegetal. En la Puna el nombre “tola” se utiliza para designar indistintamente a varias especies de arbustos de morfología similar (12).

Baccharis tola por Mauricio Mercadante Flickr-

Baccharis tola por Mauricio Mercadante (Flickr)

Baccharis tola es un arbusto resinoso de 30 a 75 cm de altura, con ramas redondeadas, resinosas, con hojas densamente distribuidas dispuestas hasta el ápice, que suelen tener un aspecto lustroso debido a la presencia de resina que las recubren. Florece en forma abundante durante el verano, con flores blancas reunidas en capítulos. En la zona andina Argentina se encuentra presente hasta Mendoza, entre los 2200 y 4500 msnm, muy abundante en arbustales de suelos arenosos y pedregosos de la Puna jujeña. Se la utiliza localmente por sus propiedades medicinales, como combustible y forraje. Se han descripto dos subespecies: Baccharis tola Phil. ssp. tola y Baccharis tola Phil. ssp. altiplanicola F.H. Hellwig (9, 11, 12).

  • Plazia daphnoides Weddel: koya macho, koya, kolla, koba, biscular

Plazia daphnoides es una especie llamada koya macho, que coexiste en su habitat con la koa ceremonial Diplostephium cinereum y, aunque no reviste características resinosas (2, 7) se incluyó en esta descripción puesto que los nombres vulgares que recibe coinciden con algunos de los consignados para otras especies.

El género Plazia (Asteráceas) fue descripto por los botánicos españoles Hipólito Ruiz López y José Antonio Pavón a fines del 1700. Su nombre fue elegido en homenaje a Juan Plaza, médico y profesor de botánica español que creó uno de los primeros jardines de plantas medicinales en la Universidad de Valencia. El nombre específico significa “similar a Daphne”, quizás por presentar algún parecido con las plantas europeas del género homónimo, parecidas al laurel.

Plazia daphnoides es un arbusto de entre 0,5 – 1 m de altura, con ramas jóvenes densamente pobladas de hojas enteras, pubescentes en ambas caras y ramas viejas que carecen de hojas, mostrando cicatrices donde las mismas estuvieron insertas. Las bellas inflorescencias en capítulos solitarios sésiles, aparecen en los ápices de las ramas, con involucro acampanado. Sus flores, hermafroditas, presentan dimorfismo: las marginales son bilabiadas mientras que las centrales son pentalobuladas (17). Su color es blanco-liláceo y poseen un suave perfume (9, 12, 18). Son tres las especies endémicas de la zona andina de Sudamérica, pero en Argentina habita sólo ésta, en las provincias de Jujuy, Salta, San Juan y Mendoza, entre los 2500 y los 4500 msnm. Sus ramas son utilizadas como agujas para tejer y puscas para hilar. Sirve como tinte natural amarillo-verdoso y como forrajera (12). En algunas zonas se observan pocos ejemplares, indicando quizás un problema de conservación (9).

© veromendo, 2017.

Referencias

 (1) Villagrán, C.; Castro, V.; Sánchez, G.; Romo, M.; Latorre, C. e Hinojosa, L.F. La tradición surandina del desierto: Etnobotánica del área del Salar de Atacama (Provincia de El Loa, Región de Antofagasta, Chile). Estudios Atacameños, 1998, (16), pp 7-105: http://revistas.ucn.cl/index.php/estudios-atacamenos/article/view/474/457

(2) Villagrán, C; Castro, V. Ciencia indígena de los Andes del norte de Chile; Editorial Universitaria: Santiago de Chile, 2003, pp. 108-115: https://books.google.com.ar/books?id=n_nKYskOgDQC&dq=koa+planta&hl=es&source=gbs_navlinks_s

(3) Jofré Luna, I. C. Humito que se va pa’l cerro. Problematizaciones sobre la arquebotánica a partir de un caso de estudio en la Puna catamarqueña, República Argentina. Arqueología Suramericana / Arqueología Sul-Americana, 2013, 6, (1,2), 11-28.

