Antigal y montoyismo

Negativos así rotulados por su autor, Jorge Mendoza (ver entrada La caja de Pandora: diapos inéditas).

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Antigal y Montoyismo 4. Por Jorge A. Mendoza (Digitalización: veromendo)

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Sobre Gustavo Montoya (1905 – 2003): artista y muralista mexicano de la primera parte del siglo XX, quién conformó la más tarde denominada “Escuela Mexicana de Pintura tardía”.

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Un grano de arena en un huancar

Vacaciones de invierno solidarias.

Comparto las palabras de Rafael Álvarez, para Norte 360º

De seguro que muchos tendrán la oportunidad de salir en estas VACACIONES DE INVIERNO por distintas regiones del país, y por supuesto de excursiones en la provincia que elijan.

El invierno esta pegando duro y si tienen un lugar en sus bolsos para poner una campera, ropa de abrigo, quizás calzado que ya no usen y este en buen estado serán de mucha ayuda para los hermanos que viven en localidades alejadas, tendrán de oportunidad de entregárselos ustedes mismos ya que al recorrer el interior de las provincias tienen contacto con ellos…..

No lo duden ni un segundo, serán de mucha ayuda…

También pueden llevar una pequeña cantidad de útiles escolares que en cualquier estación, hacen falta !
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Referencias
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Reciclando en Iruya

Reciclaje Iruya

Hoy, 17 de mayo, Día Internacional del reciclaje, recordé esta foto tomada en Iruya hace once años. En aquel momento el tema ya se encontraba instalado en el mítico pueblo salteño, concientizando a la comunidad a través de carteles como este.

Más sobre Iruya

 

Chocos de Jujuy

“Calle angosta, calle angosta,
¡si me habrán ladrao los chocos!”

José A. Zavala y Alfredo Alfonso

Lanudos y “pila“. Flacos y… más flacos. Apurados por llegar a quién-sabe-a-dónde. Avisores, pachorreros, amigueros, desconfiados, ladradores compulsivos de todo vehículo rodante. Perros con dueño y los tradicionales “callejeros”, forman parte del paisaje y de la cultura de Jujuy.

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Chocos en las peñas Blancas, Humahuaca (veromendo  2014)

Lecturas para el viajero curioso

Al recorrer la Quebrada de Humahuaca se disfrutan a pleno los maravillosos colores de sus cerros, su sol, el clásico “vientito” quebradeño, sus arcoiris luego de la lluvia, el encanto de sus pueblos, cultura y su gente. Todo penetra por los poros y suele hacer que el viajero sienta explotar sus emociones, generando la necesidad de volver al Norte aún cuando no se ha ido de allí.

Sin embargo pocos pueden leer en el paisaje quebradeño su historia geológica y el porqué de esos “sorprendentes colores”. O la causa de esas “caprichosas formas” y de esa vegetación que cambia rotundamente, si se está de un lado o del otro de una sierra. O si en algún tiempo muy lejano “la Quebrada de Huamahuaca fue el fondo de un mar”.

En busca de respuestas a estas cuestiones, hace un tiempo, llegué a un artículo del doctor en geología Ricardo Alonso publicado en el diario El Tribuno de Salta. Investigador, dueño de un impresionante curriculum, Alonso es además autor de innumerables publicaciones de divulgación científica y de varios libros editados por la editorial salteña Mundo Gráfico.

Así fue que en mi último viaje a San Salvador pude adquirir algunos de sus libros y los devoré en un par de noches de lectura. Cuando por fin partí hacia la Quebrada de Humahuaca, esas lecturas habían preparado el terreno para disfrutar y redescubrir aquellos queridos y bellos paisajes.

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Ansío además, volver pronto a visitar los valles salteños para también llenar de contenido geológico sus maravillosos paisajes.

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Donde conseguir los libros:

 

Referencias

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Readings for the northern roads: English abstract

When visiting the Quebrada de Humahuaca you can fully enjoy the wonderful colors of its mountains (“cerros”), its sun, its classical wind at the afternoon, its rainbows after the rain, the charm of the people and their rich culture. These attributes often makes travelers and turists wonder whether they could stay forever in this marvellous place.

But only a few people has been introduced to the geological development of the Quebrada, finding explanations to different matters, for instance: the presence of such amazing colors distributed apparently in a random way. Or the cause of those particular shaped mountains and why there are dramatic changes in the flora, on opposite sides of mountain ridges. And furthermore, if the Quebrada de Huamahuaca was once the bottom of an ancient sea.

Seeking answers to these questions, not while ago I bumped into an article by the geologist Ricardo Alonso, in El Tribuno de Salta newspaper. This distinguished scientific authored a number of popular science publications and several books. The latter published by Mundo Gráfico Editorial in Salta.

So it was that on my last visit to Jujuy I bought three of his publications which I’ve found so interesting and also very easy to read and comprehend. Eventually I started the trip to the Quebrada de Humahuaca and these readings had opened a gateway to enjoy and rediscover its beautiful landscapes, so dear to me.
I also look forward to go back to Salta valleys to fill their beautiful scenery with geological contents.

The books by Ricardo Alonso I’ve read and recommend are depicted in the photographs:

  • Geografía física del Norte Argentino (Salta y Jujuy). Ensayos sobre la geomorfología del paisaje andino. 1º Ed. Mundo Gráfico Salta Editorial. Salta, 2013.
  • Los Andes del Norte Argentino. Desde la elevación de las montañas a la génesis del paisaje. 1º Ed. Mundo Gráfico Salta Editorial. Salta, 2014.

They can be found at Jujuy and Salta’s book shops. (c) veromendo

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Destino final: IRUYA

Salimos a las 6 AM desde San Salvador de Jujuy para llegar a Humahuaca a eso de las 10. Allí tomamos el micro local que cubría el trayecto Humahuaca-Iruya.

El camino empieza a ascender. Pasa por ITURBE. Continúa subiendo entre elevaciones tapizadas de marrón y, al fondo, un contrastado cerro en tonos rosados: el Cerro Morado que es pico en la región. Así se llega al abra de Cóndor, con 4000 msnm. En el punto panorámico el colectivo se detiene por algunos minutos. Todos sacan fotos con desesperación, menos yo: permanezco pegada a mi asiento mientras me afano por tomar oxígeno de donde no hay y trato de entrar en calor tapándome con una campera tan gris como mi cara. Allí, ya del lado de Salta, comienza el descenso tortuoso por curvas y contracurvas, en algunas de las cuales el conductor tiene que hacer peligrosas maniobras de marcha y contramarcha para ir encajando el largo vehículo en la curva cerrada… El camino sigue y, ya casi a nivel del río, bordea una quebrada que es más bien un “cañón“, por lo abrupto del corte de los cerros. A pesar de haber comenzado el otoño, vegas verdes y laderas aterciopeladas acompañan esta parte del recorrido. Al otro lado del río, en esos cerros gigantes, enormes, descomunales se ven fincas rodeadas por pircas pequeñísimas y rebaños como puntos blancos. Pienso en el esfuerzo que debe significar vivir de aquel lado…

Sin embargo, cada vez que recuerdo aquel viaje y pienso que podría morir allí: mientras hago equilibrio para no caerme de esas montañas, voy sintiéndome un punto que se desvanece en la inmensidad…

Un cartel anuncia que IRUYA está cerca. En el último tramo del recorrido mi madre viene a mi mente con su relato de lo sorprendente que es la llegada a ese pueblo: luego de girar y contragirar en las incontables curvas del camino, de repente, tras una de ellas, la última, aparece la emblemática vista de postal con iglesia enclavada al pie de los gigantes graníticos.

Llegamos a IRUYA. Me siento ligera, como suspendida de un hilo invisible.

Justo en frente de la iglesia recibo señal de celular y llamo a mi madre para anoticiarle dónde estoy. Al principio no me entiende. Luego, felizmente recicla una vez más su recuerdo: “que a IRUYA fueron con mi padre para casarse pero, por hallarse el camino cortado por las lluvias, tuvieron que volverse y cambiar el destino de la ceremonia…“. Le corto un poco el mambo ya que es 2005 y la telefonía celular sale carísima. Quedo un poco asombrada de lo que estoy viviendo: IRUYA, iglesia, señal, comunicación por celu como por obra de “altos espíritus”…

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Iglesia de Iruya (veromendo 2005)

A todo esto ya es mediodía. Bandadas de niños salen de la escuela y es un verdadero desparramo de delantales por las callecitas, con alegres voces y correteos… Resulta hermoso verlos. Contagian felicidad.

Tenemos vianda con choclos tibios y unas vainillas. Luego recorremos el pueblo de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Lástima no haber contado con la información de que podíamos hospedarnos allí para así poder conocer, al día siguiente, los alrededores. Haciendo una caminata se puede acceder a San Isidro, Panti Pampa, San Juan, entre otros lugares con paisajes deslumbrantes.

Sobre las 3 sale el ómnibus de regreso hacia Humahuaca. El camino inverso nos permite contemplar el paisaje con otra luz y con otra perspectiva. Pasar por el abra por segunda vez en el día no es gratuito. Mientras “el Morado” lidera las vistas otra vez me siento desmayar y tengo que quedarme “piola” en mi asiento. Recién, cerca de Iturbe empiezo a recuperar mis facultades plenas. Siento que el hilo celestial del que había pendido en IRUYA se cortó y caigo con el rigor de todo mi peso a la realidad del regreso.

Sin embargo, mi mente se quedó en IRUYA, atrapada por ese hilo invisible que un día me hará volver.

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Dedicado a  Pey Lien, a quien me une un hilo de amistad que misteriosamente aparece y desaparece tras curvas y contracurvas de la vida.

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From Humahuaca to Iruya . English abstract.

During 2005 Easter, my friend Pey and I visited Iruya. For me, it was a long waited trip as it was always present in my mothers memories as one of the most beautiful places she ever went to. In this short chronique I describe the trip from Humahuaca to Iruya, how I felt being there, the things we did or could have done and the activities that were left to do in the future.

I also describe how I missed the sceneries at the “abra” (top part of the way) due to “puna“=”soroche” = altitude sickness -even I was born in Jujuy!-.