(4) Bugallo L. y Vilca, M. Cuidando el ánimu: salud y enfermedad en el mundo andino (puna y quebrada de jujuy, argentina). Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates, 2011. [En línea] en: https://nuevomundo.revues.org/61781

(5) Castro, V. La oralidad y su importancia en la transmisión de técnicas y valores. II Taller de Artífices del Barro (UNESCO), Tlaxcala, México. Septiembre Ponencia: https://www.academia.edu/5696773/La_oralidad_y_su_importancia_en_la_transmisi%C3%B3n_de_t%C3%A9cnicas_y_valores

(6) Vignale N. D.; Gurni, A. A. Avances sobre plantas medicinales andinas. Cap. 4: Parámetros micrográficos para identificar doce especies medicinales andinas de Asteraceae de la Provincia de Jujuy, Argentina. Vignale Nilda Dora y Pochettino María Lelia (Eds.): San Salvador de Jujuy, 2009, pp. 137-141.

(7) Villagrán, C., Romo, M. y Castro, V. Etnobotánica del Sur de los Andes de la Primera Región de Chile: Un enlace entre las culturas altiplánicas y de las quebradas altas del Loa Superior. Chungara. Revista de Antropología Chilena, 2003, 35 (1). pp. 73-124.

(8) Ficha de cinereum. Laboratorio de Geomática y Ecología del Paisaje (GEP) de la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile: http://www.gep.uchile.cl/Biodiversidad/fichas_especies/plantae/arbustos/Diplostephium_cinereum/index.html

(9) Trivelly, M. A. y Valdivia, V. Alcances sobre flora y vegetación de la Cordillera de los Andes. Región de Arica y Parinacota. Región de Tapacará. 2º Ed. Ministerio de Agricultura. Servicio Agrícola y Ganadero: Santiago de Chile. 2009, pp. 112-154: https://issuu.com/terranoide/docs/alcances_sobre_flora_y_vegetaci__n_

(10) Muñoz-Schick, M.; Moreira-Muñoz, A. y Moreira Espinoza, S. Significado de los géneros de plantas chilenas. Gayana Bot. 2012, 69 (2), pp. 309-359.

(11) Trivelly, M. A. y Huerta, J. A. Alcances sobre flora y vegetación de la Cordillera de los Andes. Región de Antofagasta. 1º Ed. Ministerio de Agricultura. Servicio Agrícola y Ganadero: Santiago de Chile. 2014, pp 231-237; 272-278: http://www.sag.gob.cl/sites/default/files/libro_sobre_flora.pdf

(12) Szumik, C.; Molina, A.; Rajmil, J.; Aagesen, L.; Correa, C.; Pereyra, V. V.; Scrocchi, G. J.. El maravilloso mundo de los animales y plantas de la Puna. Alfarcito, Laguna de Guayatayoc, Jujuy, Argentina. Serie Conservación de la Naturaleza, 22. Fundación Miguel Lillo: Tucumán, Argentina, 2016, pp. 105-167.

(13) a) Sistema de Información de Biodiversidad en https://www.sib.gov.ar/ficha/PLANTAE*parastrephia*quadrangularis ; b) Cajal, J.L., García Fernández, J. y R. Tecchi (Eds.). Bases para la conservación y manejo de la Puna y Cordillera Frontal de Argentina. El rol de las Reservas de la Biosfera, FUCEMA/UNESCO, Uruguay: 1998.

(14) Flora Argentina (Plantas Vasculares de la República Argentina): http://www.floraargentina.edu.ar/detalleespecie.asp?forma=&variedad=&subespecie=&especie=bryoides&espcod=4472&genero=Fabiana&autor=2&deDonde=4

(15) Aguirre, M. G.; Rodríguez Criado, M. F. Experimentación con especies leñosas de la Puna Meridional de Argentina. Aportes a los estudios antracológicos. Comechingonia Virtual: Revista Electrónica de Arqueología. 2013, 17 (2), pp. 255-274.

(16) Alaria, A. y Peralta, I. Las especies de Fabiana Ruiz & Pav. (Solanaceae) que crecen en Chile Chloris Chilensis, 2013, 16 (1), pp. 1-24: http://www.chlorischile.cl/

(17) a) Plazia daphnoides en floraargentina.edu.ar : http://www.floraargentina.edu.ar/detalleespecie.asp?forma=&variedad=&subespecie=&especie=daphnoides&espcod=17376&genero=Plazia&autor=196&deDonde=0&letra=Plazia b) Ficha de antecedentes de especie (2015). Ministerio de Medio Ambiente – Gobierno de Chile: http://www.mma.gob.cl/clasificacionespecies/fichas12proceso/pac/Plazia_daphnoides_12RCE_INICIO.pdf

 

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